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Tranquilidad bien ganada

Cuando el hombre desenfundó la pistola y la apuntó a mi pecho, decidí, con extraña calma, que no haría nada.

Ello, a pesar de que el dueño de la tienda, en una gasolinería en un pequeño pueblo de Estados Unidos, me había mostrado las armas que guardaba cerca de la caja registradora.

Decidí entregar el dinero sin oponer resistencia, porque yo no había cruzado la frontera para buscar problemas, sino para darle tranquilidad a mi familia. Alejarla de las pandillas, las riñas constantes, la inestabilidad económica y la pobreza. Alejarla de todo aquello que acechó mi juventud en la colonia.

Pero cuando entró la señora con una niña de su mano, y el tipo las empujó y tumbó, no lo pensé: tomé el cañón, lo jalé y moví a un costado, y le di al tipo un cabezazo en la nariz que produjo un horrible craquido. Soltó la pistola, tomé su cabeza, y la golpeé contra el mostrador varias veces. El hombre cayó al piso, donde quedó inmóvil.

Finalmente sí hice algo: retirar a un delincuente más de las calles, para tranquilidad de mi familia.

[Francisco Rodríguez]

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Eficiencia

Tras meses de ganarme la confianza de Héctor, por fin lo acompañaba en su avioneta. Sabíamos que trabajaba para los carteles, pero no cuál era su labor.

-Ahhh, esta parte me recuerda los ochenta -dijo feliz al sobrevolar el norte de Miami Beach-. Era tal la demanda de coca, que dejamos de perder tiempo con pistas lejanas y ocultas. Volábamos hasta acá, y ¿ve las casas después del campo de golf? El patrón compró tres cuadras. No alcanzaba a gastarse todo el billete. Sobrevolábamos bajo y dejábamos caer los atados de droga, sin importar que rompieran techos. Salían directo a las calles o se enviaban al norte en camiones.  

-Fiuuuu -silbé impresionado.

-Esa fue la época dorada -dijo y suspiró-. Luego la DEA empezó a apretar. No ayudó que un paquete cayera en el campo de golf y dañara el green preferido del alcalde.

-Después del once de septiembre sería peor, me imagino -dije para traerlo al presente, lo que me interesaba.

-Claro. Se volvió imposible traerla en avionetas.

-Buen momento para retirarse, entonces.

-Jeje, Alejo, ni tanto. La droga llega al sur de Estados Unidos en submarinos, lanchas, camiones, autos. Pero hay formas más eficientes de llevarla al norte, ¿no?

 

[Alejandro Rodríguez]

Evidencia

Los casos que me tocan, pensé y solté un largo suspiro.

-¡Ay, no! ¡Ay, no! -chilló el hombre, una vez más, en la camilla-. ¡Ayúdeme, doctor!

-Tranquilo -le dije con voz de seda-. Ya está mejor.

El hombre movía la cabeza como veleta. Sus ojos parecían dos huevos fritos.

-Cuénteme, ¿qué es lo último que recuerda? -dije.

-Eh… eh… un árbol… muy cerca… muy cerca.

-Bien, ya comienza a recuperar la memoria. De paso, eso explica el golpe en su cara.

-Pero… pero… ¿qué pasó?

-Ya lo recordará y se lo contará a los policías que lo esperan apenas esté mejor.

-¡Aaaaahhhhhh! -gritó y se tanteó los bolsillos-. No, no, la policía no.

-Demasiado tarde, ya tienen la evidencia… aunque no muy limpia. Dos consejos para el futuro. Primero, si no quiere policía, no venda drogas. Segundo, si lo van a capturar, no se las coma.

[Bernardo Andrade]

Negocio redondo

Negocio redondo

–¿Ochocientos Papás Noel? ¿Un cuarto entero para eso y otro para árboles de navidad? –dije desconcertado–. ¿En un edificio empresarial?

–Ya no puedo usal bodegas –dijo Wang con su marcado acento–. Ahola sí combaten el contlabando de mi país.

– Pero el arriendo debe valer una fortuna.

–No. Un amigo de antinalcóticos me lo consiguió casi glatis.

–Fiuuuuuu –el silbido de asombro fue automático–. Bueno, me llevo un Papá Noel, si insistes. Uno de esos que tienen hilos sueltos.

–Nooooo –Wang dio un salto–. Esos no.

Lo miré como si me hablara en su lengua materna.

–Los defectuosos vuelven a China.

–Aaahhhh, control de calidad, garantía. Es una mejoría.

–No, Édgal –Wang siguió en un susurro–. Vuelven a China, pero rellenos de cocaína. Es un negocio ledondo.

[Édgar Duarte]

 

 

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Decálogo del perfecto cuentista – Horacio Quiroga – Con comentarios

Fotos de Nasa (Flickr.com)

Fotos de Nasa (Flickr.com)

Me inscribí a un curso sobre cuento corto en la Universidad de los Andes en Bogotá, una buena ocasión para retomar este blog, no con el contenido de las clases, ni mucho menos, pues este pertenece a la Universidad, pero sí con comentarios o reflexiones mías sobre los textos asignados que cualquiera puede conseguir o comprar, o sobre lo acontecido en el curso en general. Creo que es una experiencia para compartir con quienes están interesados en escribir cuentos.

Al respecto hay que aclarar, en primer lugar, que se trata de un curso sobre literatura tradicional (a diferencia de lo que yo escribo, que podría llamarse literatura de entretenimiento o literatura comercial). Por supuesto, hay muchos aspectos en común entre estos dos grandes grupos de géneros literarios y en parte en eso me basé para inscribirme al curso. Espero apreciar, disfrutar y aprender de esos aspectos en común. Pero también habrá cosas que no me gusten tanto y a partir de ese contraste también espero reforzar o encontrar nuevos énfasis que expresen lo que busco en la literatura de entretenimiento. En segundo lugar, el curso es de teoría, no de escritura práctica. Este blog se centra en la escritura y en cómo mejorarla. No se realizan análisis teóricos ni se aborda la teoría, salvo para dar herramientas prácticas que sirvan para elaborar un escrito. Por lo tanto, si comento algo de la teoría vista o leída, también será en ese mismo sentido práctico.

Uno de los primeros textos asignados para leer es el “Decálogo del perfecto cuentista” de Horacio Quiroga. Se encuentra en muchas páginas de internet. A continuación lo reproduzco con algunos comentarios míos, previos a la clase en que se discutirá. Alguna vez pensé realizar este mismo ejercicio con un texto semejante de Chandler. En otra ocasión será, por ahora aprovecharé la oportunidad para comentar este.

 

QuirogaHoracio Quiroga

Decálogo del perfecto cuentista

I

Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo.

II

Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.

III

Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

Cuando tenemos la idea de escribir algo, un cuento, una narración, con frecuencia esa inquietud surge porque leemos algo que nos gustó, nos impactó.

Muchas veces esto no es un proceso consciente, pero con frecuencia sí lo es y los autores mismos dicen en sus entrevistas que tales lecturas los marcaron, que tal o cual escritor fue una influencia para ellos. En otros casos son los teóricos quienes detectan esa influencia. De cualquier manera, ese es el proceso normal del aprendizaje. Algo nos gusta y queremos hacer algo parecido porque lo disfrutamos.

Al escribir, cada cual debe buscar su propia voz, su propio estilo. Escribir es dejar salir nuestra personalidad. Todo lo que escribimos tiene la influencia de lo que somos y parte de lo que somos es lo que leemos. Las influencias siempre están allí, pero son cada vez menores a medida que desarrollamos nuestro propio estilo.

Escribe el tipo de textos que te gustan, el tipo de literatura que te gusta, pero busca cada vez más que tu propia expresión resalte. Recuerda qué libros te gustaron, qué cuentos, y escribe algo ideado por ti, pero que conserve cierto tono, cierta semejanza con lo que te gusta.

IV

Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

De nuevo el gusto, e incluso al amor. Escribimos porque nos gusta, porque es algo grato, porque nos divertimos, porque así le damos sentido a lo que nos rodea, porque queremos compartir algo, porque queremos crear, porque amamos. Escribir es un proceso de emociones, de gusto, de corazón.

V

No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

Tanto el comienzo como el final son muy importantes en un cuento. Ver las entradas del blog sobre comienzos y finales.

VI

Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: “Desde el río soplaba el viento frío”, no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.

La manera más sencilla de decir las cosas es contarlas tal como se nos ocurren. Hay autores con excelentes estilos narrativos, complejos, bellos, sin que por ello sean de difícil lectura.  Para empezar, sin embargo, lo más conveniente es narrar de la forma más sencilla posible. El solo hecho de contar una y otra vez, por el deseo de no repetir, conduce a que busquemos nuevas formas de expresar las mismas ideas. Luego, por el tono, por la misma complejidad de las historias, por el dominio del lenguaje, las lecturas y la experiencia, el estilo evolucionará, se hará más fluido y complejo, pero sin perder la facilidad de comunicación.

VII

No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

VIII

Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

Un cuento va al punto. Es decir, se cuenta una historia muy concreta, en unas pocas páginas. No hay tiempo para elaborar temas que no se relacionen de forma directa con la historia. Incluso en las novelas de la literatura de entretenimiento, tampoco se suele elaborar mucho sobre temas poco relacionados con la trama.

IX

No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

La literatura es en buena parte emoción mediada, emoción que se maneja, se administra, se lleva en olas incrementales para lograr un mejor efecto. Si escribimos directamente desde la emoción quizás tengamos una excelente y transparente expresión de la misma, pero una historia no tan rica.

X

No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

Creo que este comentario apunta a que el cuento debe ser una creación autocontenida, que se sostenga por sí misma, que cualquier persona en cualquier lugar lo pueda leer, entender y disfrutar. Por otra parte, no es negativo pensar en el impacto que tendrá el cuento en el lector, pues al fin y al cabo la escritura es comunicación. Pero la escritura debe complacernos en primer lugar a nosotros mismos. Y si otra persona, por ejemplo, un lector de prueba, nos hace ver que cierta parte de un cuento o una novela no es buena, la podemos cambiar. Pero el cambio no será para complacer a ese lector, sino para lograr una mejor historia con la que también nosotros estemos de acuerdo.