“La chismosa”

Tardes y noches pasaba Misía Ernestina en la ventana que daba a la plaza, a la espera de eventos para comentar en la peluquería, el café, la iglesia. Horas aguardaba para detectar el roce sugerente de dos amantes, la llegada de un forastero, el alegato de dos conocidos, el nuevo auto de Don Rumiano y hasta un asesinato tarde en la noche, el de Bernabé. Ese sí que fue un gran suceso y ella, gustosa, narró con detalles y a quien la quiso escuchar, cómo la sombra esperó en una esquina para acuchillar a la finada. El comisario también le pidió su testimonio. Le llamaron la atención el entusiasmo, los detalles, la falta de empatía, y la insistencia en que Bernabé fue acuchillada. Porque al asesino, capturado no lejos del pueblo, le encontraron un cuchillo limpio en una bolsa, con una fajo de billetes. El machete con sangre apareció cerca del río. Misía Ernestina se quebró. Con magras palabras confesó que había mandado matar a Bernabé porque le decía “La chismosa”.

 

 

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