Archivos Mensuales: noviembre 2012

Cuentos y novelas con buenos comienzos

Amanecer, Mike DelGaudio (Flickr)

Como lectores nos encontramos por primera vez con un texto al leer sus primeras frases. Por eso el comienzo de un cuento o novela es muy importante. Nos introduce a la historia, tanto en el sentido de meternos en ella, de atraparnos, como en el de presentarnos el género, el mundo y el tono en el que se desarrollará.

Las primeras frases nos atrapan de varias maneras:

– Crean suspenso con una amenaza al bienestar de alguien. No sabemos cómo se va a resolver esa situación y queremos seguir leyendo.

– Generan intriga, preguntas sobre por qué ocurre algo de lo que se narra allí.

– Generan tensión, al presentar un conflicto entre dos o más personas.

– Plantean un reto o ciertas dificultades a los que se enfrenta una persona y queremos saber si las superará.

Estas características se entremezclan, claro está. Por ejemplo, todo conflicto genera suspenso sobre su resolución. Pero lo importante es tener claro que como escritores debemos procurar atraer al lector hacia la historia de alguna manera.

Por otra parte, dijimos que las primeras frases nos presentan el tipo de historia que se va a desarrollar. Esto ocurre de varias maneras:

– ¿Qué tipo de historia es? ¿A qué género pertenece? ¿Es una historia que se desarrolla en un mundo de fantasía, es un relato de suspenso en el mundo contemporáneo o es un romance histórico? Muchas veces esto no queda claro en las primeras frases, pero otras veces el autor sí da elementos en ese sentido.

– ¿En qué ambiente o mundo se desarrolla la historia? ¿En un país en particular o en un planeta de otra galaxia?

– ¿Se trata de una historia ligera o de una historia densa? ¿Su estilo es coloquial o es intrincado?

Como lector y escritor, prefiero los libros de literatura comercial y en ellos es más importante comenzar la historia a un buen ritmo, con el tipo de situaciones descritas al comienzo, es decir, con cierta tensión. Sin embargo, aún en géneros como el suspenso o la novela policíaca esto no es estrictamente necesario. Algunos autores prefieren comenzar con frases no tan impactantes o llamativas y dejar que la tensión vaya creciendo después.

Veamos diversos ejemplos de varios escritores y fijémonos en lo que caracteriza las primeras frases de algunos de sus escritos:

Algunos cuentos y novelas con buenos comienzos

“Se había convertido en un acontecimiento anual. Hoy el destinatario de la flor cumplía ochenta y dos años. Al llegar el paquete, lo abrió y le quitó el papel regalo. Acto seguido, cogió el teléfono y marcó el número de un ex comisario de la policía criminal que, tras jubilarse, se había ido a vivir a orillas del lago Siljan.” (Stieg Larson, Los hombres que no amaban a las mujeres).

¿Por qué alguien recibe una flor de regalo cada año y además al momento de recibirla llama a la policía criminal? Intrigante, sin duda, como es el resto de la trilogía de Stieg Larson.

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“No saludó al entrar. Yo estaba repasando sobre una badana la mejor de mis navajas. Y cuando lo reconocí me puse a temblar. Pero él no se dio cuenta. Para disimular continué repasando la hoja”. (Hernando Téllez, Espuma y nada más) (Un cuento breve de un escritor colombiano que vale la pena leer. Se puede encontrar en la publicación Ciudad viva o en la revista Soho, entre otros.

En este caso queremos saber por qué el narrador se pone a temblar. ¿Quién es la persona que entra? ¿Es una amenaza para él? ¿Por qué?

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“El padre Selzinck despertó en mitad de la noche con un cuchillo de pescado en la garganta” (Espía de Dios, Juan Gómez Jurado”).

“Henry Caulder supo por el ruido de las pisadas que venían a matarlo” (Grant Blackwood, “Sacrificial Lion” en Thriller editado por James Patterson).

En ambos casos quedamos en suspenso por la amenaza que se cierne sobre la vida de ambos personajes. ¿Vivirán? También queremos saber por qué los quieren matar.

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“El señor y la señora Dursley, del número 4 de la calle Privet, se enorgullecían de decir que eran perfectamente normales, muchas gracias. Eran las últimas personas que uno esperaría ver involucradas en algo extraño o misterioso, porque simplemente no estaban de acuerdo con esas cosas”. (J.K. Rowling, Harry Potter and the Sorcerer´s Stone).

En estas frases se plantea el conflicto entre una familia normal, demasiado normal, y el mundo de lo extraño o misterioso. Sabemos que algo fuera de lo normal ocurrirá y queremos saber qué es.

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“Cuando muere Viktor Strandgård, en realidad no es la primera vez que sucede. Está tumbado de espaldas en la iglesia de la Fuente de Nuestra Fortaleza y mira hacia arriba a través de los enormes ventanales que hay en el techo. Es como si no hubiera nada entre él y el oscuro cielo de invierno” (Åsa Larsson, Aurora boreal)

Así comienzan muchas historias de misterio, con un crimen. ¿Por qué mataron a Viktor? ¿Quién lo mató? En este ejemplo se añade una intriga adicional con la frase “no es la primera vez que sucede”. Además, aquí se presentan el lugar del acontecimiento, una iglesia, y la época del año en que ocurren los hechos, invierno.

“Ciencias del comportamiento, la sección del FBI que se encarga de los asesinatos en serie, está ubicada en el piso inferior del edificio de la Academia en Quántico, medio enterrada en la tierra.” (Thomas Harris, The Silence of the Lambs)

Se nos anuncia que la novela tendrá que ver con un asesino en serie. ¿A quiénes matará y por qué? Además, el autor nos lleva a un lugar de renombre que además tiene algo de misterioso (“medio enterrada en la tierra”). Nos da curiosidad saber qué más ocurre allí.

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Galaxia Messier 81 (NASA)

“Hari Seldon-…nacido en el año 11988 de la Era Galáctica; murió en el 12069. Las fechas se encuentran con más frecuencia en términos de la presente Era Fundacional como -79 al año 1 E.F.” (Isaac Asimov, Foundation).

Un comienzo con mucha intriga. ¿Por qué se acabó una Era de 12000 años? ¿Qué es la Era Fundacional? ¿Quién es Hari Seldon? ¿Desempeñó un papel en ese cambio de Era? Se nos dice además claramente que se trata de una historia futurista, de ciencia ficción.

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“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea…” (Gabriel García Márquez, Cien años de soledad).

De entrada se nos deja en suspenso e intriga con lo del pelotón de fusilamiento. ¿Lo ejecutarán? ¿Por qué? Las frases además dan el tono del libro: una saga familiar con viviencias curiosas en un lugar remoto.

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“El socio sénior estudió la hoja de vida por centésima vez y en esta ocasión tampoco encontró nada que le disgustara sobre Michael Y. McDeere, al menos no en el papel. Tenía la inteligencia, la ambición, la apariencia. Y tenía deseos de progresar; se veía en lo que había hecho hasta el momento. Estaba casado y eso era obligatorio. La firma de abogados nunca había contratando un abogado soltero y no miraba con buenos ojos el divorcio, ni a quienes iban tras las mujeres o el trago. En el contrato se especificaba que habría una prueba para detectar drogas.” (John Grisham, The Firm).

Aquí contemplamos un reto, ¿logrará Michael entrar a esa firma? Además hay algo de intriga, ¿qué firma es esa y por qué es tan exigente?

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“Cuando Brooks entró en la celda el otro ya estaba allí. Sentado al fondo en el jergón cabeceaba hacia delante y hacia atrás, maldiciendo y murmurando algo que solo él entendía o quería entender, ignorándole por completo. Los guardias habían registrado a Brooks de arriba abajo y le habían ordenado que se quitase la corbata y los cordones, más vale prevenir, le habían dicho, nunca se sabe.” (Trato hecho, Ignacio Ferrando Pérez, Ganador Premio Juan Rulfo de Cuento 2007)

Ya es una situación de suspenso entrar a una celda a visitar a un preso. Y aún más si le advierten al visitante que antes se quite la corbata y los cordones.

Este cuento se puede leer en la página web del autor.

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“Dortmunder se sonó la nariz.

– Guardia –dijo-, no sabe cuando aprecio la atención personal que me presta.

No supo que hacer con el kleenex así que lo volvió una bola y los sostuvo en su puño”

(The Hot Rock, Donald E. Westlake).

El tono de la novela, cómico, queda claramente anunciado. ¿Qué novela comienza con alguien que se suena la nariz y luego hace una bola con el pañuelo desechable para guardarlo en el puño?

Nota: las citas textuales de los libros cuyo título se cita en inglés son traducciones libres.

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Para ser creativos tenemos que limitarnos

Parece una contradicción, pero para ser creativos tenemos que limitarnos. Aparentemente la creatividad es libertad total y expresión sin límites. Pero no es así.

Límites de espacio

Hace unos años la FIFA decidió que los árbitros penalizaran con tarjeta amarilla a los jugadores que salieran de la cancha a celebrar un gol. Antes de esa norma, la celebración por excelencia consistía en una carrera desaforada del anotador hacia la tribuna mientras saltaba y alzaba los brazos, para luego abrazarse con sus compañeros. Pero después de la nueva norma de la FIFA algo curioso ocurrió. Al no poder salir de la cancha, muchos futbolistas comenzaron a inventar todo tipo de celebraciones: bailes en grupo, coreografías, mímicas, piruetas. Todos las hemos visto en algún partido de fútbol o en el noticiero. Estos jugadores se inclinaron entonces por desfogar la energía contenida durante la tensión del juego mediante su creatividad y no simplemente mediante una carrera desbocada.

La analogía no se aplica exactamente igual, pero se parece a lo que ocurre en la escritura.

Quien no ha escrito o quiere comenzar a escribir puede tener el temor de limitarse a un espacio tan pequeño como una hoja en blanco.

Y, sin embargo, concentrando en la página toda nuestra energía mediante la combinación de letras en palabras y palabras en frases, tenemos la capacidad de crear un sinfín de historias. Limitándonos a un recuadro blanco y a 27 caracteres accedemos a una creatividad infinita.

Valoremos la riqueza a la que accedemos mediante las palabras y que está disponible para cualquier que la busque.

Foto de Viajar24h.com (Flickr)

Límites de tiempo

A muchos nos ha tocado en algún momento escribir algo que no se nos facilitó: un trabajo, un informe o una carta para el colegio, la universidad o la oficina. Y seguramente muchos vimos como pasaba el tiempo sin que lográramos siquiera comenzar a escribir el texto. Y, sin embargo, faltando poco para que se terminara el plazo de entrega, quizás la misma víspera, nos sentábamos a escribir y presionados por la urgencia nos salían cinco, diez o más páginas de un tirón. Lográbamos crear en poco tiempo algo que antes parecía difícil y luego nos sentíamos reconfortados por haber logrado algo así en un tiempo tan corto.

Cuando nos ponemos un propósito, el propósito firme de crear algo con una fecha límite y nos ponemos manos a la obra, nuestra creatividad se ve forzada a funcionar.

¿Pero en los ejemplos anteriores (la universidad, la oficina…) no se trataba acaso de un plazo impuesto por alguien y no de un propósito propio?

Sí, pero en cada caso nosotros decidíamos si cumplíamos el plazo o no a pesar de las sanciones que hubiera (notas, calificaciones, reprimenda del jefe, etc.). En últimas la decisión de actuar venía de nosotros mismos.

Algo similar ocurre con la escritura de ficción que hacemos por placer, exploración o profesión.

Yo había leído alunas cosas sobre escritura pero aún no escribía un cuento. Leí “Zen en el arte de escribir” (Zen in the Art of Writing) de Ray Bradbury y ahí él decía que en un momento de su vida escribía un cuento cada semana. El lunes lo escribía, el martes lo revisaba, el miércoles también y así hasta que el sábado lo enviaba a alguna revista para ofrecerlo en venta. El domingo buscaba ideas. La semana siguiente lo mismo. No se frenaba por falta de ideas, no dudaba por esto o aquello, no comenzaba el cuento y lo dejaba sin terminar. No. Simplemente se sentaba y lo hacía. Escribía un cuento cada semana, no un cuento cada vez que se le ocurriera una buena idea ¿Y por qué cada semana? Porque decidió que así sería. Porque se imponía un límite de tiempo y lo cumplía costara lo que le costara.

Parece poco o mucho dependiendo cómo se mire. Pero cuando uno no ha escrito nada es un gran avance. (Lo mismo aplica para blogs, columnas de prensa, etc.).

¿Qué se necesita entonces? Nada. Solo la firme determinación de hacerlo.

Y no importa qué tan bueno quede el cuento. El siguiente quedará mejor. Lo importante es escribirlo, corregirlo varias veces y listo. Al lograrlo ganaremos confianza para saber que se puede, para escribir otro y otro más.

Mejorar requerirá tiempo, práctica y estudio. Pero primero hay que comenzar. Y ese es un buen comienzo.

¿Qué esperas? Hazlo.

Desarrollo de un cuento o historia: complicaciones y posibilidades

Foto de Matt Reinbold (Flickr)

Las narraciones de la literatura comercial son “historias no tanto contemplativas, sino historias extraordinarias de gente que lucha contra las dificultades para conseguir lo que quiere y donde su bienestar está en juego.” (http://bit.ly/RJFn6v).

Más que una definición teórica o exhaustiva, esta formulación tiene el propósito de darnos elementos para comenzar a escribir cuentos o historias. Ya vimos algunos ejemplos iniciales.

Ahora, ¿cómo seguir desarrollando un cuento a partir de una situación en la que alguien quiere algo pero enfrenta un obstáculo?

Con complicaciones adicionales u obstáculos más grandes que se presentan cuando se soluciona, se evade o se intenta resolver el obstáculo inicial.

Hagamos un ejercicio sencillo. Pensemos una situación en la que alguien quiere algo y le surge una dificultad para conseguirlo.

Yo voy a utilizar el ejemplo de la entrada anterior del blog en el que Pedro García soñaba con manejar un taxi.

Pero antes, tengamos presente que hay infinitas historias y que cada historia puede tomar infinitos caminos por sencilla que sea. Los límites los coloca la imaginación. Ser conscientes de esto y experimentar con esas posibilidades nos ayuda a darnos cuenta de que no es tan complicado escribir un cuento.

El primer obstáculo

En el ejemplo que menciono existirían muchas historias previas al momento en que Pedro consigue su taxi. Pero comencemos cuando ya lo compró:

¿Qué obstáculos pueden surgir que le dificulten cumplir su sueño de manejar ese taxi recién comprado?

– Ya habíamos mencionado uno en la entrada anterior del blog: el día que lo va a estrenar alguien lo amenaza diciéndole que debe pagarle 4 millones a un jefe mafioso para poder sacarlo a la calle.

Veamos otros:

– El primer día de trabajo alguien le sabotea el taxi en la madrugada. Digamos que una llanta amanece desinflada o pinchada.

– Le roban el taxi.

– Policías lo paran en un retén, requisan el taxi y encuentran un cadáver en el baúl.

Vale la pena señalar que el tipo de obstáculo que le coloquemos a nuestro protagonista puede definir el tipo de historia que contamos. Las anteriores apuntan al suspenso, pero puede haber otros que creen un mundo de drama o fantasía:

– Pedro se ve involucrado en un accidente, un choque, que le hace dudar de su sueño de dedicarse a manejar taxi.

– Pedro se sube al vehículo pero no logra conducirlo porque un trauma de su niñez lo bloquea.

– Un hada maligna aparece en el taxi y le dice a Pedro que el carro está embrujado y que debe realizar un rito para desencantarlo (fantasía).

Foto de Bethany Nowviskie (Flickr)

Complicaciones adicionales y lucha del protagonista

Ahora, ¿cómo desarrollar estas historias? Con complicaciones adicionales relacionadas con la primera dificultad o con los intentos del protagonista por resolverla. Veámoslo para algunos de los ejemplos:

– Cuando le dicen a Pedro que debe pagar 4 millones para poder sacar su taxi a las calles, éste podría hacer varias cosas: por ejemplo, ignorar la advertencia y salir a manejar. En este caso, una complicación adicional sería que lo atacaran físicamente, lo golpearan y le dijeran que debe pagar o atenerse a las consecuencias. Ante esto, Pedro podría llamar a la Policía, pero a lo mejor llega un agente corrupto que trabaja para el jefe mafioso. O Pedro podría comprar un arma para defenderse si lo atacan de nuevo. Quizás lo emboscan una noche y él hiere a uno de los asaltantes. O mejor, en el cruce de disparos muere un pasajero…que resulta ser el hijo del jefe mafioso.

– Veamos un posible desarrollo de la historia en la que Pedro encuentra una llanta pinchada en la mañana de su primer día de trabajo. Digamos que resuelve esta dificultad sencilla despinchando la llanta y saliendo a trabajar. Pero al día siguiente las cuatro llantas amanecen pinchadas. Pregunta a los vecinos si alguien vio algo, al vigilante de la cuadra, pero nadie sabe nada. Considera guardar el taxi en un garaje por las noches, pero le saldría muy costoso. Decide pasar la noche en vela para vigilar el vehículo y duerme en la sala al lado de la ventana. Pero por el cansancio de trabajar todo el día con su taxi se duerme. Más tarde, un ruido lo despierta y sale corriendo medio dormido. Alguien lo golpea y cae inconsciente. La noche del tercer día repite su intento de vigilancia, esta vez con un gran termo de café al lado. Escucha de nuevo un ruido, sale corriendo y descubre a la persona que le dañaba el carro… (continuará).

– El caso de la historia del trauma de infancia sería un drama, pero podemos ensayar a desarrollarlo. (Quizás puede ser un drama con trazos de suspenso, por mi sesgo hacia ese género). Pedro cree que sabe manejar, pero se sienta al volante y se bloquea. Suda. No logra arrancar. Pasa uno o dos días en la casa sin hacer nada. Vuelve a intentarlo y le da una crisis de nervios. Comienza a recordar su pasado. Un camión en su infancia en el que viajaba con su padre y madre por todo el país. Recuerda que su padre y madre delinquían, robaban y él debía cuidar el camión e incluso manejarlo en momentos de apuro cuando ellos escapaban de un robo. Su gusto por manejar viene de esa época, pero surgió de una actividad delictiva.  El protagonista debe enfrentar las tensiones que vivió en esos robos, el recuerdo de sus padres delinquiendo y conciliar todo eso con su deseo de ganarse la vida honestamente manejando. Ahora, supóngase que sus padres se enteran de que él compró un taxi y acuden a él para que les ayude a robar un banco… (continuará)

Cada una de estas historias puede variar en cada momento dependiendo del obstáculo que coloquemos y de la forma en que el protagonista lo enfrente. Hay infinitas complicaciones posibles. Pero tampoco debemos abrumarnos porque a medida que desarrollamos la historia encontraremos obstáculos o retos que se nos antojan naturales pues llevan la historia en una misma dirección, continúan el tono de la misma o relacionan de forma interesante varios de sus elementos.

Veamos una variación sencilla. Supongamos que la persona que le pide al taxista 4 millones en representación de un jefe mafioso es en realidad alguien pagado por el que le vendió el taxi al protagonista. El vendedor quiere recomprar el vehículo a un precio más bajo cuando Pedro no logre ponerlo a producir.

O, en la historia del trauma de infancia, el evento traumático podría ser un accidente que Pedro vivió en su niñez. En este caso, el protagonista debe enfrentar sus miedos mientras maneja. Quizás encuentra un accidente en una calle y se paraliza…. pero debe reponerse para transportar una de las víctimas al hospital y así de paso sanar su trauma.

En cualquier caso, las complicaciones o dificultades aumentan y el protagonista debe enfrentarlas hasta llegar a la resolución final.

 El final

En la ficción comercial (suspenso, thrillers, ciencia ficción, romance, fantasía, etcétera) el protagonista en general logra lo que quiere, aunque pase por penurias o experimente pérdidas durante el camino.

Pero no basta simplemente con eso para tener un buen final. En una próxima entrada del blog escribiré sobre algunos elementos para un final satisfactorio, que incluyen, entre otros, una sorpresa o una relaboración de un elemento prefigurado en el cuento o narración.

Por ejemplo, en la historia en la que todas las noches le sabotean el taxi a Pedro, al final él descubre que la persona que lo saboteaba era… su esposa. Porque no quería que su marido, que antes trabajaba en la casa, saliera durante largas horas a la calle. Por supuesto, en este caso tocaría mencionar a la esposa durante el desarrollo del cuento, quizás de manera opuesta para crear sorpresa: es decir, la esposa lo alentaba en su proyecto, pero en realidad no quería que su marido se alejara. Quizás ahora ella termine acompañándolo en el taxi durante parte de su día de trabajo.

En el caso del taxista con el trauma causado por la profesión de ladrones de sus padres, supongamos que ellos vuelven atraídos por el carro que compró su hijo. Le piden un favorcito, llevarlos a atracar un banco, la primera carrera de su primer día de trabajo. El taxista lo hace, muerto de los nervios, pero al salir del banco lleva el taxi directo a una estación de la Policía… en este caso un final dramático para una historia dramática.

Entonces, ¡a darle complicaciones a nuestro protagonista para que las enfrente y resuelva!

Las historias que contamos

Foto de Martin Garnham (PhotoXpress)

Historias extraordinarias

Cuando le contamos un relato a un familiar o amigo por lo general trata de eventos que se salen de lo acostumbrado: extra-ordinarios. Sucesos que vale la pena rescatar de días que en general transcurren con cierta rutina.

No contamos todo lo que hacemos en un día, en primer lugar, porque sería imposible: narrar un día exacto tal y como lo vivimos nos tomaría por lo menos un día (di un paso, luego otro, después otro más). En segundo lugar, también resultaría aburrido. Todos sabemos cómo es viajar en bus durante media una hora y no sería un gran placer escuchar a alguien contándonos eso.

Entonces, no relatamos todo un día de trabajo, pero sí una reunión en la que nuestro jefe nos planteó la posibilidad de un ascenso. Tampoco contamos toda la espera en la fila de un banco, pero sí que entraron unos tipos encapuchados a robarlo. Finalmente, no contamos que vimos varias mujeres bonitas en la universidad, sino que hablamos con una en especial que conocimos.

 Historias que afectan los deseos o expectativas de las personas y su bienestar

Pero estas historias son llamativas no solamente por ser extraordinarias, sino también porque chocan o cumplen deseos o expectativas específicas de las personas, afectando su bienestar.

Por ejemplo, en el caso de la posibilidad de un ascenso laboral, la historia es más llamativa si el trabajador anhelaba esa oportunidad desde hace mucho tiempo. Y captaría más nuestra atención si el trabajador dependiera  de ese ascenso para salvar su casa, pues está colgado con las cuotas de la hipoteca. En este caso su bienestar económico estaría en riesgo.

En el caso del robo en el banco, la historia sería más llamativa si la persona que está haciendo fila es un policía. En este caso, no solo se altera su expectativa de ir al banco con normalidad, sino que además está de por medio su propósito de cumplir su deber profesional (impedir un robo). Además, su bienestar, su vida misma, estaría en riesgo.

Y, tercero, en el ejemplo romántico, supongamos que la mujer especial con la que el personaje habla es una mujer de la que estuvo perdidamente enamorado hace diez años, el amor de su vida, y que solo hasta hoy vuelve a ver. Su bienestar emocional está en juego.

Historias con estructura y dificultades

Una estructura mínima de las historias que contamos, que observamos también en nuestra vida, consiste en que queremos algo, luchamos por eso y lo conseguimos o no lo conseguimos.

Antes de volver a nuestras historias, veámoslo en asuntos corrientes: queremos un traje especial, trabajamos para conseguir la plata, lo buscamos en varias tiendas, lo encontramos y lo compramos. Queremos resolver un problema de matemáticas, buscamos la solución por un lado y otro, la encontramos. Queremos aprobar un curso, estudiamos mucho, hacemos trabajos y exámenes, lo aprobamos. Queremos hacer una fiesta, invitamos gente, buscamos música, disponemos el lugar, la realizamos.

En el caso de las historias que contamos, resultan más interesantes cuando las personas pasan por dificultades para alcanzar sus objetivos. Nos identificamos con esas luchas porque como seres humanos sabemos que no siempre es fácil conseguir lo que se quiere.

Veámoslo:

En el caso del banco, supongamos que los tipos encapuchados amarran al vigilante, pero llega la Policía y rodea el lugar. Los asaltantes toman a los clientes de rehenes, descubren al policía, le quitan el arma y lo amarran. Lo amenazan con matarlo si la Policía intenta entrar al banco. Le va a quedar más difícil evitar el robo, pero digamos que en nuestra historia no será imposible.

En el caso del empleado al que le ofrecen el ascenso, supongamos que hay otro candidato y que el ascenso solo se lo van a dar a uno de los dos. El rival le juega sucio al empleado y hace el jefe encuentre unos documentos robados en su escritorio. Además el rival le dice al jefe que el empleado no hace bien su trabajo.

Y en el caso de la mujer que el personaje no veía hace diez años, supongamos que ella le cuenta que siempre estuvo enamorada de él, pero que su esposo la amenazó con matarla para que se casara con él. De hecho, la muerte supuestamente accidental de uno de los hermanos de ella fue en realidad un asesinato de advertencia.

Foto de Piotr Bizior (stock.xchng)

Las historias que contamos

De las historias que contamos a amigos o familiares no es largo el camino que hay hasta las historias que contamos para entretener a los demás en cuentos, novelas cortas o novelas.

Esta clase de historias que hemos construido es la clase de historias que se cuentan en la literatura comercial: suspenso, acción, thrillers, policíacas, ciencia ficción, romance, fantasía. Historias no tanto contemplativas, sino historias extraordinarias de gente que lucha contra las dificultades para conseguir lo que quiere y donde su bienestar está en juego.

Para crearlas es bueno conocer sus partes y comenzar a experimentar con las ideas. Después se agregarán nuevos elementos y se complejizarán las historias, pero es un comienzo.

Podemos hacer el ejercicio básico de crear un personaje, que quiere algo pero encuentra dificultades para conseguirlo. Lucha contra la adversidad y eventualmente alcanza su propósito.

Veámoslo de nuevo en un ejemplo crudo que escribo sobre la marcha, en el que lo único que importa es dar un vistazo a esos elementos:

“Pedro siempre quiso trabajar como taxista. Después de cinco años de arduo trabajo y de pedir un crédito se compró un taxi pequeño pero nuevo que le permitiría realizar su sueño. El primer día en que iba a sacar el carro a trabajar un hombre lo interceptó antes de subirse a su vehículo en un barrio de la periferia de la ciudad.

– Pedro García -dijo con fuerza una voz a su lado.

A Pedro se le cortó la respiración y se giró.

– ¿Quién es usted? –dijo Pedro consternado ante el aspecto amenazante del hombre-. ¿Cómo sabe mi nombre?

– Nosotros sabemos todo lo que ocurre aquí. Y usted debe saber que para circular con un taxi tiene que pagarle 4 millones al Jefe.

– ¿Cómo? ¿De qué me habla? Lo acabo de comprar.”

Etcétera…

Posdata

¿Qué pasaría si uniéramos las tres historias de los ejemplos que se desarrollaron arriba?

¿Si el policía que está en el banco está buscando un ascenso? ¿Si el rival que lo quiere sabotear está con los policías que rodean el banco dándole quejas a su jefe? ¿Si el rival le dice al jefe dice que el policía es un cómplice de los atracadores y fabrica alguna prueba? ¿Y si en el mismo banco el policía encontró a la mujer que no veía hace diez años, al amor de su vida? ¿Si el esposo de la mujer es uno de los atracadores del banco que también la amenazó para que trabajara en eso?

Tendríamos una historia con varias sub-historias, pero eso ya es tema para otra entrada del blog.