Archivos Mensuales: octubre 2015

Ideas para cuentos – Asociaciones de ideas y creatividad

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Foto de Sarah Lee (Freeimages.com)

En la primera clase del curso que mencioné en la entrada del blog anterior leímos un par de cuentos cortos. Estos dos relatos fueron un minicuento, “El dinosaurio”, de Arturo Monterroso (“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Ese es el minicuento, siete palabras) y un cuento de Gabriel García Márquez, “Un día de estos”.

En un cuento tan corto como el del dinosaurio, los lectores pueden tener diversas interpretaciones sobre él mismo, y eso en efecto fue lo que se reflejó en los comentarios de la clase. ¿Qué pensarías tú del cuento? Al leerlo, yo pensé en una alusión a una historia de ciencia ficción, pues me gustan ese tipo de textos y he escrito y publicado cuentos de ese género. Pero otras personas dieron otras muy diferentes.

Al leer “Un día de estos”, se nos preguntó qué nos llamaba la atención. También hubo muchas respuestas diferentes. A mí me llamó la atención el contraste entre el ritmo lento del comienzo y la tensión posterior. Pero hubo comentarios sobre la situación política, las relaciones de poder, la construcción del relato, la relación con otros cuentos de la colección, etcétera.

Un análisis teórico de un cuento busca identificar una gran cantidad de elementos de un relato. De hecho, lo que se puede decir de un cuento, por la misma multiplicad de visiones posibles sobre el mismo, puede ser infinito. Por ello lo importante para este blog no es cuál es el análisis de tal o cual texto, sino para qué nos sirve en relación con la práctica de la escritura.

Esta misma diversidad de análisis, opiniones o perspectivas sobre un cuento nos permite apreciar la infinidad de las asociaciones posibles del pensamiento que suscita una historia en los lectores. A cada persona le llama la atención algo distinto y se forma distintas ideas sobre una historia.

Por otra parte. el proceso de análisis tiende a ser más racional, en la medida en que busca identificar toda una serie de elementos de forma “objetiva”. Sin embargo, los análisis también están influenciados en mayor o menor medida por el gusto, las preferencias de los temas, las creencias, etcétera. En el proceso de escritura creo que ocurre un  poco al contrario. Se basa más en lo que nos gusta, a pesar de que también tenga elementos analíticos. Se dice “escribe sobre lo que conoces”, pero ante todo creo que debe ser “escribe sobre lo que te gusta”. Si te gusta, quizás lo conoces, y si no lo conoces lo investigas con gusto porque quieres conocer.

Cuando buscamos ideas para cuentos o novelas, hay situaciones, ideas, elementos, que nos llaman la atención y sobre los cuales nosotros podemos crear asociaciones propias de ideas para a partir de allí escribir una historia. Y sobre un mismo elemento inicial cada persona podrá tener ideas muy distintas.

Por ejemplo, los concursos de cuentos donde se da una frase, un párrafo o una imagen para que a partir de allí cada concursante elabore un relato, reciben tantos cuentos diferentes como participantes.

Esto sirve para que nos demos cuenta que es fácil encontrar ideas, algo que puede parecernos difícil si no tenemos práctica. (ver también: cómo encontrar buenas ideas y encontrar ideas y desarrollarlas).

Una forma de buscar ideas es estar atentos y buscar un tema que nos llame la atención, una noticia, una situación, un libro, un pasaje y luego darle rienda suelta a nuestra creatividad para a partir de allí crear una historia. Cualquier situación, imagen, lectura que nos llame la atención pueden llevarnos a crear una historia derivada a partir de ella gracias a nuestras propias asociaciones de ideas.

Por ejemplo, una vez vi una persona en la calle, con un vestido que me pareció raro. Eso bastó para a partir de ahí crear una historia, que sería muy distinta para cada persona a la que se le dijera escribe un cuento sobre esa persona.

En otra ocasión leía un cuento de ciencia ficción sobre teletransportación. Pero no me gustó la forma en que el autor manejaba esta idea. Pensé entonces en escribir una historia que me gustara sobre ese mismo tema. De allí surgió el cuento “Teletransportación” publicado en el libro “El vidente y otros cuentos”. Si dijera ya mismo escribe un cuento sobre teletransportación o creemos un concurso de cuento con el tema teletransportación, saldrían miles de historias diferentes. Pero como a lo mejor ese tema no sea de tus favoritos, puedes buscar otros que te llamen la atención y de allí de será mucho más fácil y placentero encontrar una historia que contar.

Hace unos días estaba haciendo deporte y decidí aprovechar ese momento para buscar una idea para el cuento que va a completar mi siguiente libro de cuentos. Como me gustan los deportes y estaba haciendo deporte, me dije “voy a buscar una idea sobre ese tema”. Pensé primero en alguien trotando, que ocurriera algo con otra persona, algo así, pero no encontré nada por ahí. Luego pensé en el boxeo y tras pensar un par de minutos pensando en el tema se me ocurrió una historia que aún no he escrito, pero que pronto lo haré.

Generalmente partimos de una situación básica y de allí hay que pensar en algo que le añada algún tipo de conflicto, tensión, incertidumbre, emoción, etcétera, pues parafraseando una cita cuyo autor no recuerdo: “No hay historia en las situaciones felices”. Por algo existe la famosa frase con la que se cierran o cerraban algunos cuentos infantiles “fueron felices y comieron perdices”. Ahí acaba el cuento porque ya no hay más historia. Si todo está muy bien y nada raro ocurre no hay una historia interesante. (ver: las historias que contamos).

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Foto de clashed (Stockxchng)

Por ejemplo, pensemos una situación muy sencilla. Una pareja está comiendo en su casa. Supongamos que no pasa nada, terminen de comer y se van a acostar. No habría historia. Ahora imaginemos cosas que podría ocurrir que generarían una historia interesante:

1) –No te había contado. José llega mañana –dice ella.

2) Él se pone a llorar de repente y dice: –No me los vas a perdonar, no…

3) –Tengo que contarte algo muy importante –dice ella–, algo que pasó hace diez años.

4) Él saca una pistola.

5) ­–No vas a creer lo que me pasó hoy –dice ella.

6) -Esto se terminó, Margarita, mañana me voy –dice él.

Etcétera. Podríamos seguir buscando situaciones a partir de las cuales saldrían historias. No solo eso. De cada una de estas situaciones imaginarias, se desprenden sucesivamente una infinidad de ramificaciones. Por ejemplo, tomemos el punto 1). De allí podemos derivar muchas historias: ¿Quién es José y por qué llega?: a) un hijo de la pareja que busca ayuda por tal o cual razón; b) el exmarido de la mujer; c) un amigo al que le deben mucho dinero; d) un primo condenado por narcotráfico que vuelve deportado de Europa; e) el hermano de alguien que ellos atropellaron en un accidente hace muchos años y de quien se hicieron amigos después; etcétera. Lo mismo con cualquier otro punto. Ensayemos con el de la pistola: a) –mi vida termina aquí –dice él; b) –lo siento pero tengo que matarte–dice él; c) –Por fin la compré –dice él–, ya no tenemos excusa para no hacerlo; d) –Jamás pensé que lo haría, fueron dos tiros. Atrás está el cadáver –dice él; e) –Voy a venderla, no quiero verla más en esta casa –dice él. Etcétera.

Estos ejemplos y lo mencionado antes debe servirnos para darnos cuenta de que es fácil encontrar ideas para relatos. Es cuestión de insistir y practicar y las encontraremos cada vez con mayor facilidad.

 

 

 

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Decálogo del perfecto cuentista – Horacio Quiroga – Con comentarios

Fotos de Nasa (Flickr.com)

Fotos de Nasa (Flickr.com)

Me inscribí a un curso sobre cuento corto en la Universidad de los Andes en Bogotá, una buena ocasión para retomar este blog, no con el contenido de las clases, ni mucho menos, pues este pertenece a la Universidad, pero sí con comentarios o reflexiones mías sobre los textos asignados que cualquiera puede conseguir o comprar, o sobre lo acontecido en el curso en general. Creo que es una experiencia para compartir con quienes están interesados en escribir cuentos.

Al respecto hay que aclarar, en primer lugar, que se trata de un curso sobre literatura tradicional (a diferencia de lo que yo escribo, que podría llamarse literatura de entretenimiento o literatura comercial). Por supuesto, hay muchos aspectos en común entre estos dos grandes grupos de géneros literarios y en parte en eso me basé para inscribirme al curso. Espero apreciar, disfrutar y aprender de esos aspectos en común. Pero también habrá cosas que no me gusten tanto y a partir de ese contraste también espero reforzar o encontrar nuevos énfasis que expresen lo que busco en la literatura de entretenimiento. En segundo lugar, el curso es de teoría, no de escritura práctica. Este blog se centra en la escritura y en cómo mejorarla. No se realizan análisis teóricos ni se aborda la teoría, salvo para dar herramientas prácticas que sirvan para elaborar un escrito. Por lo tanto, si comento algo de la teoría vista o leída, también será en ese mismo sentido práctico.

Uno de los primeros textos asignados para leer es el “Decálogo del perfecto cuentista” de Horacio Quiroga. Se encuentra en muchas páginas de internet. A continuación lo reproduzco con algunos comentarios míos, previos a la clase en que se discutirá. Alguna vez pensé realizar este mismo ejercicio con un texto semejante de Chandler. En otra ocasión será, por ahora aprovecharé la oportunidad para comentar este.

 

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Decálogo del perfecto cuentista

I

Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo.

II

Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.

III

Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

Cuando tenemos la idea de escribir algo, un cuento, una narración, con frecuencia esa inquietud surge porque leemos algo que nos gustó, nos impactó.

Muchas veces esto no es un proceso consciente, pero con frecuencia sí lo es y los autores mismos dicen en sus entrevistas que tales lecturas los marcaron, que tal o cual escritor fue una influencia para ellos. En otros casos son los teóricos quienes detectan esa influencia. De cualquier manera, ese es el proceso normal del aprendizaje. Algo nos gusta y queremos hacer algo parecido porque lo disfrutamos.

Al escribir, cada cual debe buscar su propia voz, su propio estilo. Escribir es dejar salir nuestra personalidad. Todo lo que escribimos tiene la influencia de lo que somos y parte de lo que somos es lo que leemos. Las influencias siempre están allí, pero son cada vez menores a medida que desarrollamos nuestro propio estilo.

Escribe el tipo de textos que te gustan, el tipo de literatura que te gusta, pero busca cada vez más que tu propia expresión resalte. Recuerda qué libros te gustaron, qué cuentos, y escribe algo ideado por ti, pero que conserve cierto tono, cierta semejanza con lo que te gusta.

IV

Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

De nuevo el gusto, e incluso al amor. Escribimos porque nos gusta, porque es algo grato, porque nos divertimos, porque así le damos sentido a lo que nos rodea, porque queremos compartir algo, porque queremos crear, porque amamos. Escribir es un proceso de emociones, de gusto, de corazón.

V

No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

Tanto el comienzo como el final son muy importantes en un cuento. Ver las entradas del blog sobre comienzos y finales.

VI

Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: “Desde el río soplaba el viento frío”, no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.

La manera más sencilla de decir las cosas es contarlas tal como se nos ocurren. Hay autores con excelentes estilos narrativos, complejos, bellos, sin que por ello sean de difícil lectura.  Para empezar, sin embargo, lo más conveniente es narrar de la forma más sencilla posible. El solo hecho de contar una y otra vez, por el deseo de no repetir, conduce a que busquemos nuevas formas de expresar las mismas ideas. Luego, por el tono, por la misma complejidad de las historias, por el dominio del lenguaje, las lecturas y la experiencia, el estilo evolucionará, se hará más fluido y complejo, pero sin perder la facilidad de comunicación.

VII

No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

VIII

Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

Un cuento va al punto. Es decir, se cuenta una historia muy concreta, en unas pocas páginas. No hay tiempo para elaborar temas que no se relacionen de forma directa con la historia. Incluso en las novelas de la literatura de entretenimiento, tampoco se suele elaborar mucho sobre temas poco relacionados con la trama.

IX

No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

La literatura es en buena parte emoción mediada, emoción que se maneja, se administra, se lleva en olas incrementales para lograr un mejor efecto. Si escribimos directamente desde la emoción quizás tengamos una excelente y transparente expresión de la misma, pero una historia no tan rica.

X

No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

Creo que este comentario apunta a que el cuento debe ser una creación autocontenida, que se sostenga por sí misma, que cualquier persona en cualquier lugar lo pueda leer, entender y disfrutar. Por otra parte, no es negativo pensar en el impacto que tendrá el cuento en el lector, pues al fin y al cabo la escritura es comunicación. Pero la escritura debe complacernos en primer lugar a nosotros mismos. Y si otra persona, por ejemplo, un lector de prueba, nos hace ver que cierta parte de un cuento o una novela no es buena, la podemos cambiar. Pero el cambio no será para complacer a ese lector, sino para lograr una mejor historia con la que también nosotros estemos de acuerdo.