Archivo de la etiqueta: escribir un cuento

Suspenso, misterio e intriga

Foto de .shock (photoxpress.com)

Foto de .shock (photoxpress.com)

Cuando comenzamos a escuchar o leer una historia, queremos saber qué va a ocurrir más adelante, qué cosa diferente, novedosa, divertida o interesante se va a narrar. Esta curiosidad proviene, en primer lugar, del hecho mismo de que el narrador considere que vale la pena contar la historia, pues en general contamos historias extra-ordinarias. Esto se aprecia con mayor claridad si alguien nos anuncia: “Vengan que tengo algo que contarles”. De inmediato nos preguntamos qué será. Un libro publicado también nos está diciendo: “Tengo algo que contarles”. Esta curiosidad inicial del oyente o lector se refuerza luego con unas buenas frases al principio del relato.

El trabajo del escritor es hacer que esa inquietud, esa expectación inicial, se mantenga y se intensifique a medida que avanza la historia, para entretener y darle una experiencia agradable al lector. Dentro de las herramientas que el escritor tiene para ello, hay tres bastante llamativas y muy usadas en la literatura de entretenimiento: el suspenso, la intriga y el misterio.

Foto de Harry (Phineas H) en Flickr.com

Foto de Harry (Phineas H) en Flickr.com

El suspenso

Además de la curiosidad normal acerca de lo que va a ocurrir más adelante en la historia, hay una expectativa adicional que tiene un mayor contenido emocional. Veamos la definición del RAE de suspenso: “Expectación impaciente o ansiosa por el desarrollo de una acción o suceso, especialmente en una película cinematográfica, una obra teatral o un relato”[1]. Efectivamente, en una secuencia de suspenso nos preocupamos, angustiamos, emocionamos por el desenlace. Y queremos seguir leyendo para saber qué va a ocurrir.

¿Cuándo y cómo se genera el suspenso?

Como lectores nos identificamos con los protagonistas de los libros. Los seguimos en sus acciones y nos desagrada que les ocurra algo malo. Cuando una acción o situación aún se está desarrollando y su desenlace puede afectar el bienestar del protagonista (o de otro personaje), quedamos en suspenso y nos angustiamos al no saber qué le va a ocurrir a esa persona.

Si el protagonista cuelga de un abismo y se le acaban las fuerzas, si alguien entra por la ventana de su cuarto mientras duerme, si espera una respuesta en su última oportunidad de conseguir trabajo… todas estas situaciones nos colocan en una situación de incertidumbre, ansiedad.

A mayor sea el peligro de determinada secuencia o acción para el bienestar del personaje (o personajes), mayor será el suspenso generado. Si alguien le apunta con un arma al protagonista y le dice que lo va a matar, se crea una tensión e incertidumbre mayor en el lector en comparación con una situación en la que alguien amenaza con golpearlo con un periódico.

Para crear suspenso es necesario que transcurra cierto tiempo entre la aparición de la amenaza o peligro y su resolución. Como lo dice la raíz de la palabra, es necesario que se “suspenda” el desenlace para que las emociones alcancen a aparecer y se hagan sentir en la mente del lector.

Si alguien quiere entrar a la fuerza a la casa del protagonista y golpea la puerta para tumbarla, no habría casi suspenso si este último desenfunda una pistola de inmediato y dispara a través de la puerta terminando con el peligro. En cambio, si el protagonista no está armado, pide auxilio, trata de llamar por teléfono pero las líneas están cortadas, tranca la puerta, los intrusos comienzan a tumbarla, logran entrar, el protagonista se encierra en otro cuarto, en fin, si la amenaza se prolonga, entonces se genera suspenso.

Ahora bien, como se dijo en otra entrada de este blog, una historia de la literatura de entretenimiento se compone de obstáculos que el protagonista debe superar para alcanzar su propósito, es decir, por conflictos entre el protagonista y otros personajes o circunstancias (ver: desarrollo de un cuento o historia). Por esta razón, el suspenso aparecerá, en cierto grado, cada vez que el protagonista se enfrente a esos obstáculos y el lector quiera saber si logrará vencerlos o no. Por ello, se podría decir que casi en cualquier libro de la literatura de entretenimiento hay suspenso (algo generalizable con más cautela a la literatura en general). Por otra parte, cuando se dice que un libro pertenece al género “suspenso”, se debe a que este elemento es predominante en él, por ejemplo, porque el protagonista está inmerso desde el comienzo en riesgos y amenazas.

 

Foto de grahamc99 (Flickr.com)

Foto de grahamc99 (Flickr.com)

El misterio

Otra herramienta para que el lector siga leyendo es el misterio. En el misterio ni el lector ni el protagonista (un detective, una policía, una persona común) saben quién es el responsable de un crimen, un asesinato, un robo, quién es el traidor en un grupo, etcétera. El lector quiere seguir leyendo para averiguar con el protagonista la identidad de esa persona.

Alfred Hitchcock contrasta el misterio con el suspenso: “El misterio es un proceso intelectual como en un ‘who done it[2], pero el suspenso es esencialmente un proceso emocional”[3].  El misterio es un proceso intelectual porque en él hay una pregunta sobre un elemento del pasado que no representa una amenaza directa o inmediata sobre el protagonista y por lo tanto no genera una emoción tan clara como la del suspenso. En el misterio la curiosidad intelectual del lector se alimenta, para que siga leyendo, con diferentes sospechosos, pistas falsas, razonamientos sobre las pistas verdaderas que acercan al protagonista al culpable, interrogatorios tensos, en fin.

Por supuesto, el misterio y el suspenso se pueden combinar. Por ejemplo, en las novelas en las que se trata de capturar a un asesino en serie, si no se conoce su identidad, hay un misterio que resolver al respecto. Y también hay suspenso sobre el siguiente asesinato que se cometerá y sobre las amenazas que pesen sobre el protagonista en su investigación. Hay innumerables posibilidades para combinar estas dos herramientas o géneros.

Finalmente, llevando la interpretación de ambas nociones al límite e ignorando la parte temporal de la definición, se podría decir que en todo suspenso hay algo de misterio y viceversa. En el suspenso hay en parte una curiosidad intelectual por saber lo que ocurrirá. Por su parte, en el misterio hay suspenso acerca de si este se resolverá y con qué consecuencias para las partes.

 

Foto de Nate Robert (Flickr.com)

Foto de Nate Robert (Flickr.com)

La intriga

La intriga está a medio camino entre el misterio y el suspenso.

En la intriga, algunos personajes revelan partes de un plan (para cometer un crimen, por ejemplo) o se muestran acciones sin revelar del todo su significado. Específicamente, el escritor oculta el propósito y/o las motivaciones de los planes o acciones o algunas de sus partes. De este modo, el lector se preguntará qué están planeando esos personajes, qué están haciendo realmente, con qué propósito, por qué razón, y continuará su lectura para averiguarlo.

Así, se sabe que va a ocurrir algo (con incertidumbre por el desenlace, como en el suspenso) pero no se sabe exactamente qué o cuáles son las motivaciones que hay detrás, el elemento de misterio. Lo que va a ocurrir puede ser algo negativo o positivo o incluso puede que se nos oculte esa información.

Veamos un ejemplo,

–Jorge, tú vigilarás la puerta principal una vez neutralicemos al portero  –dijo John Jairo–. No vayas a dejar subir a nadie. De ser necesario los haces pasar al lobby y ahí les disparas. Los demás subimos de inmediato y entramos al apartamento. Únicamente estarán la señora Roldán, su marido y sus dos hijos.

En este par de frases, el lector se pregunta de inmediato ¿cuál es el plan de esta gente?, ¿cuál es su propósito? ¿Quieren robar, secuestrar, asesinar? ¿Qué motivación tienen para lo que están tramando?

Es posible combinar la intriga con el misterio y el suspenso. Por ejemplo, combinemos la intriga y el suspenso en un par de frases.

Andrés Pérez atravesó la puerta principal del aeropuerto alerta a cualquier movimiento o presencia extraños. No lo dejarían salir tan fácil del país, lo querían muerto.

En este caso hay intriga sobre las motivaciones y la identidad de la gente que busca a Andrés. Y hay suspenso por saber si lo van a encontrar y le van a hacer daño.

***

Estas tres categorías, que como tales pueden cuestionarse en cuanto a sus fronteras y definiciones, nos sirven sobre todo para entender mejor algunas de las formas de crear emociones y curiosidad en el lector para que siga leyendo. Como escritores, esforcémonos por reconocer y estudiar estas herramientas al momento de leer y utilicémoslas en nuestros escritos para hacerlos más emocionantes y cautivantes.


[1] “Suspenso”, Diccionario de la Lengua Española, RAE, http://lema.rae.es/drae/?val=suspenso, consultado el 18 de julio de 2013.

[2] Who done it = “Quien lo hizo”, “quién cometió el crimen”.  Género literario en el que el protagonista debe averiguar quién cometió un crimen, también conocido como “misterio” en el mundo anglosajón. Así como el estado mental del suspenso se ha ampliado para abarcar un género literario, de igual manera ha ocurrido con el misterio. Algunos dirían que corresponde al género policíaco en español, pero este último es más amplio.

[3] Alfred Hitchcock, “Alfred Hitchcock: The Difference Between Mystery & Suspense”, video en Youtube, http://www.youtube.com/watch?v=-Xs111uH9ss, consultado el 18 de julio de 2013. Traducción libre.

La trama de un cuento o novela: planearla o no planearla

Foto de jane M. Sawyer (morguefile.com)

Foto de Jane M. Sawyer (morguefile.com)

¿Qué es la trama?

Cuando decimos que un libro tiene una muy buena trama, ¿a qué nos referimos?, ¿qué es la trama de una historia?

La trama es el conjunto de eventos y acciones que determinan y cambian el rumbo de una narración. En otra entrada del blog dijimos que las historias de la literatura de entretenimiento por lo general se centran en lo que quiere lograr un personaje, el protagonista. Por ello, en este tipo de literatura, la trama está compuesta por ese objetivo y los principales obstáculos, avances o giros que ocurren en el recorrido del personaje. La trama, al concentrarse en los elementos más relevantes de la historia, también es un resumen de ella.

La descripción de una trama puede ocupar una frase, varios párrafos o muchas páginas, según el nivel de detalle que se requiera. Por ejemplo, para definir géneros literarios, es posible decir que los thrillers tienen una trama en la que el protagonista debe detener una amenaza y los misterios policíacos una en la que el protagonista debe descubrir al asesino. Cuando en una conversación se pregunta ¿cuál es la trama de esa novela?, o en lenguaje coloquial, ¿de qué trata esa novela?, seguramente la respuesta ocupará unas pocas frases. Para otros propósitos, que mencionaremos más adelante, es posible elaborar una descripción de una trama que ocupe muchas páginas.

Veamos con más detalle los elementos de la trama de una historia perteneciente a la literatura de entretenimiento:

Objetivo. Como ya me he referido a este tema en otras entradas del blog (por ejemplo, en “Buenos finales de cuentos y novelas“), pongamos un ejemplo. Juan Monsalve quiere evitar que un terrorista detone una bomba en un edificio del centro de la ciudad. Un objetivo diferente hará que la trama cambie. Por ejemplo, Juan Monsalve pretende evitar que un asesino mate al Presidente. Es posible que el personaje tenga otros propósitos (uno sentimental, uno laboral, etc.); o también, que durante la historia el objetivo cambie o se modifique: Juan Monsalve puede descubrir que el terrorista es subalterno de alguien más poderoso a quien también deber capturar.

Obstáculos. Los obstáculos frenan el recorrido del personaje hacia su objetivo. Ver más en la entrada “Desarrollo de un cuento o historia”. La trama de la historia de Juan Monsalve cambiará de acuerdo con el tipo de obstáculos: si el terrorista lo quiere matar o no, si Juan conoce la identidad del terrorista o no, si su superior en la Policía lo quiere despedir o no, etcétera.

Avances. Además del tipo de obstáculos, la decisión sobre cómo superarlos también determina la historia, porque una misma dificultad se puede enfrentar de diferentes maneras. Si el terrorista está atrincherado con el detonador, Juan Monsalve decidirá entre convencerlo con alguna oferta o atacarlo a bala, entre otras opciones.

Giros. Un giro desvía el curso esperado de la historia. Por ejemplo, si se revela que un supuesto cómplice del terrorista es en realidad un agente de inteligencia y le da información valiosa a Juan Monsalve, entonces el rumbo de la trama cambiará. Algo similar ocurrirá si se descubre que el terrorista no quiere lograr un impacto político con su bomba, sino que pretende un pago en efectivo.

Personajes. La trama es hasta cierto punto independiente de los personajes, porque la podrían protagonizar otros con características diferentes. Por ejemplo, Juan Monsalve podría ser de buen o mal genio, ser Catalina Monsalve o tener 20, 35 o 50 años. Sin embargo, a ciertas tramas les convendrán más cierto tipo de personajes para darle más fuerza a la historia y otras requerirán incluso que estos posean algunas características específicas. Por ejemplo, si Fernando Ramírez quiere convertirse en campeón mundial de boxeo, pero uno de los obstáculos consiste en que debe dejar el alcohol y las drogas, entonces ese personaje deberá tener ciertos rasgos de carácter e historia personal que se adecúen a esa narrativa. (Lo contrario también ocurre cuando desarrollamos la historia a partir de un personaje: algunas tramas le corresponderán mejor a un personaje determinado).

Tramas complejas y sencillas

Hay libros con tramas complejas y sencillas. La complejidad de una trama se define como la complejidad de cualquier cosa, es decir, como el número de partes e interacciones entre ellas: el número de personajes, las relaciones entre sí, el número y la dificultad de los obstáculos y sus relaciones, etcétera. Por ejemplo, Juan Monsalve puede tener una aliado, el detective Pérez. Mientras Juan indaga sobre la identidad del terrorista, el detective Pérez se encarga de buscar el artefacto explosivo por toda la ciudad. Cada uno encuentra obstáculos para lograr su propósito, pero ambos se relacionan porque es una misma historia. Una trama más compleja o más sencilla no hace mejor a un libro, ya que esto tiene que ver más con el gusto del lector/escritor y el énfasis que se le quiera dar a la historia.

La trama en la literatura tradicional

En la literatura tradicional o clásica (En la entrada ya mencionada se describen sus diferencias con la literatura de entretenimiento) las tramas carecen de elementos característicos tan definidos como los de la literatura de entretenimiento, pues, por ejemplo, no se requiere que los personajes avancen hacia sus objetivos o que encuentren obstáculos que deban superar. Veamos tres ejemplos (inventados o no) de tramas de novelas de literatura general resumidas en una frase: primero, una novela en la que un personaje camina por la ciudad pensando en desorden sobre su vida y la de su país (es posible que el personaje ni siquiera quiera aclarar algo, solo reflexionar). Segundo, se retratan las relaciones de una familia de clase media en una gran ciudad, con los dramas y dilemas de sus miembros (hay obstáculos pero no necesidad de superarlos, puede haber propósitos pero a lo mejor no se lucha por ellos o se lucha un momento y luego se abandonan). Tercero, en Esperando a Godot dos personajes esperan a un tercero, Godot, mientras hablan de otros temas (no hay un propósito activo, simplemente esperan, no hay obstáculos o avance).

Foto de hfng (photoxpress.com)

Foto de hfng (photoxpress.com)

¿Para qué nos sirve como escritores saber qué es la trama?

En primer lugar, al conocer los elementos de la trama los escritores encontraremos con mayor facilidad ideas para nuevas historias. A partir de una idea sobre un objetivo, un obstáculo, un avance o un giro, es posible desarrollar el resto de un relato.

En segundo lugar, estaremos en capacidad de dirigir la historia con más facilidad para que avance, resulte entretenida y no se detenga en elementos poco interesantes. Es posible hacer esto de dos maneras generales. Los escritores por lo común se identifican con una de ellas.

Por una parte, están los escritores que elaboran un esquema, un plan de la trama de su cuento o novela antes de comenzar a escribir. Estos autores registran algunos, muchos o todos los objetivos, obstáculos, avances, giros, interacciones entre personajes, etc., en un esquema, lista, mapa o diagrama, según su gusto o costumbre, y una vez terminado lo utilizan de guía para comenzar a escribir frase por frase la narración.

Por otra parte, están los escritores que escriben sin planear previamente. Dan inicio a su historia desde la primera oración, a partir de una situación interesante, y desarrollan la narración y la trama simultáneamente.

Foto de Irum Shahid (www.sxc.hu)

Foto de Irum Shahid (www.sxc.hu)

Planear la trama versus no planearla:

Veamos las opiniones contrastantes sobre este tema de dos autores reconocidos en el campo de la literatura de entretenimiento:

Jeffery Deaver

 “Yo no me subiría a un avión si el diseñador o el constructor hubieran dicho: ‘suminístrenme aluminio, plástico, vidrio y voy a ensamblar un avión a ver qué tal funciona’… Mis historias tienen al menos tres o cuatro tramas desarrollándose simultáneamente. Es necesario tener un esquema, una estructura que permita libros así con historias de múltiples tramas. Todas las partes deben encajar. Hay algunos autores muy brillantes que pueden ver la pantalla en blanco y comenzar desde ahí. Yo no puedo hacerlo. Y sospecho que la mayoría de autores que escriben el tipo de libros que yo escribo, novelas comerciales populares, deben hacer algún tipo de plan previo. Es posible que yo sea algo excesivo al respecto, pero también soy una persona a la que no le gusta dejar nada al azar… planeo mis novelas muy, muy extensamente. Las planeo durante ocho meses, de tiempo completo, entre ocho y diez horas al día. El plan para mi último libro, The Broken Window, tenía una extensión de 190 páginas y contenía todos los elementos de la historia”[1].

Stephen King

“Desconfío de los planes por dos motivos: primero, porque en gran medida nuestras vidas carecen de plan, incluso cuando se añaden todas nuestras precauciones razonables y planes cuidadosos; y segundo, porque creo que planear y la espontaneidad de la creación verdadera no son compatibles (159). El plan es el último recurso del buen escritor y el primero del lelo. Es probable que la historia que resulte de él parezca artificial y forzada (160). Yo me baso más en la intuición y puedo hacerlo porque mis libros se basan más en situaciones que en historias… Coloco a un grupo de personajes (quizás a un par; quizás incluso a uno solo) en una especie de aprieto y luego los observo mientras tratan de salir de él (160-161). Como dije, he escrito novelas basadas en planes… la única novela mía basada en una trama que realmente me gusta es The Dead Zone (y, para ser francos, debo decir que me gusta mucho) (166)”[2].

Cada autor hace concesiones al método opuesto de trabajo: Jeffery Deaver elogia a quienes pueden escribir sin planear y Stephen King admite que ha escrito una novela planeada que le gusta mucho y que sus historias se basan más en situaciones.

Pero cada autor también critica con fuerza el sistema opuesto. Sin embargo, para cada argumento sería posible encontrar contraargumentos. Por ejemplo:

La vida es espontánea, carece de plan – Leemos libros en parte por eso, para hallar historias más ordenadas que las de la vida real.

Improvisando se enredará la trama – Si se tiene claro cómo se desarrollará una situación no existe ese riesgo, además la creatividad solucionará los problemas.

Al planear no hay espontaneidad – La espontaneidad de la trama también ocurre al momento de planearla.

Y así sucesivamente.

Por esta razón se ha notado, como lo dice Jeffery Deaver cuando afirma que él es una persona a la que no le gusta dejar nada al azar, que a lo mejor la preferencia por uno u otro método de trabajo depende del carácter de la persona. Si el escritor es ordenado y metódico para otras cosas, a lo mejor preferirá planear la historia. Si no es tan metódico, quizás optará por escribirla directamente. Hay un paralelo de este dilema que se menciona mucho: por una parte, hay quienes planean un viaje (el primer día haremos esto, esto y esto), pues les parece que de otro modo no aprovecharían todo; y, por otra parte, hay quienes no lo planean, porque consideran que en caso contrario se restringirían demasiado, no disfrutarían o perderían oportunidades inesperadas.

Carácter o gusto personal, lo mejor es que cada uno utilice el método que mejor le sirva, con el que mejor se sienta. Y para encontrarlo lo mejor es probar. Si se comienza un escrito y se ve que la historia se enreda sin remedio, una opción es detenerse y elaborar un plan para clarificar su desarrollo. Si uno tiene una idea que considera que va a fluir con facilidad, entonces puede comenzar a escribirla sin mayor dilación. Posteriormente uno irá mejorando su forma de trabajo y le resultará más fácil escribir un relato.


[1]Jeffery Deaver discusses his new book, Broken Window, “CBS Video”, video en Youtube: http://bit.ly/Za07dh , consultado el 5 de abril de 2013, traducción libre.

[2] King, Stephen, 2002. On Writing. Pocket Books, Nueva York, traducción libre. Hay traducción al español: Mientras escribo, sello Debolsillo, editorial Random House Mondadori.

El punto de vista de la narración de un cuento o novela

Foto de Thomas & Dianne Jones (Flickr)

Foto de Thomas & Dianne Jones (Flickr)

El punto de vista del personaje

El propósito de la literatura de entretenimiento es, como su nombre lo dice, entretener al lector, generarle emociones.

Quienes experimentan las emociones en el relato son los personajes. Pero el lector se identifica con ellos para sentir y vivir todo lo que les ocurre.

Por lo tanto, al escribir, entre más acerquemos al lector a la experiencia del personaje, más emociones le proporcionaremos.

Por esta razón, el mejor punto de vista para narrar una historia es el del personaje al que le suceden los acontecimientos principales.

Esto quiere decir que una escena, un cuento o una novela se contará desde la perspectiva de ese personaje, esto es, como si estuviéramos en su cuerpo y en su cabeza. Solamente se relatará lo que ese personaje sabe, percibe, siente, piensa y la forma en que él se ve a sí mismo, a los demás y al mundo. De esta forma el lector se ubicará en su interior y experimentará sus emociones de cerca.

Anteriormente, se utilizaba con frecuencia el punto de vista del narrador omnisciente. Es decir, la historia se contaba como si el narrador supiera todo lo que ocurre en todas partes, en todos los tiempos y en la cabeza de todos los personajes. Veamos un ejemplo de este tipo de narrador para contrastarlo luego con el punto de vista de solo un personaje.

Ejemplo de narrador omnisciente:

Jorge lamentó que la situación llegara a eso, levantó el arma y le apuntó a Zacarías en el pecho.

- No más evasivas –dijo Jorge con firmeza-. ¿Dónde están las joyas?

Zacarías guardó silencio. Conocía el escondite, pero no diría nada. Jorge no se atrevería a dispararle.

Ocultos detrás de una caneca, en el fondo del callejón, dos miembros del clan de atracadores de Los Nachos observaban y escuchaban con atención, a la espera de que Zacarías revelara la información para matarlos a ambos.

En este crudo ejemplo el narrador sabe lo que piensan Jorge y Zacarías. También sabe que hay dos personas más ocultas en el callejón. Como se ve, este narrador sabe todo lo que ocurre.

Si narramos este mismo fragmento únicamente desde el punto de vista de un personaje, primero debemos escoger uno de ellos. Qué personaje escoger dependerá de cada relato. Es muy posible que contemos la historia desde el punto de vista del protagonista.

En este caso, veamos qué pasa con nuestro fragmento al narrarlo desde el punto de vista de Jorge:

Jorge lamentó que la situación llegara a eso, levantó el arma y le apuntó a Zacarías en el pecho.

- No más evasivas –dijo Jorge con firmeza-. ¿Dónde están las joyas?

Zacarías guardó silencio.

Jorge escrutó el rostro de Zacarías en busca de alguna señal que le revelara si sabía algo. Pero su expresión no se alteró.

Un ruido metálico salió del fondo del callejón. El pecho de Jorge se contrajo. Giró la cabeza en esa dirección. Solo vio canecas apiladas en desorden. Seguramente una rata corría entre la basura.

Como se aprecia, en este caso el narrador sabe únicamente lo que Jorge percibe, siente y piensa. No sabe lo que piensa Zacarías ni lo que hay en el fondo del callejón. Esto nos acerca más a la experiencia personal de Jorge, a sus emociones y su incertidumbre.

Ahora, bien en las novelas o en los cuentos no tan cortos por lo general hay una gran cantidad de escenas cuyo protagonista no es el mismo de la novela, sino el personaje más importante para ese segmento de la historia, que puede ser incluso el antagonista (“el malo”) o algún personaje secundario. En esas historias cada escena se narrará desde el punto de vista del personaje más importante o del que se quiera escoger para dar una impresión particular.

Entonces, si al escribir nuestro relato queremos cambiar de punto vista, lo mejor es cambiar de escena o capítulo para no confundir al lector. El cambio de escena se puede señalar incluso con un espacio o con un símbolo para mayor claridad (por ejemplo: ***).

En nuestro ejemplo, supongamos que la escena termina y Jorge no le dispara a Zacarías. Ahora queremos saber qué pasa con este último personaje. Dejamos un espacio y comenzamos la siguiente sección.

Zacarías respiró aliviado. A pesar de que intuía que Jorge no le dispararía, nunca se sabía hasta dónde lo llevaría la ambición. Caminó hacia la salida del callejón, alerta a cualquier movimiento extraño y a que Jorge no lo siguiera. Entre más rápido se deshiciera de las joyas mucho mejor.

Veamos otro ejemplo en el que se corrige una frase para que quede contada desde la perspectiva del personaje.

Andrés leía en su sillón. Alguien lanzó un piano a la calle y el impacto causó un estruendo.

Si narramos desde el punto de vista de Andrés, que está concentrado en su lectura, él no tiene cómo saber que alguien lanzó un objeto, ni que ese objeto fue un piano. Esta frase tendría que convertirse en algo así:

Andrés leía en su sillón. Un estruendo sacudió el edificio y estremeció sus tímpanos. Su corazón se paralizó. ¿Qué había pasado? Se levantó alarmado, dio un paso tembloroso y se acercó a la ventana. Un piano destrozado ocupaba toda la acera y algunos pedazos invadían la calle.

Andrés primero escucha el impacto y luego averigua qué fue lo que sonó. Al final de la frase Andrés todavía no sabe cómo cayó el piano: si alguien lo lanzó, si se le cayó a personas que lo subían a un edificio o cualquier otra posibilidad.

Para apreciar mejor esta técnica conviene fijarnos en cómo la utilizan los autores de la literatura de entretenimiento. La mayoría sigue las convenciones anteriores. Si se quiere hacer algo diferente, como cambiar varias veces de punto de vista durante una escena, conviene cerciorarse de que no se confundirá al lector.

blog 12 Steve Jurvetson Flickr

Foto de Steve Jurvetson (Flickr)

La presentación del punto de vista

Una cosa es el punto de vista de la narración y otra el pronombre que se utiliza para presentarlo.

En el caso del narrador omnisciente se usa la tercera persona, como se mostró en el primer ejemplo de esta entrada del blog. No es posible emplear la primera persona, porque el narrador omnisciente no se sitúa por definición desde la perspectiva de un solo personaje.

Por el contrario, si narramos la historia desde el punto de vista de uno de los personajes, es posible escoger entre la primera, la segunda o la tercera persona, aunque la segunda persona prácticamente no se utiliza.

Veamos qué ocurre con nuestro ejemplo al narrarlo desde la perspectiva de Jorge, pero en primera persona (antes estaba narrado en tercera persona).

Lamenté que la situación llegara a eso, levanté el arma y le apunté a Zacarías en el pecho.

- No más evasivas –dije con firmeza-. ¿Dónde están las joyas?

Zacarías guardó silencio.

Escruté su rostro en busca de alguna señal que me revelara si sabía algo. Pero su expresión no se alteró en lo más mínimo.

Un ruido metálico salió del fondo del callejón. Mi pecho se contrajo. Giré la cabeza en esa dirección. Solo vi canecas apiladas en desorden. Seguramente una rata corría entre la basura.

Es posible narrar toda una novela desde la perspectiva de un solo personaje en primera persona. Lo hacen varios autores, por ejemplo Raymond Chandler en El sueño eterno (The Big Sleep) y otras novelas.

Por otra parte, es claro que resultaría confuso escribir dentro de un mismo relato el punto de vista de dos personajes diferentes en primera persona. No sabríamos a quien se refiere el narrador en cada momento o sería mucho más difícil aclararlo.

Pero sí es posible escribir la perspectiva de un personaje, el protagonista, en primera persona y la de los demás en tercera persona, alternando las escenas (Esto lo hace James Patterson, entre otros).

Algunos escritores consideran que la narración que utiliza la primera persona es más íntima, acerca más al lector al personaje. Otros dicen que en realidad no hay mayor diferencia. En cualquier caso, ambas modalidades tienen su atractivo y vale la pena probarlas o simplemente dejar que surja cualquiera de ellas al momento de escribir.

Independientemente del criterio que se escoja, lo importante es mantener la claridad y diferenciar bien los puntos de vista para que el lector acceda sin dificultades a la experiencia de los personajes.

Cómo manejar el suspenso

¿Cuál es la relación de este tema con el suspenso?

El punto de vista del narrador omnisciente tiene una ventaja y una desventaja en cuanto a la creación de suspenso.

Por una parte, tiene la ventaja de que nos puede anunciar un peligro que el personaje no conoce generando así suspenso.

Por otra parte, tiene la desventaja de que no experimentamos tanto ese estado mental porque no lo vivimos del todo desde “la piel” del personaje.

Al narrar desde la perspectiva del personaje es posible que este no sepa que se acerca un peligro (en nuestro ejemplo los tipos al fondo del callejón). Entonces, lo que habría que hacer para crear suspenso es, por ejemplo, narrar una escena anterior desde el punto de vista de los “maleantes” donde se les muestre planeando lo que van a hacer.

Además, así se crea así una dinámica de alternancia de puntos de vista que la da velocidad y variedad a la narración. Pero esto ya es tema para otra entrada del blog.

Buenos finales de cuentos y novelas

Foto de Stefan Wagner (stock.xchng)

Foto de Stefan Wagner (stock.xchng)

La importancia del final

Muchas veces, leyendo cuentos, me he dado cuenta de que aunque buena parte de su calidad depende del desarrollo, lo que hace la diferencia entre un cuento aceptable y uno bueno, o entre uno bueno y uno excelente, es el final.

En las novelas el final también es muy importante, por supuesto, pero se nota más en los cuentos porque al ser narraciones cortas no alcanzan a desarrollar más elementos que puedan satisfacer al lector. En los cuentos el final está más cerca, se siente llegar más pronto y su relación con cada una de las partes del relato es mayor.

¿Por qué son importantes los finales en una historia y más la literatura de entretenimiento? Porque es el punto hacia donde va la historia desde que comienza, el punto que reúne como destino todo lo acontecido antes. Al comenzar algo, ya tenemos, consciente o inconscientemente, la idea de que queremos que termine como queremos. Si llegamos a un buen destino sentiremos que las dificultades del viaje han valido la pena. Y si en literatura de entretenimiento leemos con el propósito de entretenernos, entonces esperamos que el final nos deje eso, una sensación de que tuvimos una experiencia divertida. Y ese va a ser el recuerdo más fresco que le quede al lector..

Si el final no es satisfactorio, a lo mejor es porque la historia no da todo su potencial y hay que seguir trabajándola.

Foto de Angela Sevin (Flickr)

Foto de Angela Sevin (Flickr)

Elementos de un buen final

Un buen final se conecta con elementos que la historia desarrolló durante su trama, incluso desde el comienzo.

Como dijimos en otra entrada de este blog, en la literatura de entretenimiento el protagonista busca un objetivo principal y lo consigue por sus propios medios (no gracias a ayuda inesperada). Por ejemplo, el propósito del protagonista puede ser identificar y capturar a un asesino o vencer a un personaje que planeaba un atentado.

En algunos cuentos y en especial en las novelas, los aliados y el protagonista tienen objetivos adicionales que también consiguen al final. Por ejemplo, además de identificar al asesino, el protagonista quiere resolver un dilema moral, recuperar su trabajo, conquistar una mujer, entender cosas de su pasado, lograr una paz interior, etcétera.

Es posible que los personajes no sean del todo conscientes de algunos objetivos, especialmente los sicológicos o morales (por ejemplo, cambiar algún aspecto negativo de su personalidad). Sin embargo, la historia los cuestiona tanto que esos problemas salen a flote y el protagonista los enfrenta.

Sin embargo, no basta con conseguir el o los  objetivos. Deben lograrse (o no lograrse en el caso de las tragicomedias) de manera ingeniosa, novedosa, interesante y/o sorpresiva: ingeniosa, en el sentido de utilizar habilidades especiales para lograrlos, de ser recursivos; novedosa, para que no sea la misma solución que dan otros libros del mismo género; interesante, en la medida en que, por ejemplo, el lugar en el que ocurren los últimos acontecimientos sea llamativo; y, finalmente, es especialmente satisfactorio para el lector cuando el objetivo se consigue (o no) de manera sorpresiva. Por ejemplo, el asesino no era el que se sospechaba, sino el mismo que contrató al detective. Como la historia va en una dirección aparente, al dar una sorpresa al final, un giro, se crea una emoción suplementaria y el lector obtiene mayor satisfacción (¿a quién no le gustan las buenas sorpresas?). (Pero la sorpresa no debe salir de la nada, sino que debe haberse insinuado ya en la trama, sin que el lector se dé cuenta).

En el final también se puede revelar una perspectiva diferente de la historia, por ejemplo, el punto de vista o los motivos ocultos de algún personaje. La historia adquiere así un nuevo sentido.

Hay otros elementos que contribuyen a un buen final. Por ejemplo, se puede crear la sensación de un significado mayor de la historia al reelaborar elementos anteriores y presentarlos al final  donde adquieren un nuevo sentido. Muchas figuras literarias se basan en la repetición de palabras. Repetir algo da a entender que algo que venía de antes se cierra y a la vez se abre un nuevo significado. Al mencionar un miedo, un chiste asociado a un contexto, una imagen u otra cosa que ya figuraba antes, se muestra el cambio dentro de lo que en parte sigue igual o se deja ver que algunas cosas siguen igual así cambien un poco. Por ejemplo, el atardecer que el protagonista vio varias veces durante la novela, ahora lo vuelve a ver pero con otros ojos, con otro significado.

Muchas veces el párrafo final o la última frase de una historia hacen referencia al futuro. Pero a ese futuro se llegará gracias a todo lo que ocurrió durante el cuento o novela. Entonces, se abre una nueva historia gracias a que esta terminó. El final se convierte en un nuevo comienzo. Se da a entender, además, que la historia es más grande que la novela, que los personajes existen más allá del libro, pues los dejamos ahí pensando en su futuro.

Finalmente, a veces no todos los objetivos se cumplen al final y queda se deja cierto grado de incertidumbre. Esto es semejante al punto anterior, pues se quiere dar la idea de que la historia sigue más allá del texto. Además, a la imaginación del lector, ya impregnado del tono de la historia, le queda la tarea de resolver esa incertidumbre.

Las posibilidades para construir un buen final son innumerables, pues hay infinitas maneras de elaborar y combinar estos elementos y los que no se mencionaron.

Por otra parte, construir el final de nuestras historias con estos elementos puede darnos ideas para mejorar el desarrollo de la trama. Al ver la historia desde otra perspectiva, desde su destino, es posible hallar nuevos caminos por los que transcurra.

Ejemplos de un buen final

A diferencia que ocurre con los buenos comienzos de cuentos y novelas, es más difícil dar un ejemplo de un buen final en una entrada de blog. Se necesita toda la historia para entender el final.

Voy a dar tres ejemplos, uno a partir del resumen de la trama de un cuento, otro a partir de un cuento publicado en internet y el tercero comentando el final de una novela.

High Stakes blog 10 Joel (Colier_1)stock.xchng

Foto de Joel – Colier_1 (stock.xchng)

Primer ejemplo

High Stakes, de John Lutz[1]. Hace unos días leí este cuento, me gustó y tiene varios elementos de un buen final. Resumiré las partes de la trama relevantes para entender el final y entre paréntesis irán los comentarios:

Ernie, un apostador en una racha de mala suerte, se hospeda en una habitación en el piso 12 de un hotel.

Dos matones pagados por alguien al que Ernie le debe mil dólares llegan para matarlo. Lo acorralan. Ernie sale por la ventana y queda de pie sobre la saliente. Los matones cierran la ventana y se van.

Durante un largo tiempo, en una gran secuencia de suspenso, Ernie hace todo lo posible por volver a entrar por la ventana, pues no encuentra otra forma de escapar. Tras superar muchos peligros lo logra, utilizando, entre otras cosas, un naipe que tenía en el bolsillo.

(Aquí podría terminar el cuento, pero sigue. Elementos de esta parte del final: el protagonista logra el objetivo de salvar su vida y lo logra de forma ingeniosa).

Ernie se cree a salvo. Pero entran los matones y Carl, el tipo al que le debe los mil dólares. Carl le dice que la deuda queda cancelada, porque acaba de ganar mil dólares. Todo fue planeado. Carl apostó con otra persona, desde el edificio de enfrente, a que Ernie sobreviviría.

(Aquí también podría terminar el cuento, pero sigue. Elementos de esta parte del final: el protagonista logra el objetivo de “escapar de Carl”, pero además lo logra saldando la deuda. También se revela sorpresivamente la perspectiva de otro personaje, Carl, y que las acciones del protagonista respondían en parte a un designio de otra persona).

Ernie, asustado porque casi muere, se arrepiente de su comportamiento anterior. Jura no volver a apostar. Está tan seguro de que no lo hará, que piensa, en la última frase del cuento, que “podría apostarle a eso”.

(el cuento termina mostrando que Ernie no logrará su objetivo (inconsciente) de no apostar más).

Segundo ejemplo

“Espuma y nada más”, de Hernando Téllez. Cuento ya mencionado en la entrada de buenos comienzos. Se puede leer en varios lugares en internet, entre ellos, en la publicación Ciudad viva y en la revista Soho.

En este cuento, el objetivo del protagonista es decidir, mientras afeita al capitán Torres, responsable de múltiples ejecuciones y torturas, entre contribuir a la causa revolucionaria volviéndose un asesino o no hacerlo y seguir siendo un excelente barbero. La cuchilla de afeitar es instrumento para ambos objetivos. Después examinar su dilema, el protagonista decide que no matará al capitán Torres y que no se convertirá en asesino.

(El protagonista resuelve así su objetivo moral y ahí podría terminar el cuento, cuando dice que él “se manchará de espuma y nada más”. Se repite la frase del título (“espuma y nada más”) y ahí entendemos su sentido).

En una segunda parte del final, se revela con sorpresa la perspectiva y el objetivo del otro personaje. El capitán Torres le dice al barbero que le habían dicho que él lo iba a matar, pero que vino a comprobarlo, porque “él sabe que matar no es fácil. Yo sé por qué se lo digo”. El capitán no solo revela su objetivo, sino también que él vivió el mismo dilema moral del protagonista, aunque lo resolvió de manera diferente.

Tercer ejemplo

Novela conocida como El silencio de los inocentes o El silencio de los corderos, según la edición (En el original The Silence of the Lambs), de Thomas Harris.

En este caso, por la extensión, no resumiré la trama. Mencionaré los elementos más importantes del final y qué papel cumplen en el cierre de la novela.

Clarice Starling, la protagonista, estudiante del FBI, se enfrentará sola al asesino en serie que han tratado de capturar durante toda la novela. Los investigadores principales siguen una pista falsa en otra ciudad.

(La protagonista se enfrenta por sus propios medios al antagonista).

Hannibal Lecter, un asesino que colabora con la investigación, le proporcionó a Starling una pista sobre el asesino en serie que tiene secuestrada a la hija de una senadora. Le hizo ver que el asesino solo escondió bien un cadáver, el primero, porque no quería que lo encontraran, pues lo abandonó cerca a su lugar de residencia. Su primer asesinato, no tan planeado, debió nacer del deseo que sentía todos los días al ver a su primera víctima.

De las características que comparten varias de las mujeres asesinadas, Starling deduce el lugar donde el asesino debió contactar a la primera, en un negocio de ropa. Starling va a una casa a buscar a los familiares de la difunta dueña del negocio para obtener más información.

El hijo de la dueña del negocio le abre la puerta. Ella no sabe que él es el asesino.

Mientras habla con él, ve una mariposa o polilla nocturna igual a la que encontró en la garganta de una de las personas asesinadas.

El asesino huye al sótano. Starling lo sigue.

(De forma ingeniosa el protagonista encuentra al asesino).

El asesino apaga todas las luces del sótano.

Starling queda a ciegas. El asesino tiene gafas de visión nocturna. Se prepara para dispararle a Starling. Alza la pistola y la amartilla.

Al oír el ruido Starling dispara en esa dirección. El disparo del asesino roza su mejilla. Los disparos de Starling matan al asesino.

(El protagonista enfrenta al antagonista en un lugar interesante y lo vence de forma ingeniosa. Muchas veces el protagonista está en desventaja y pone en riesgo su vida. Clarice Starling cumple el objetivo de capturar al asesino. Cumple el objetivo de liberar a la hija de la senadora).

Starling estaba en riesgo de que la retiraran de sus estudios, pero gracias a que capturó al asesino los prosigue con renovada confianza.

(La protagonista cumple el objetivo de proseguir sus estudios).

Hannibal Lecter, que escapó de prisión durante la novela, sigue en libertad al final.

(Queda la incertidumbre sobre el futuro de uno de los personajes. Debería estar bajo custodia pero escapó y seguirá libre. Aunque Hannibal Lecter, desde su punto de vista, cumplió su objetivo).

Clarice Starling acepta la invitación de alguien que conoció durante la historia para ir un fin de semana a una finca.

(El protagonista logra su objetivo romántico).

La última frase de la novela “Clarice Starling duerme profunda y dulcemente en el silencio de los corderos”, repite el título del libro. Se conecta el principio con el final, se cierra el último hilo. Además, esta corta frase condensa la realización del objetivo sicológico y profesional de Clarice Starling.

En sus entrevistas con Hannibal Lecter, este asesino intercambiaba recuerdos de Starling por información sobre el asesino en serie. En cierta ocasión, Lecter le preguntó cuál era el recuerdo más doloroso de su niñez. Starling le dijo que era el asesinato de su padre. Un tiempo después de eso, su madre la dejó donde unos familiares en el campo. Allí se encariñó con un caballo. Luego descubrió que a los caballos los sacrificaban para vender la carne. Una noche escuchó a unos corderos gritar (balidos) porque los estaban sacrificando. Eso la movió a escapar con el caballo para salvarlo. Termina en un orfanato.

Clarice Starling todavía tiene pesadillas en las que los corderos gritan. Lecter le pregunta que si cuando atrape al asesino cree los corderos dejarán de gritar. Clarice le dice que sí. Lecter le hace prometer que ella le contará si eso ocurre.

Al capturar al asesino, Clarice Starling sana el recuerdo de la muerte de su padre, transferido luego al caballo, a los corderos y finalmente a las personas asesinadas. Lo logra gracias a su profesión. Al impedir nuevas muertes, los corderos dejan de gritar. Se salva, “salva” a su padre, salvando a los demás.

Sin embargo, Lecter le dice a Starling en una carta final que deberá ganarse ese silencio continuamente porque ese es su “karma”, su condición existencial.

(El protagonista logra su objetivo sicológico (consciente o inconsciente), ligado en este caso a la consecución de sus objetivos profesional y romántico).


[1] John Lutz, 1984. “High Stakes”, en: Edward D. Hoch (ed.), 1985. The Year’s Best Mystery and Suspense Stories. Nueva York, Walker and Company.

Características de la literatura de entretenimiento

Foto de Wolfgang Staudt (Flickr)

Foto de Wolfgang Staudt (Flickr)

Una de los propósitos de la literatura es entretener. Y la rama de la literatura que más se ocupa de ese propósito es la que se conoce como literatura comercial o, llamémosla mejor, literatura de entretenimiento. Hacen parte de ella una multitud de géneros y subgéneros entre los que encontramos los relatos policíacos, el thriller, el romance, la ciencia ficción, la fantasía, el terror, etcétera.

Por supuesto, la literatura general o clásica también entretiene, pero no es su objetivo más importante ni está diseñada para ello. Su propósito principal es retratar artísticamente la condición humana e indagar acercar de ella, en sus diferentes tiempos y espacios. Muchas veces sacrifica el entretenimiento en aras de explorar aspectos profundos del ser humano y de exponer una visión determinada del mismo y su sociedad, dando un placer más artístico e intelectual a sus lectores.

Ahora bien, tampoco se puede decir que la literatura de entretenimiento no indague sobre la condición humana ni la retrate artísticamente. Al tratar sobre seres humanos inevitablemente lo hace (incluso si narra historias sobre seres de otra especie, como en la fantasía o la ciencia ficción, pues los antropomorfiza o si no, por oposición, nos hace ver a los seres humanos desde otra perspectiva), pero en un grado mucho menor, sacrificando ese aspecto para darle más énfasis al entretenimiento.

Por supuesto, dentro de esta clasificación unos libros tienden más hacia los extremos y otros más hacia el medio.

Pero, en cualquier caso, cuando vayamos a escribir obras policíacas, thrillers, ciencia ficción, romance, etcétera, debemos tener presente constantemente que nuestro propósito es entretener al lector.

Diferencias concretas entre la literatura de entretenimiento (o comercial) y la general

Las diferencias que voy a mencionar a continuación también son de grado. Es decir, una determinada característica no es exclusiva de la literatura de entretenimiento, sino que por lo general es más importante para ella, aunque también puede estar presente en la literatura general.

La literatura comercial procura generar ciertos estados mentales y emociones específicos en el lector, tales como el suspenso, la ansiedad, el miedo, el misterio, el romance, la intriga, la curiosidad sobre lo nuevo o lo extraño, entre otros, con el fin de darle al lector una experiencia emocionante. Al escribir debemos crear situaciones que creen este tipo de estados mentales o emociones. (Más sobre esto en una próxima entrada del blog).

La literatura de entretenimiento prefiere una trama bien definida, con un comienzo, un medio y un final claros. De este modo el lector no se preocupa tanto por descifrar el orden de la historia o de entender de qué se trata, y así está más dispuesto a experimentar las emociones que se narran. Ahora bien, cuando se omiten partes del comienzo, se invierte el orden de las partes de la historia o se ocultan elementos de la trama, se debe hacer para generar intriga, que es una de los estados mentales que queremos crear.

La literatura de entretenimiento, en general, tiene una moralidad más definida. Hay “buenos” y “malos”, hay un héroe y un antagonista. Esto nos permite experimentar más emociones, pues al  identificarnos con un bando (¡ojalá el de los “buenos”!) todas nuestras emociones se mueven en esa dirección, sin preguntarnos constantemente si algo es moralmente aceptable o no. La literatura general tiene más zonas grises pues trata de explorar o retratar la dualidad moral de los seres humanos.

En relación con lo anterior, la literatura de entretenimiento por lo general le da un objetivo claro al protagonista (por ejemplo, hallar al responsable de un crimen) y se espera que al final lo consiga. El protagonista sufre calamidades pero las supera, lo que nos genera satisfacción. Y aunque sospechemos que el protagonista va a salir airoso de los retos y la prueba final, esto no le resta emoción al relato, pues al identificarnos con él queremos que triunfe y sufrimos con los peligros que enfrenta. Además, la intriga de saber qué pasará con su destino se remplaza con la intriga de saber cómo logrará vencer: ¿cómo va a derrotar al antagonista si parece indestructible?, ¿cómo va a descifrar el misterio si parece indescifrable?, ¿cómo va a entrar a la fortaleza si parece inexpugnable?

Por esto mismo, en la literatura comercial se busca que “pasen cosas”, que la historia avance hacia la consecución del objetivo por parte del protagonista. Los nuevos acontecimientos crean intriga y suspenso o resuelven los que se generaron antes. Por ello, la descripción, la reflexión sobre temas ajenos a la trama y la introspección no son tan importantes en este tipo de literatura, pues nos alejan de las emociones que queremos crear a través de los acontecimientos de la historia. En cambio, para la literatura general sí son importantes, pues le permiten cumplir su propósito de crear un retrato artístico e indagar sobre la condición humana.

Algunos de los diferentes géneros de la literatura de entretenimiento

La siguiente clasificación es más para darnos ideas sobre qué escribir o leer, al buscar libros parecidos a los que nos han gustado. Formas de clasificar hay muchas y ninguna puede ser del todo clara o exhaustiva, así que esta es una más. Los invito a explorarla y a buscar otras más sobre los géneros que les interese, pues en cada uno de los géneros mencionados hay muchísimos subgéneros más que aquí no aparecen.

Blog 9 Policía Nacional de Colombia (Flickr)

Grupo operativo contra blancos de alto valor, GOAV. DIPOL, Policía Nacional de Colombia (Flickr).

Géneros según el objetivo de la obra

- Resolver un crimen (perteneciente al conocido género policíaco).

Subgéneros:

El investigador “de sillón” (El investigador o detective resuelve todo mediante el razonamiento). Por ejemplo, las historias de Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle.

El detective moderno (el detective sale a las calles y se vale de diferentes estrategias para resolver el crimen o misterio). Comienza, entre otros, con El halcón maltés de Dashiell Hammett, El sueño eterno de Raymond Chandler. (Algunos situarán estas obras dentro de la novela negra­).

- Detener un crimen o una amenaza (género policíaco): Thriller, suspenso. Ejemplos: El código Da Vinci, de Dan Brown.

- Cometer un crimen: historias de criminales (caper story). Serie de Dortmunder, de Donald E. Westlake (por ejemplo, The Hot Rock).

- Unir a dos personas: romance, novela romántica.

- Llegar a un destino enfrentando obstáculos: relato de aventuras. Sandokán de Emilio Salgari.

En cada uno de estos géneros hay elementos de los demás. Por ejemplo, en los thrillers (suspenso-acción) por lo general hay un elemento romántico: el protagonista comienza una relación mientras transcurre la historia principal. Esto le añade más emociones  la narración. De igual modo, en las novelas románticas puede haber elementos de las historias sobre crímenes.

También, dos géneros se pueden mezclar del todo. Por ejemplo, en una historia en la que el protagonista busca a un asesino en serie, no solo debe resolver los asesinatos anteriores sino detener los siguientes.

Los géneros mencionados arriba por lo general se combinan con escenarios o mundos específicos para crear los que se mencionan a continuación.

Géneros según lugar/tiempo o “reglas” del mundo

- Terror. Admite la existencia de lo sobrenatural. Carrie de Stephen King, El exorcista de William Peter Blatty.

- Fantasía: mundos paralelos en los que existe la magia y seres inteligentes de otras especies conviven con los humanos. Ejemplo: El señor de los anillos de J.R.R. Tolkien, Harry Potter y la piedra filosofal de J. K. Rowling.

- Ciencia ficción: exploración del futuro de la humanidad y de otros mundos posibles del universo. Fundación de Isaac Asimov (y la serie), Hyperion y La caída de Hyperion de Dan Simmons (y la serie).

- Vampiros. Drácula de Bram Stoker.

Entonces, es posible combinar el propósito de detener una amenaza con un escenario de ciencia ficción, como hacen muchas obras del género.

O, al combinar las historias románticas con un mundo en el que existen los vampiros se obtienen libros como Eclipse de Stephanie Meyer.

Buscar, leer y escribir

Si queremos escribir es importante identificar el tipo de libros que nos gusta leer, leer más como esos, conocer más sobre el género y finalmente escribir historias con nuestro toque personal.

Paso a paso: escribir todos los días y escribir una obra

Foto de Xerones en Flickr.com

Foto de Xerones en Flickr.com

Escribir todos los días

Muchos escritores destacan la importancia de escribir todos los días. Veamos lo que dice Walter Mosley en un libro que se titula Este año escribes tu novela[1], pero que cada cual podría leer como Este años escribes tus cuentos, tus ensayos, tu libro de poesía, etcétera.

“Para ser un escritor debes implementar una rutina diaria. Separa determinada cantidad de tiempo (no inferior a una hora y media) para sentarte con tu computador o cuaderno. Sé que esto puede ser difícil.”

La escritura diaria crea o fortalece el hábito de algo a lo que finalmente nadie nos obliga y nos acostumbra a mantener un contacto permanente con nuestra capacidad creativa.

Pero, como sabe cualquier que lo haya hecho o querido, esto no es fácil. Obligaciones diferentes a escribir ficción nos acechan, consumiendo tiempo y energía. Pero si queremos escribir, se trata justamente de que la escritura se abra un espacio en nuestra cotidianidad.

Una de las dificultades para lograrlo consiste en que a lo mejor nos abrumamos con la sola idea de sacar todo ese tiempo para escribir.

Antes de ver cómo hacer manejable esta idea, veamos un problema relacionado.

Escribir una obra: cuento(s), novela corta, novela

El solo hecho de pensar en escribir un cuento, una novela corta o una novela puede parecer abrumador. Es posible que la enorme cantidad de palabras o páginas que tiene una obra de ficción nos intimide. Nos pasaría lo que le ocurre a alguien que contempla una montaña antes de escalarla, ve la cima como algo muy remoto y lejano y se queda pensando en eso. Esta persona dudaría de su propósito al punto incluso de paralizar o posponer su escalada.

Foto de ardelfin en morguefile.com

Foto de ardelfin en morguefile.com

El primer paso y el siguiente paso

¿Cómo hacer para que no nos resulte abrumador pensar en escribir todos los días o en escribir una determinada obra?

Concentrándonos en el siguiente paso.

La siguiente media hora

La recompensa de escribir durante determinado tiempo no está solamente en lo que se produce durante esos quince, sesenta, noventa o más minutos. Está, sobre todo, en el flujo creativo que se experimenta mientras se escribe (para liberar dicho flujo creativo ver la primera entrada del blog).

Por lo tanto, en este caso, lo más complicado es decidirse a sentarse ante el cuaderno o computador durante determinado tiempo. Si apenas estamos comenzando a escribir, a ejercitar la pluma, bastará con quince minutos o media hora. Pero si ya hemos avanzado un poco y queremos seguir el consejo de Mosley, entonces debemos encontrar el momento del día en que dispongamos de al menos una hora y media o dividir ese período de tiempo en varios segmentos. No es imposible encontrar media hora libre en diferentes momentos del día. Cuando abrimos ese espacio y lo utilizamos productivamente nos damos cuenta de que media hora más en otro momento del día no nos representará una carga excesiva.

Cuando dispongamos de más tiempo y experiencia escribiremos durante más de una hora y media.

En todo caso, el primer paso y el siguiente siempre consistirán en escribir durante un determinado lapso de tiempo, tan corto como para encontrarle un espacio y tan largo como nos sea posible dado nuestro desarrollo como escritores.

La siguiente página y la siguiente tarea específica

Cuando uno ya identificó una obra que quiere escribir, no debe pensar siempre en la totalidad del proyecto, sino en cada uno de los pasos que debe dar para completarlo y, en particular, en el siguiente paso.

Para escribir un cuento, una novela corta o una novela, no debemos pensar demasiado en las 10 o 100 o 400 páginas a escribir. Es mejor considerar la obra como la suma de muchas frases o páginas que escribiremos una a una (no hay otro modo). Si cada día escribimos una, dos, tres o más páginas, en poco tiempo tendremos una primera versión de un cuento y en unos meses de una novela, algo que parecería imposible de otro modo.

De hecho, esto lo hemos experimentado como lectores, pues cuando vamos a leer un libro no nos quedamos pensando en su elevado número de páginas, sino que nos sumergimos en la lectura, de página en página, y casi sin darnos cuenta avanzamos hasta terminarlo.

Por otra parte, también es conveniente determinar con claridad cuál es el siguiente paso, la siguiente pequeña tarea que debemos abordar para escribir nuestro relato u obra. Para dar el siguiente paso hay que tener claro cuál es: buscar una idea, solucionar un problema de la trama, identificar qué problema no nos deja avanzar o simplemente seguir escribiendo o corrigiendo en el punto en que vamos. Así concentraremos nuestra energía creativa en algo concreto y no en pensar en lo inabarcable y grande de nuestra labor.

Por ejemplo, si estamos buscando una idea, enfocaremos nuestra mente en estar alertas para cuando aparezca, escribir una lluvia de ideas, leer textos que nos sugieran algo, meditar, en fin, cualquier método para buscar ideas, pero enfocados en ese propósito.

¡Adelante!

El primer paso siempre es el más difícil. Por eso conviene comenzar con un paso pequeño e ir ganando confianza a medida que se den más.

Si se trata de tiempo y queremos comenzar a escribir, entonces quince minutos o media hora al día nos permitirán ir adquiriendo el hábito para luego escribir más.

Si se trata de una obra, entonces es mejor comenzar escribiendo cuentos breves, cuentos, novelas cortas y después sí novelas.

Por otra parte, ambos propósitos, el de escribir todos los días y el de escribir un texto, se refuerzan mutuamente. La escritura diaria nos servirá para progresar en una obra y avanzar en el texto nos hará querer seguir escribiendo todos los días.

Así pues, invito a los que quieran escribir  a hacerlo absolutamente todos los días (me incluyo en este propósito) y a compartir su experiencia en esta o en otra entrada del blog que volverá a tratar este tema más adelante.


[1] Walter Mosley, 2007. This year You Write Your Novel. Nueva York, Hachette.

Un cuento, “Recuerdos peligrosos”, con comentarios y versiones

Va primero el cuento “Recuerdos peligrosos”, tal como fue publicado.  Después haré algunos comentarios y finalmente mostraré los cambios que le hice al comienzo del cuento en sus diferentes versiones.

Foto de FranciscoA ZeaB (Flickr)

Foto de FranciscoA ZeaB (Flickr)

Recuerdos peligrosos

Ferney Roldán trató con desespero de agarrase de algo pero solo encontró el vacío del Salto del Tequendama. Su cuerpo giró en el aire y vio alejarse las rocas oscuras de la pared. Era el fin, caía al abismo.

El pánico paralizó su sangre y su pensamiento.

Imágenes de su vida desfilaron como instantáneas frente a él:

Niños que corren tras unas tapas en una calle polvorienta al lado de un rancho de latas, desde donde su padre lo llama con los ojos bien abiertos y una correa en la mano.

La sonrisa temblorosa de su madre que lo invita a rezar junto a una veladora.

La gallada en el parque junto al poste de la luz y Yuliana que pasa por el andén en un vestido corto de flores y lo mira con ojos verdes que brillan entre trenzas negras.

El Flaco, en la puerta de su pieza, le entrega una bolsa llena de llaveros, collares y lápices “Made in China”. Objetos que levanta ensartados en un palo en un cruce del centro repleto de gente que camina sin cesar.

La mirada ansiosa de Yuliana que, con Jonathan en brazos y Kelly jugando a su lado, busca algo en sus manos vacías cuando él abre la puerta.

El abrazo del Flaco en el estrecho local rebosante de licuadoras, hornitos y secadoras. Los rostros sonrientes de Jota, Carepa y Pipe que alzan vasos plenos de ron.

Un barco con arrumes de cajas cerca de una playa donde esperan decenas de personas. Un fajo de dólares que sale de su bolsillo.

Kelly de blanco y Jonathan de negro en la iglesia del barrio.

Los fríjoles, el arroz, las tajadas de plátano de Yuliana.

Marisol que le sonríe, le pica el ojo y lo llama con el dedo hacia su escote y hacia el apartamento nuevo.

El rostro granuloso y serio del comprador de chaqueta de cuero que paga con  decenas de billetes y luego le muestra una identificación de policía.

La cara de sorpresa del Flaco cuando le ponen las esposas.

Las miradas de odio del Flaco, Jota, Carepa y Pipe desde el banco de acusados hacia él, sentado entre dos fiscales.

La foto del Flaco en el periódico cuando sale sonriente de los juzgados con su abogado.

Brazos que lo sujetan y lo meten a la fuerza al baúl de un carro.

La casa vieja al borde de la carretera y al fondo el agua de la cascada.  La mano del Flaco que empuja su pecho.

El abismo profundo que termina en una mancha borrosa de verdes y cafés.

Después un negro infinito.

Ahora, que abre los ojos, el blanco de las paredes lo deslumbra. Reposa sobre una cama. Lo invade el pánico y trata de levantarse. Pero el cuerpo le duele y no responde a sus órdenes.

Llora. Quiere una segunda oportunidad para rehacer su vida.

A lo mejor el Flaco lo dio por muerto. Pero… ¿y si lo está buscando?

La puerta del cuarto se abre.

[Cuento ganador en el Concurso de Cuento Generación – EL COLOMBIANO 2012. Fue publicado originalmente en el Magazín Generación, el suplemento dominical de ese periódico, el 14 de octubre de 2012]

Comentarios

La idea básica para este cuento se me ocurrió hace un par de años. Había escuchado decir algo que creo todos hemos oído, que algunas personas que han estado a punto de morir reviven su vida en un instante a través de una serie de imágenes. A esa idea tenía pensado agregarle un elemento de suspenso, a saber, que en las imágenes se revelaran las razones que hicieron que alguien empujara al protagonista al vacío.

Es una idea que sirve muy bien para un cuento muy corto, en este caso menor a 500 palabras, pues hace coincidir la brevedad de la caída con la del texto. Cuando vi la convocatoria del concurso de El Colombiano, que pedía un cuento de esa extensión, recordé la idea y la desarrollé.

Algunas cosas del cuento que me gustan:

El contraste y la unión entre el tiempo corto de la caída y el tiempo largo de toda una vida rememorada.

El hecho de que sea una narración en imágenes.

Que la razón de la caída se explique con las imágenes del recuerdo, uniendo el pasado y el presente de esa vida.

Algunas cosas del cuento que no me gustan:

En algunas partes la narración puede ser confusa al realizarse únicamente mediante una sucesión de imágenes. También pude no haber sido del todo claro por tratar de mantener la narración dentro del límite de palabras requerido para el concurso.

Para generar más suspenso he debido colocar al comienzo que una mano empuja a Ferney al abismo, para que quedara más claro que él no se tira. Así el lector se preguntaría quién lo empujó y por qué. A lo mejor se entiende en la versión actual cuando se dice que “trató de agarrarse de algo”, pues si él se tiró no intentaría sujetarse, pero quedaría más claro de la otra manera.

El final pudo ser mejor. Me parece que es poco probable que sea el Flaco quien entre por esa puerta. Se pierde así algo de la incertidumbre que quería producir. El final hubiera podido ser simplemente el momento en que Ferney termina de caer. Pero no me gusta terminar con algo negativo, por eso preferí que el protagonista sobreviviera y que se  “abriera una puerta” hacia un futuro con algo de esperanza.

Foto de T. Al Nakib (Stock.xchng)

Foto de T. Al Nakib (Stock.xchng)

Edición

Terminar de escribir la primera versión o borrador de un cuento o novela no es sino una parte del trabajo. La otra gran parte es reescribirlo, corregirlo, editarlo. Aunque algunos autores solo cambian de página cuando la consideran terminada, creo que la mayoría prefiere escribir de corrido un primer borrador, para dejar que la imaginación fluya, y luego reescribirlo y/o corregirlo con cuidado varias veces.

Corregir es un trabajo de detalle y es dispendioso, pero también es gratificante en la medida en que cada vez logramos expresar mejor lo que queremos. Además, para quienes seguimos aprendiendo el arte de escribir, es un momento para reflexionar, pensar y entender por qué una parte no está bien escrita y cómo puede quedar mejor.

A continuación voy a transcribir y comentar las diferentes versiones del comienzo del cuento, que voy a dividir en tres partes (solamente lo haré con unas pocas frases, pues de lo contrario la entrada del blog quedaría aún más larga):

- La introducción: Ferney cae y recuerda.

- La primera imagen: su niñez y sus padres.

- La segunda imagen: sus amigos y Yuliana.

Diferentes versiones de la introducción: Ferney cae y recuerda

A cada número corresponde el texto del cuento, tal cual fue escrito en esa versión, más un comentario entre paréntesis […]

1

Es verdad que con el peligro de muerte se revive la vida en instante. Albeiro Suárez lo comprobó al caer de… La primera imagen fue el suelo abajo, muy abajo.

[La idea del cuento está plasmada en esta frase, pero no refleja la experiencia directa del protagonista. Las expresiones “es verdad que”, Albeiro “lo comprobó”, “la primera imagen fue” no reflejan su vivencia, sino la de alguien externo a él]

2

(la siguiente frase es una nota que hace parte del borrador: mostrar? cuando cayó lo primero que vio fue esto, luego seguir con las imágenes sin decir que vida se revive..?!) Albeiro Suárez comprobó al caer del Salto del Tequendama que con el peligro inminente de muerte se revive la vida en instante.

En los primeros instantes de la caída las imágenes de las rocas de las paredes se desvanecieron.

[La nota en en cursiva apunta a corregir lo que indiqué en el comentario anterior. Después, en la frase “En los primeros instantes…” hay un primer intento por reflejar mejor esa vivencia. Se da una percepción del protagonista: “las rocas de las paredes”, que además contribuye a dar un impresión del lugar donde ocurre la acción.  Retiré la expresión “la primera imagen”, que aparecía en la versión anterior, porque no encaja con la experiencia de Ferney, que no sabe que será la primera].

3

En los primeros instantes al caer del Salto del Tequendama las imágenes de las rocas de las paredes se desvanecieron. Una extraña tranquilidad se apoderó de Albeiro Suárez mientras desfilaban imágenes de su pasado.

[Se eliminó la primera frase anterior y se remplazó por la que intenta dar una versión más vivencial]

4

Albeiro Suárez trató con desespero de agarrase de algo pero solo encontró el vacío del Salto del Tequendama. Su cuerpo giró en el aire y vio alejarse las rocas oscuras de la pared. Era el fin, caía al abismo.

Lo invadió una extraña tranquilidad acompañada de imágenes centelleantes.

[En esta versión se agregó una acción desesperada más propia de alguien que cae al vacío o, mejor, que lo empujan. La idea de caer, tratar de agarrarse de algo y no poder despierta angustia. Se describe la caída con más detalles.]

5

Ferney Roldán trató con desespero de agarrase de algo pero solo encontró el vacío del Salto del Tequendama. Su cuerpo giró en el aire y vio alejarse las rocas oscuras de la pared. Era el fin, caía al abismo.

El pánico paralizó su sangre y su pensamiento.

Imágenes de su vida desfilaron en un instante frente él.

[Además del desespero se agregó pánico y se retiró la tranquilidad. Cambié el nombre para reflejar mejor al personaje que había emergido durante el cuento. Quité la “tranquilidad” y la remplacé por la fatalidad para abrir el espacio a las imágenes del pasado; no creo que Ferney estuviera tranquilo].

6

Ferney Roldán trató con desespero de agarrase de algo pero solo encontró el vacío del Salto del Tequendama. Su cuerpo giró en el aire y vio alejarse las rocas oscuras de la pared. Era el fin, caía al abismo.

El pánico paralizó su sangre y su pensamiento.

Imágenes de su vida desfilaron como instantáneas frente a él:

[Solo un cambio menor en esta versión]

Diferentes versiones de la primera imagen: su niñez y sus padres

1

Luego vio una golpiza de su padre, los gritos de su madre. Él escondiéndose debajo de la cama, luego escapando a la calle.

[En el primer borrador está una idea básica de un hogar conflictivo]

2

Vio primero unas botellas y unas tapas, niños que corren sobre una calle polvorienta al lado de un rancho de latas. Su padre con los ojos salidos y una correa en la mano. El rostro angelical de su madre lleno de lágrimas.

[Niñez sin juego no es niñez y es mejor como imagen de rebeldía que esconderse debajo de la cama. Quité lo de los gritos de la madre, porque no es una imagen que se pueda ver, y los cambié por una imagen de su rostro. La imagen de la calle y el rancho o casucha, tienen el propósito de recrear un entorno, que da también una imagen de pobreza]

3

Vio primero unas botellas y unas tapas, niños que corren sobre una calle polvorienta al lado de un rancho de latas. Su padre con los ojos salidos y una correa en la mano. El rostro angelical de su madre lleno de lágrimas.

[No hubo cambios en esta versión]

4

Niños que corren tras unas botellas y unas tapas en una calle polvorienta al lado de un rancho de latas desde donde su padre lo llama con los ojos bien abiertos y una correa en la mano. Su madre llora atrás al pie de los fogones.

[Se omite el “vio primero” por ser redundante. Además, de nuevo, la idea es que la narración sea vivencial, que se muestre lo que ve el protagonista, en vez de decir que ve tal cosa. Por otra parte, junté las dos frases referentes al padre y a la madre, para intentar unificar la imagen, pero, como se verá más adelante, esa solución no fue buena].

5

Niños que corren tras unas tapas en una calle polvorienta al lado de un rancho de latas, desde donde su padre lo llama con los ojos bien abiertos y una correa en la mano. Su madre llora al pie de los fogones.

[En esta versión solamente quité las botellas. Tapas da una idea suficiente del juego.]

6

Niños que corren tras unas tapas en una calle polvorienta al lado de un rancho de latas, desde donde su padre lo llama con los ojos bien abiertos y una correa en la mano.

La sonrisa temblorosa de su madre que lo invita a rezar junto a una veladora.

[Finalmente decidí crear una imagen aparte para la madre, pues la primera imagen ya tenía demasiados elementos. La nueva imagen refleja sus penurias y las del hogar, pero de forma no muy evidente. ¿Por qué reza? ¿Por qué tiembla su sonrisa? Suponemos que por el malestar de pobreza y situación emocional del hogar.]

Diferentes versiones de la segunda imagen: sus amigos y Yuliana

1

Los ojos negros de Yuliana, las ganas de invitarla a helado. a rumbear (…)

[Primero solamente una frase sobre la forma en que Ferney conoció a su futura mujer]

2

Una cortina de flores en la ventana y atrás la gallada en el parque del barrio. Los ojos negros y las trenzas de Yuliana, sus vestidos cortos, su sonrisa detrás de una copa de helado, detrás de luces de discoteca.

[Quité “las ganas de…”, porque no es una imagen que Ferney pudiera ver en su caída. Se añaden más detalles sobre Yuliana. Agregué un lugar donde el protagonista la conoce. Añadí lo de la cortina de flores con la intención de meter en una sola imagen el rancho donde vive Ferney y el parque. Sin embargo, es algo que decidí cambiar después].

3

Una cortina de flores en la ventana y atrás la gallada en el parque del barrio. Los ojos negros y las trenzas de Yuliana, sus vestidos cortos, su sonrisa detrás de una copa de helado, detrás de luces de discoteca.

[no hay cambios en esta versión]

4

La gallada en el parque del barrio al lado del poste de luz. Atrás, Yuliana pasa caminando en un vestido corto, sus ojos negros entre trenzas del mismo color que lo miran.

[En la “imagen” de la tercera versión había tres o más imágenes de lugares. El cuarto (la cortina de flores…), el parque, el lugar donde comen helado, la discoteca. Demasiadas imágenes. Dejé una sola, el parque, donde están los amigos de Ferney y por donde pasa Yuliana].

5

La gallada en el parque al lado del poste de luz. Atrás, Yuliana camina en un vestido corto de flores con unos ojos verdes que brillan entre trenzas negras.

[Más color, con las flores en el vestido y los ojos verdes que contrastan con las trenzas negras.]

6

La gallada en el parque junto al poste de la luz y Yuliana que pasa por el andén en un vestido corto de flores y lo mira con ojos verdes que brillan entre trenzas negras.

[Junté las dos frases para que quedara una sola imagen].

 

Últimos comentarios

El primer borrador de un cuento, novela corta o novela no es más que eso, un borrador. Después viene un trabajo de revisión, de reescritura, que puede cambiarlo en gran proporción respecto a lo que era en un comienzo.

¿Se podría seguir mejorando este cuento? Seguro que sí. Pero en algún momento uno dice ya, hasta ahí y lo da por terminado. De hecho, parafraseando a un famoso poeta, no existen los textos terminados, sino abandonados.

Sin embargo, si algún lector ve errores o cosas por corregir, que sirvan para mejorar la escritura de nuevos cuentos, le agradezco me lo haga saber.

 

Cómo encontrar buenas ideas

Andreas Sandberg Flickr Blog 6 foto

Foto de Andreas Sandberg (Flickr)

A todos nos ha ocurrido que en algún momento un pensamiento llama nuestra atención y nos hace preguntar:

- ¿Cómo fue que terminé pensando en esto?

Nos asombramos, porque estábamos ocupados en un asunto diferente o reflexionando sobre otro tema. Seguramente, alguna vez hemos procedido a desandar el camino de las ideas que nos llevaron a ese pensamiento. Por ejemplo:

Se me acaba de ocurrir que quiero ir a caminar al parque, porque me acordé de la vez que fui al parque con Viviana. Y recordé la ida al parque con Viviana, porque fue la última vez que la vi. Y me acordé de la última vez que la vi, porque se me vino a la mente un texto escrito con el estilo de ella. Y pensé en ese texto porque buscaba ideas para escribir un artículo.

No es más que un ejemplo de la forma como fluyen nuestros pensamientos a lo largo del día. Cuando no estamos concentrados en algo específico nuestra mente navega sin cesar de un pensamiento a otro. Incluso cuando estamos concentrados en algo, nuestro cerebro  busca la menor excusa para salirse de ese estado y comenzar con sus ensoñaciones.

Pero, ¿cómo pasa nuestra mente de una idea a otra? ¿Son saltos que se realizan al azar? No. Los pensamientos que se suceden se parecen entre sí en algún aspecto. En nuestro ejemplo, la idea “caminar en el parque” se parece a la idea “la última vez que fui al parque con Viviana”, en que ambas ocurren en el parque. Y el pensamiento “la última vez que vi a Viviana” tiene en común con “un texto con el estilo de Viviana” a la persona en cuestión, Viviana.

Las ideas se conectan por algo en común que tienen entre sí. Puede ser su ubicación, su relación con un tercer elemento o persona, una cualidad compartida, en fin.

Por otra parte, una misma idea no nos llevará siempre a pensar en lo mismo. Una vez se conectará con una idea y, a la siguiente, con otra muy diferente.

La creatividad

Ahora bien, la creatividad consiste en gran medida en asociar ideas de forma novedosa, de una manera en que nadie lo había hecho. Un invento, un idea de negocios, una idea para una historia, un nuevo plato de cocina, una publicidad nueva, una canción, no son cosas absolutamente nuevas sino formas nuevas de combinar ideas o elementos.

¿Y de dónde viene la inspiración para combinar las ideas de una forma diferente? Algunos diríamos que viene de un ámbito espiritual y/o en todo caso de lo más profundo de la mente, del inconsciente, pues allí es donde están los deseos, los miedos, las inquietudes, el pasado, tanto de cada persona, como de la sociedad y en general de nuestra condición humana.

¿Y cómo podemos acceder a esta cualidad de la mente para crear algo o, en el caso específico de la escritura, para escribir una historia?

En muchos casos accedemos simplemente proponiéndonoslo. Pensando en eso. Así, nuestra mente generará ideas que aparecerán en algún momento del día, quizás en un momento impensado o de relajación. En el caso de la escritura, estoy seguro de que todos hemos tenido ideas para historias, ideas sobre una situación curiosa, llamativa o problemática que podría dar lugar a una historia. Por eso es es importante estar listo para reconocerlas y anotarlas.

Pero después, muchas veces no se nos ocurre nada más para que esa idea llegue a ser una historia o llegamos a un punto del relato en el que nos atascamos. Por ejemplo, tenemos la historia de alguien atrapado en una mina pero no se nos ocurre cómo hacer para que salga en poco tiempo de allí de una manera creíble. O se nos ocurrió la idea de una historia sobre unos tipos que secuestran un bus, pero no se nos ocurre qué más sucede a partir de ahí.

Foto de Frank Leon Family MWR U.S. Army (Flickr)

Foto de Frank Leon Family MWR U.S. Army (Flickr)

Una técnica basada en la meditación

Para salir de ese atasco podemos emplear una técnica basada en la meditación que figura en el libro de Dorothea Blande, Becoming a Writer.

La meditación busca aquietar la mente del flujo incesante de pensamientos que mencionamos anteriormente para acceder a una paz o a un estado espiritual mejor.

Eso no es fácil de lograr. Si nos concentramos en una idea específica durante un lapso de tiempo prolongado y somos conscientes de lo que pensamos, veremos que más temprano que tarde nuestra mente comienza a saltar a otras ideas diferentes.

Después de practicar un poco con esta forma de concentración, podemos aplicar esta técnica al problema específico de avanzar en la creación de una historia (seguramente funcionará para otro tipo de creaciones).

Para ello, en un estado de relajación mental, nos concentramos en el punto específico de la historia que nos está dando problemas.

El personaje en el socavón o los tipos que secuestran el bus o cualquier otra idea. .

De este modo, nuestra mente, por la característica que mencionamos más arriba, comenzará a generar ideas por asociación. Apenas se aleje demasiado, volveremos a concentrarnos en la idea original. Pero debemos fijarnos en cuáles son las ideas que se crean cada vez que nos alejemos de la idea primera.

Eso es todo. Seguiremos ese mismo proceso hasta que lleguemos a una idea que nos satisfaga para solucionar nuestro problema o continuar nuestra historia.

Es posible que al comienzo nos cueste trabajo. Y también es posible que a medida que seamos más creativos, que estemos más conectados con nuestra capacidad de generar ideas, las encontremos con más facilidad y no necesitemos usar tanto esta técnica. Pero siempre será una valiosa herramienta a la cual recurrir.

Veámoslo en palabras de Dorothea Brande, en una variación de este método:

“trata de mantener la idea de una historia, o un personaje, en tu mente y deja que la calma se centre en ella. Comenzarás a ver resultados increíbles. Ideas que veía como académicas y poco convincentes tomarán forma y color; un personaje que parecía ser una marioneta se moverá y respirará. Consciente o inconscientemente todo escritor exitoso utiliza esta facultad para darle vida a sus creaciones” (Dorothea Brande, 1981 [1934] Becoming a Writer, NY, Penguin Putnam, p. 166).

Cuentos y novelas con buenos comienzos

Amanecer, Mike DelGaudio (Flickr)

Como lectores nos encontramos por primera vez con un texto al leer sus primeras frases. Por eso el comienzo de un cuento o novela es muy importante. Nos introduce a la historia, tanto en el sentido de meternos en ella, de atraparnos, como en el de presentarnos el género, el mundo y el tono en el que se desarrollará.

Las primeras frases nos atrapan de varias maneras:

- Crean suspenso con una amenaza al bienestar de alguien. No sabemos cómo se va a resolver esa situación y queremos seguir leyendo.

- Generan intriga, preguntas sobre por qué ocurre algo de lo que se narra allí.

- Generan tensión, al presentar un conflicto entre dos o más personas.

- Plantean un reto o ciertas dificultades a los que se enfrenta una persona y queremos saber si las superará.

Estas características se entremezclan, claro está. Por ejemplo, todo conflicto genera suspenso sobre su resolución. Pero lo importante es tener claro que como escritores debemos procurar atraer al lector hacia la historia de alguna manera.

Por otra parte, dijimos que las primeras frases nos presentan el tipo de historia que se va a desarrollar. Esto ocurre de varias maneras:

- ¿Qué tipo de historia es? ¿A qué género pertenece? ¿Es una historia que se desarrolla en un mundo de fantasía, es un relato de suspenso en el mundo contemporáneo o es un romance histórico? Muchas veces esto no queda claro en las primeras frases, pero otras veces el autor sí da elementos en ese sentido.

- ¿En qué ambiente o mundo se desarrolla la historia? ¿En un país en particular o en un planeta de otra galaxia?

- ¿Se trata de una historia ligera o de una historia densa? ¿Su estilo es coloquial o es intrincado?

Como lector y escritor, prefiero los libros de literatura comercial y en ellos es más importante comenzar la historia a un buen ritmo, con el tipo de situaciones descritas al comienzo, es decir, con cierta tensión. Sin embargo, aún en géneros como el suspenso o la novela policíaca esto no es estrictamente necesario. Algunos autores prefieren comenzar con frases no tan impactantes o llamativas y dejar que la tensión vaya creciendo después.

Veamos diversos ejemplos de varios escritores y fijémonos en lo que caracteriza las primeras frases de algunos de sus escritos:

Algunos cuentos y novelas con buenos comienzos

“Se había convertido en un acontecimiento anual. Hoy el destinatario de la flor cumplía ochenta y dos años. Al llegar el paquete, lo abrió y le quitó el papel regalo. Acto seguido, cogió el teléfono y marcó el número de un ex comisario de la policía criminal que, tras jubilarse, se había ido a vivir a orillas del lago Siljan.” (Stieg Larson, Los hombres que no amaban a las mujeres).

¿Por qué alguien recibe una flor de regalo cada año y además al momento de recibirla llama a la policía criminal? Intrigante, sin duda, como es el resto de la trilogía de Stieg Larson.

***

“No saludó al entrar. Yo estaba repasando sobre una badana la mejor de mis navajas. Y cuando lo reconocí me puse a temblar. Pero él no se dio cuenta. Para disimular continué repasando la hoja”. (Hernando Téllez, Espuma y nada más) (Un cuento breve de un escritor colombiano que vale la pena leer. Se puede encontrar en la publicación Ciudad viva o en la revista Soho, entre otros.

En este caso queremos saber por qué el narrador se pone a temblar. ¿Quién es la persona que entra? ¿Es una amenaza para él? ¿Por qué?

***

“El padre Selzinck despertó en mitad de la noche con un cuchillo de pescado en la garganta” (Espía de Dios, Juan Gómez Jurado”).

“Henry Caulder supo por el ruido de las pisadas que venían a matarlo” (Grant Blackwood, “Sacrificial Lion” en Thriller editado por James Patterson).

En ambos casos quedamos en suspenso por la amenaza que se cierne sobre la vida de ambos personajes. ¿Vivirán? También queremos saber por qué los quieren matar.

***

“El señor y la señora Dursley, del número 4 de la calle Privet, se enorgullecían de decir que eran perfectamente normales, muchas gracias. Eran las últimas personas que uno esperaría ver involucradas en algo extraño o misterioso, porque simplemente no estaban de acuerdo con esas cosas”. (J.K. Rowling, Harry Potter and the Sorcerer´s Stone).

En estas frases se plantea el conflicto entre una familia normal, demasiado normal, y el mundo de lo extraño o misterioso. Sabemos que algo fuera de lo normal ocurrirá y queremos saber qué es.

***

“Cuando muere Viktor Strandgård, en realidad no es la primera vez que sucede. Está tumbado de espaldas en la iglesia de la Fuente de Nuestra Fortaleza y mira hacia arriba a través de los enormes ventanales que hay en el techo. Es como si no hubiera nada entre él y el oscuro cielo de invierno” (Åsa Larsson, Aurora boreal)

Así comienzan muchas historias de misterio, con un crimen. ¿Por qué mataron a Viktor? ¿Quién lo mató? En este ejemplo se añade una intriga adicional con la frase “no es la primera vez que sucede”. Además, aquí se presentan el lugar del acontecimiento, una iglesia, y la época del año en que ocurren los hechos, invierno.

“Ciencias del comportamiento, la sección del FBI que se encarga de los asesinatos en serie, está ubicada en el piso inferior del edificio de la Academia en Quántico, medio enterrada en la tierra.” (Thomas Harris, The Silence of the Lambs)

Se nos anuncia que la novela tendrá que ver con un asesino en serie. ¿A quiénes matará y por qué? Además, el autor nos lleva a un lugar de renombre que además tiene algo de misterioso (“medio enterrada en la tierra”). Nos da curiosidad saber qué más ocurre allí.

***

Galaxia Messier 81 (NASA)

“Hari Seldon-…nacido en el año 11988 de la Era Galáctica; murió en el 12069. Las fechas se encuentran con más frecuencia en términos de la presente Era Fundacional como -79 al año 1 E.F.” (Isaac Asimov, Foundation).

Un comienzo con mucha intriga. ¿Por qué se acabó una Era de 12000 años? ¿Qué es la Era Fundacional? ¿Quién es Hari Seldon? ¿Desempeñó un papel en ese cambio de Era? Se nos dice además claramente que se trata de una historia futurista, de ciencia ficción.

***

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea…” (Gabriel García Márquez, Cien años de soledad).

De entrada se nos deja en suspenso e intriga con lo del pelotón de fusilamiento. ¿Lo ejecutarán? ¿Por qué? Las frases además dan el tono del libro: una saga familiar con viviencias curiosas en un lugar remoto.

***

“El socio sénior estudió la hoja de vida por centésima vez y en esta ocasión tampoco encontró nada que le disgustara sobre Michael Y. McDeere, al menos no en el papel. Tenía la inteligencia, la ambición, la apariencia. Y tenía deseos de progresar; se veía en lo que había hecho hasta el momento. Estaba casado y eso era obligatorio. La firma de abogados nunca había contratando un abogado soltero y no miraba con buenos ojos el divorcio, ni a quienes iban tras las mujeres o el trago. En el contrato se especificaba que habría una prueba para detectar drogas.” (John Grisham, The Firm).

Aquí contemplamos un reto, ¿logrará Michael entrar a esa firma? Además hay algo de intriga, ¿qué firma es esa y por qué es tan exigente?

***

“Cuando Brooks entró en la celda el otro ya estaba allí. Sentado al fondo en el jergón cabeceaba hacia delante y hacia atrás, maldiciendo y murmurando algo que solo él entendía o quería entender, ignorándole por completo. Los guardias habían registrado a Brooks de arriba abajo y le habían ordenado que se quitase la corbata y los cordones, más vale prevenir, le habían dicho, nunca se sabe.” (Trato hecho, Ignacio Ferrando Pérez, Ganador Premio Juan Rulfo de Cuento 2007)

Ya es una situación de suspenso entrar a una celda a visitar a un preso. Y aún más si le advierten al visitante que antes se quite la corbata y los cordones.

Este cuento se puede leer en la página web del autor.

***

“Dortmunder se sonó la nariz.

- Guardia –dijo-, no sabe cuando aprecio la atención personal que me presta.

No supo que hacer con el kleenex así que lo volvió una bola y los sostuvo en su puño”

(The Hot Rock, Donald E. Westlake).

El tono de la novela, cómico, queda claramente anunciado. ¿Qué novela comienza con alguien que se suena la nariz y luego hace una bola con el pañuelo desechable para guardarlo en el puño?

Nota: las citas textuales de los libros cuyo título se cita en inglés son traducciones libres.

Para ser creativos tenemos que limitarnos

Parece una contradicción, pero para ser creativos tenemos que limitarnos. Aparentemente la creatividad es libertad total y expresión sin límites. Pero no es así.

Límites de espacio

Hace unos años la FIFA decidió que los árbitros penalizaran con tarjeta amarilla a los jugadores que salieran de la cancha a celebrar un gol. Antes de esa norma, la celebración por excelencia consistía en una carrera desaforada del anotador hacia la tribuna mientras saltaba y alzaba los brazos, para luego abrazarse con sus compañeros. Pero después de la nueva norma de la FIFA algo curioso ocurrió. Al no poder salir de la cancha, muchos futbolistas comenzaron a inventar todo tipo de celebraciones: bailes en grupo, coreografías, mímicas, piruetas. Todos las hemos visto en algún partido de fútbol o en el noticiero. Estos jugadores se inclinaron entonces por desfogar la energía contenida durante la tensión del juego mediante su creatividad y no simplemente mediante una carrera desbocada.

La analogía no se aplica exactamente igual, pero se parece a lo que ocurre en la escritura.

Quien no ha escrito o quiere comenzar a escribir puede tener el temor de limitarse a un espacio tan pequeño como una hoja en blanco.

Y, sin embargo, concentrando en la página toda nuestra energía mediante la combinación de letras en palabras y palabras en frases, tenemos la capacidad de crear un sinfín de historias. Limitándonos a un recuadro blanco y a 27 caracteres accedemos a una creatividad infinita.

Valoremos la riqueza a la que accedemos mediante las palabras y que está disponible para cualquier que la busque.

Foto de Viajar24h.com (Flickr)

Límites de tiempo

A muchos nos ha tocado en algún momento escribir algo que no se nos facilitó: un trabajo, un informe o una carta para el colegio, la universidad o la oficina. Y seguramente muchos vimos como pasaba el tiempo sin que lográramos siquiera comenzar a escribir el texto. Y, sin embargo, faltando poco para que se terminara el plazo de entrega, quizás la misma víspera, nos sentábamos a escribir y presionados por la urgencia nos salían cinco, diez o más páginas de un tirón. Lográbamos crear en poco tiempo algo que antes parecía difícil y luego nos sentíamos reconfortados por haber logrado algo así en un tiempo tan corto.

Cuando nos ponemos un propósito, el propósito firme de crear algo con una fecha límite y nos ponemos manos a la obra, nuestra creatividad se ve forzada a funcionar.

¿Pero en los ejemplos anteriores (la universidad, la oficina…) no se trataba acaso de un plazo impuesto por alguien y no de un propósito propio?

Sí, pero en cada caso nosotros decidíamos si cumplíamos el plazo o no a pesar de las sanciones que hubiera (notas, calificaciones, reprimenda del jefe, etc.). En últimas la decisión de actuar venía de nosotros mismos.

Algo similar ocurre con la escritura de ficción que hacemos por placer, exploración o profesión.

Yo había leído alunas cosas sobre escritura pero aún no escribía un cuento. Leí “Zen en el arte de escribir” (Zen in the Art of Writing) de Ray Bradbury y ahí él decía que en un momento de su vida escribía un cuento cada semana. El lunes lo escribía, el martes lo revisaba, el miércoles también y así hasta que el sábado lo enviaba a alguna revista para ofrecerlo en venta. El domingo buscaba ideas. La semana siguiente lo mismo. No se frenaba por falta de ideas, no dudaba por esto o aquello, no comenzaba el cuento y lo dejaba sin terminar. No. Simplemente se sentaba y lo hacía. Escribía un cuento cada semana, no un cuento cada vez que se le ocurriera una buena idea ¿Y por qué cada semana? Porque decidió que así sería. Porque se imponía un límite de tiempo y lo cumplía costara lo que le costara.

Parece poco o mucho dependiendo cómo se mire. Pero cuando uno no ha escrito nada es un gran avance. (Lo mismo aplica para blogs, columnas de prensa, etc.).

¿Qué se necesita entonces? Nada. Solo la firme determinación de hacerlo.

Y no importa qué tan bueno quede el cuento. El siguiente quedará mejor. Lo importante es escribirlo, corregirlo varias veces y listo. Al lograrlo ganaremos confianza para saber que se puede, para escribir otro y otro más.

Mejorar requerirá tiempo, práctica y estudio. Pero primero hay que comenzar. Y ese es un buen comienzo.

¿Qué esperas? Hazlo.