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Leer más: por placer y para escribir mejor

Foto de takomabibelot (Flickr.com)

Foto de takomabibelot (Flickr.com)

Como lectores, es posible que queramos leer más por gusto o curiosidad, para aprender, porque nos lo han recomendado o por otras razones.

Como escritores, queremos leer más para aprender de otros escritores asimilando sus obras, su estilo, para saber qué se está escribiendo, para entender mejor los libros de determinado género. “Si quieres ser un escritor, debes concentrarte en hacer dos cosas por encima de las demás: leer mucho y escribir mucho” [1], dice Stephen King, como también lo han dicho otros escritores.

Como lectores aficionados, como escritores, seguramente todos nos hemos topado con obstáculos que nos han dificultado el propósito de leer más, incluso sin que nos hayamos dado cuenta. Veamos algunos de esos obstáculos y algunas ideas para superarlos.

Leer consume tiempo y esfuerzo. Desarrollar el hábito de la lectura lo hace más fácil

Leer es decodificar signos para transformarlos en ideas, imágenes, sensaciones.

Es una labor que requiere cierto esfuerzo. Si hemos leído mucho o leemos con frecuencia, a lo mejor ni siquiera nos damos cuenta de ese esfuerzo. Pero si hace mucho tiempo no leemos o nunca hemos leído constantemente, puede ocurrir que nos cansemos al leer un alto número de páginas o nos intimidemos ante libros voluminosos.

¿Cómo se hace más fácilmente algo que queremos hacer pero que implica esfuerzo?

Desarrollando un hábito. Si hacemos algo todos los días, con el paso del tiempo nos resultará más fácil y nos costará menos esfuerzo, hasta el punto de volverse casi imperceptible. Lo indicado es comenzar con poco e ir aumentando el tiempo de lectura o el número de páginas sin exagerar y según el interés o el objetivo de cada cual. Desarrollar este hábito es semejante a otros (que se vuelven disciplinas), como, por ejemplo, el ejercicio, la meditación, el aprendizaje de un instrumento musical y, claro, también la escritura (ver las entradas sobre escribir todos los días y escribir sin parar).

Aún si leer es fácil para nosotros, para leer más es necesario abrirle un espacio diario a la lectura por medio del hábito, para que sea algo constante e independiente de estados de ánimo o impulsos.

Un par de malas lecturas no significa que ya no nos guste leer

Es posible que nuestras últimas lecturas no hayan sido experiencias gratificantes, que hayan sido libros difíciles, libros de temas que en realidad no nos interesaban, mal escritos, con una trama poco interesante, etcétera.

Y es posible que, incluso sin darnos cuenta, hayamos dejado de leer por ese motivo, que inconscientemente hayamos pensado que como los últimos libros no fueron buenos, entonces es porque leer ya no nos gusta o algo así. O simplemente quedamos desanimados tras las lecturas y no buscamos otros libros para leer.

Entonces, debemos darnos cuenta de que lo malo no fue la lectura en sí, sino el o los libros que leímos. En consecuencia habrá que buscar libros que sí nos gusten, lo que se relaciona con el siguiente punto.

Foto de Luis de Bethencourt (Flickr.com)

Foto de Luis de Bethencourt (Flickr.com)

Hay que saber encontrar los libros que son de nuestro gusto

Si no tuvimos una experiencia agradable con uno o más libros, seguramente fue porque no nos gustaron. La insatisfacción con un libro es sobre todo un asunto de gusto y no de si el libro es “bueno” o “malo” en sí. Cualquier libro a unos les gustará y a otros no, porque cada persona prefiere ciertos géneros (autobiografía, ciencia ficción, superación, policíacos, novelas del siglo XIX, libros de historia, de divulgación científica, etcétera) y dentro de cada género ciertos temas, énfasis, tramas, ideologías, estilos, en fin, las posibilidades de la variación del gusto son ilimitadas.

Para leer libros que sean de nuestro gusto hay que resolver dos asuntos.

El primero es personal. Consiste en saber qué tipo de libros nos gustan. Para ello necesitamos explorar diferentes géneros y ser sinceros con nosotros mismos cuando un libro nos guste o no nos guste, independientemente de lo que diga el profesor, los críticos literarios o los premios que haya ganado. Si no somos consecuentes con esto, podríamos concluir que leer no es para nosotros porque no nos gustó un libro que otros alaban.

El segundo es saber buscar libros semejantes a los que nos han gustado. Para ello podemos pedir recomendaciones a amigos o seguir las que se encuentran en periódicos y revistas. Aunque hoy en día, con internet, es más fácil que antes, pues incluso basta buscar en Google “libros parecidos a” y colocar el título del libro, o “los mejores libros de terror”, de “ciencia ficción”, etcétera, o entrar a páginas o blogs especializados en reseñar libros.

Foto de Bruno Sánchez Andrade Nuño (Flickr.com)

Foto de Bruno Sánchez Andrade Nuño (Flickr.com)

En algunos países comprar libros es costoso, pero hay otras formas de acceder a ellos

En Estados Unidos comprar un libro de bolsillo vale una hora de salario mínimo. En Colombia un libro parecido se consigue por seis u ocho horas de salario mínimo.

Las razones de esto van más allá de esta entrada de blog, pero tienen que ver con el nivel de desarrollo de los países, el tamaño del mercado, la producción de los libros, entre otras.

Sin embargo, hay varias soluciones a este problema:

Las bibliotecas públicas tienen libros para casi todos los gustos y en muchos casos los prestan para llevarlos a la casa.

Se consiguen muy buenos libros de segunda mano a precios más asequibles.

Hoy en día la tecnología permite acceder a libros digitales a un costo mucho menor que los libros de papel. Los libros de dominio público no valen nada y el costo de los libros digitales tiende a disminuir.

Algunas editoriales sacan buenos libros en ediciones masivas que se consiguen no solo en librerías sino también en supermercados o con los periódicos.

Intercambiar libros con amigos es una buena opción, incluso poniéndose de acuerdo antes de comprarlos para no repetir.

Son algunas ideas, entre otras, pero siempre que se quiere hay una manera.


[1] King, Stephen, 2002. On Writing. Pocket Books, Nueva York, traducción libre, p. 139. Hay traducción al español: Mientras escribo, sello Debolsillo, editorial Random House Mondadori.

[2] Lo mismo, p. 142.

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