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La trama de un cuento o novela: planearla o no planearla

Foto de jane M. Sawyer (morguefile.com)

Foto de Jane M. Sawyer (morguefile.com)

¿Qué es la trama?

Cuando decimos que un libro tiene una muy buena trama, ¿a qué nos referimos?, ¿qué es la trama de una historia?

La trama es el conjunto de eventos y acciones que determinan y cambian el rumbo de una narración. En otra entrada del blog dijimos que las historias de la literatura de entretenimiento por lo general se centran en lo que quiere lograr un personaje, el protagonista. Por ello, en este tipo de literatura, la trama está compuesta por ese objetivo y los principales obstáculos, avances o giros que ocurren en el recorrido del personaje. La trama, al concentrarse en los elementos más relevantes de la historia, también es un resumen de ella.

La descripción de una trama puede ocupar una frase, varios párrafos o muchas páginas, según el nivel de detalle que se requiera. Por ejemplo, para definir géneros literarios, es posible decir que los thrillers tienen una trama en la que el protagonista debe detener una amenaza y los misterios policíacos una en la que el protagonista debe descubrir al asesino. Cuando en una conversación se pregunta ¿cuál es la trama de esa novela?, o en lenguaje coloquial, ¿de qué trata esa novela?, seguramente la respuesta ocupará unas pocas frases. Para otros propósitos, que mencionaremos más adelante, es posible elaborar una descripción de una trama que ocupe muchas páginas.

Veamos con más detalle los elementos de la trama de una historia perteneciente a la literatura de entretenimiento:

Objetivo. Como ya me he referido a este tema en otras entradas del blog (por ejemplo, en “Buenos finales de cuentos y novelas“), pongamos un ejemplo. Juan Monsalve quiere evitar que un terrorista detone una bomba en un edificio del centro de la ciudad. Un objetivo diferente hará que la trama cambie. Por ejemplo, Juan Monsalve pretende evitar que un asesino mate al Presidente. Es posible que el personaje tenga otros propósitos (uno sentimental, uno laboral, etc.); o también, que durante la historia el objetivo cambie o se modifique: Juan Monsalve puede descubrir que el terrorista es subalterno de alguien más poderoso a quien también deber capturar.

Obstáculos. Los obstáculos frenan el recorrido del personaje hacia su objetivo. Ver más en la entrada “Desarrollo de un cuento o historia”. La trama de la historia de Juan Monsalve cambiará de acuerdo con el tipo de obstáculos: si el terrorista lo quiere matar o no, si Juan conoce la identidad del terrorista o no, si su superior en la Policía lo quiere despedir o no, etcétera.

Avances. Además del tipo de obstáculos, la decisión sobre cómo superarlos también determina la historia, porque una misma dificultad se puede enfrentar de diferentes maneras. Si el terrorista está atrincherado con el detonador, Juan Monsalve decidirá entre convencerlo con alguna oferta o atacarlo a bala, entre otras opciones.

Giros. Un giro desvía el curso esperado de la historia. Por ejemplo, si se revela que un supuesto cómplice del terrorista es en realidad un agente de inteligencia y le da información valiosa a Juan Monsalve, entonces el rumbo de la trama cambiará. Algo similar ocurrirá si se descubre que el terrorista no quiere lograr un impacto político con su bomba, sino que pretende un pago en efectivo.

Personajes. La trama es hasta cierto punto independiente de los personajes, porque la podrían protagonizar otros con características diferentes. Por ejemplo, Juan Monsalve podría ser de buen o mal genio, ser Catalina Monsalve o tener 20, 35 o 50 años. Sin embargo, a ciertas tramas les convendrán más cierto tipo de personajes para darle más fuerza a la historia y otras requerirán incluso que estos posean algunas características específicas. Por ejemplo, si Fernando Ramírez quiere convertirse en campeón mundial de boxeo, pero uno de los obstáculos consiste en que debe dejar el alcohol y las drogas, entonces ese personaje deberá tener ciertos rasgos de carácter e historia personal que se adecúen a esa narrativa. (Lo contrario también ocurre cuando desarrollamos la historia a partir de un personaje: algunas tramas le corresponderán mejor a un personaje determinado).

Tramas complejas y sencillas

Hay libros con tramas complejas y sencillas. La complejidad de una trama se define como la complejidad de cualquier cosa, es decir, como el número de partes e interacciones entre ellas: el número de personajes, las relaciones entre sí, el número y la dificultad de los obstáculos y sus relaciones, etcétera. Por ejemplo, Juan Monsalve puede tener una aliado, el detective Pérez. Mientras Juan indaga sobre la identidad del terrorista, el detective Pérez se encarga de buscar el artefacto explosivo por toda la ciudad. Cada uno encuentra obstáculos para lograr su propósito, pero ambos se relacionan porque es una misma historia. Una trama más compleja o más sencilla no hace mejor a un libro, ya que esto tiene que ver más con el gusto del lector/escritor y el énfasis que se le quiera dar a la historia.

La trama en la literatura tradicional

En la literatura tradicional o clásica (En la entrada ya mencionada se describen sus diferencias con la literatura de entretenimiento) las tramas carecen de elementos característicos tan definidos como los de la literatura de entretenimiento, pues, por ejemplo, no se requiere que los personajes avancen hacia sus objetivos o que encuentren obstáculos que deban superar. Veamos tres ejemplos (inventados o no) de tramas de novelas de literatura general resumidas en una frase: primero, una novela en la que un personaje camina por la ciudad pensando en desorden sobre su vida y la de su país (es posible que el personaje ni siquiera quiera aclarar algo, solo reflexionar). Segundo, se retratan las relaciones de una familia de clase media en una gran ciudad, con los dramas y dilemas de sus miembros (hay obstáculos pero no necesidad de superarlos, puede haber propósitos pero a lo mejor no se lucha por ellos o se lucha un momento y luego se abandonan). Tercero, en Esperando a Godot dos personajes esperan a un tercero, Godot, mientras hablan de otros temas (no hay un propósito activo, simplemente esperan, no hay obstáculos o avance).

Foto de hfng (photoxpress.com)

Foto de hfng (photoxpress.com)

¿Para qué nos sirve como escritores saber qué es la trama?

En primer lugar, al conocer los elementos de la trama los escritores encontraremos con mayor facilidad ideas para nuevas historias. A partir de una idea sobre un objetivo, un obstáculo, un avance o un giro, es posible desarrollar el resto de un relato.

En segundo lugar, estaremos en capacidad de dirigir la historia con más facilidad para que avance, resulte entretenida y no se detenga en elementos poco interesantes. Es posible hacer esto de dos maneras generales. Los escritores por lo común se identifican con una de ellas.

Por una parte, están los escritores que elaboran un esquema, un plan de la trama de su cuento o novela antes de comenzar a escribir. Estos autores registran algunos, muchos o todos los objetivos, obstáculos, avances, giros, interacciones entre personajes, etc., en un esquema, lista, mapa o diagrama, según su gusto o costumbre, y una vez terminado lo utilizan de guía para comenzar a escribir frase por frase la narración.

Por otra parte, están los escritores que escriben sin planear previamente. Dan inicio a su historia desde la primera oración, a partir de una situación interesante, y desarrollan la narración y la trama simultáneamente.

Foto de Irum Shahid (www.sxc.hu)

Foto de Irum Shahid (www.sxc.hu)

Planear la trama versus no planearla:

Veamos las opiniones contrastantes sobre este tema de dos autores reconocidos en el campo de la literatura de entretenimiento:

Jeffery Deaver

 “Yo no me subiría a un avión si el diseñador o el constructor hubieran dicho: ‘suminístrenme aluminio, plástico, vidrio y voy a ensamblar un avión a ver qué tal funciona’… Mis historias tienen al menos tres o cuatro tramas desarrollándose simultáneamente. Es necesario tener un esquema, una estructura que permita libros así con historias de múltiples tramas. Todas las partes deben encajar. Hay algunos autores muy brillantes que pueden ver la pantalla en blanco y comenzar desde ahí. Yo no puedo hacerlo. Y sospecho que la mayoría de autores que escriben el tipo de libros que yo escribo, novelas comerciales populares, deben hacer algún tipo de plan previo. Es posible que yo sea algo excesivo al respecto, pero también soy una persona a la que no le gusta dejar nada al azar… planeo mis novelas muy, muy extensamente. Las planeo durante ocho meses, de tiempo completo, entre ocho y diez horas al día. El plan para mi último libro, The Broken Window, tenía una extensión de 190 páginas y contenía todos los elementos de la historia”[1].

Stephen King

“Desconfío de los planes por dos motivos: primero, porque en gran medida nuestras vidas carecen de plan, incluso cuando se añaden todas nuestras precauciones razonables y planes cuidadosos; y segundo, porque creo que planear y la espontaneidad de la creación verdadera no son compatibles (159). El plan es el último recurso del buen escritor y el primero del lelo. Es probable que la historia que resulte de él parezca artificial y forzada (160). Yo me baso más en la intuición y puedo hacerlo porque mis libros se basan más en situaciones que en historias… Coloco a un grupo de personajes (quizás a un par; quizás incluso a uno solo) en una especie de aprieto y luego los observo mientras tratan de salir de él (160-161). Como dije, he escrito novelas basadas en planes… la única novela mía basada en una trama que realmente me gusta es The Dead Zone (y, para ser francos, debo decir que me gusta mucho) (166)”[2].

Cada autor hace concesiones al método opuesto de trabajo: Jeffery Deaver elogia a quienes pueden escribir sin planear y Stephen King admite que ha escrito una novela planeada que le gusta mucho y que sus historias se basan más en situaciones.

Pero cada autor también critica con fuerza el sistema opuesto. Sin embargo, para cada argumento sería posible encontrar contraargumentos. Por ejemplo:

La vida es espontánea, carece de plan – Leemos libros en parte por eso, para hallar historias más ordenadas que las de la vida real.

Improvisando se enredará la trama – Si se tiene claro cómo se desarrollará una situación no existe ese riesgo, además la creatividad solucionará los problemas.

Al planear no hay espontaneidad – La espontaneidad de la trama también ocurre al momento de planearla.

Y así sucesivamente.

Por esta razón se ha notado, como lo dice Jeffery Deaver cuando afirma que él es una persona a la que no le gusta dejar nada al azar, que a lo mejor la preferencia por uno u otro método de trabajo depende del carácter de la persona. Si el escritor es ordenado y metódico para otras cosas, a lo mejor preferirá planear la historia. Si no es tan metódico, quizás optará por escribirla directamente. Hay un paralelo de este dilema que se menciona mucho: por una parte, hay quienes planean un viaje (el primer día haremos esto, esto y esto), pues les parece que de otro modo no aprovecharían todo; y, por otra parte, hay quienes no lo planean, porque consideran que en caso contrario se restringirían demasiado, no disfrutarían o perderían oportunidades inesperadas.

Carácter o gusto personal, lo mejor es que cada uno utilice el método que mejor le sirva, con el que mejor se sienta. Y para encontrarlo lo mejor es probar. Si se comienza un escrito y se ve que la historia se enreda sin remedio, una opción es detenerse y elaborar un plan para clarificar su desarrollo. Si uno tiene una idea que considera que va a fluir con facilidad, entonces puede comenzar a escribirla sin mayor dilación. Posteriormente uno irá mejorando su forma de trabajo y le resultará más fácil escribir un relato.


[1]Jeffery Deaver discusses his new book, Broken Window, “CBS Video”, video en Youtube: http://bit.ly/Za07dh , consultado el 5 de abril de 2013, traducción libre.

[2] King, Stephen, 2002. On Writing. Pocket Books, Nueva York, traducción libre. Hay traducción al español: Mientras escribo, sello Debolsillo, editorial Random House Mondadori.

Desarrollo de un cuento o historia: complicaciones y posibilidades

Foto de Matt Reinbold (Flickr)

Las narraciones de la literatura comercial son “historias no tanto contemplativas, sino historias extraordinarias de gente que lucha contra las dificultades para conseguir lo que quiere y donde su bienestar está en juego.” (http://bit.ly/RJFn6v).

Más que una definición teórica o exhaustiva, esta formulación tiene el propósito de darnos elementos para comenzar a escribir cuentos o historias. Ya vimos algunos ejemplos iniciales.

Ahora, ¿cómo seguir desarrollando un cuento a partir de una situación en la que alguien quiere algo pero enfrenta un obstáculo?

Con complicaciones adicionales u obstáculos más grandes que se presentan cuando se soluciona, se evade o se intenta resolver el obstáculo inicial.

Hagamos un ejercicio sencillo. Pensemos una situación en la que alguien quiere algo y le surge una dificultad para conseguirlo.

Yo voy a utilizar el ejemplo de la entrada anterior del blog en el que Pedro García soñaba con manejar un taxi.

Pero antes, tengamos presente que hay infinitas historias y que cada historia puede tomar infinitos caminos por sencilla que sea. Los límites los coloca la imaginación. Ser conscientes de esto y experimentar con esas posibilidades nos ayuda a darnos cuenta de que no es tan complicado escribir un cuento.

El primer obstáculo

En el ejemplo que menciono existirían muchas historias previas al momento en que Pedro consigue su taxi. Pero comencemos cuando ya lo compró:

¿Qué obstáculos pueden surgir que le dificulten cumplir su sueño de manejar ese taxi recién comprado?

– Ya habíamos mencionado uno en la entrada anterior del blog: el día que lo va a estrenar alguien lo amenaza diciéndole que debe pagarle 4 millones a un jefe mafioso para poder sacarlo a la calle.

Veamos otros:

– El primer día de trabajo alguien le sabotea el taxi en la madrugada. Digamos que una llanta amanece desinflada o pinchada.

– Le roban el taxi.

– Policías lo paran en un retén, requisan el taxi y encuentran un cadáver en el baúl.

Vale la pena señalar que el tipo de obstáculo que le coloquemos a nuestro protagonista puede definir el tipo de historia que contamos. Las anteriores apuntan al suspenso, pero puede haber otros que creen un mundo de drama o fantasía:

– Pedro se ve involucrado en un accidente, un choque, que le hace dudar de su sueño de dedicarse a manejar taxi.

– Pedro se sube al vehículo pero no logra conducirlo porque un trauma de su niñez lo bloquea.

– Un hada maligna aparece en el taxi y le dice a Pedro que el carro está embrujado y que debe realizar un rito para desencantarlo (fantasía).

Foto de Bethany Nowviskie (Flickr)

Complicaciones adicionales y lucha del protagonista

Ahora, ¿cómo desarrollar estas historias? Con complicaciones adicionales relacionadas con la primera dificultad o con los intentos del protagonista por resolverla. Veámoslo para algunos de los ejemplos:

– Cuando le dicen a Pedro que debe pagar 4 millones para poder sacar su taxi a las calles, éste podría hacer varias cosas: por ejemplo, ignorar la advertencia y salir a manejar. En este caso, una complicación adicional sería que lo atacaran físicamente, lo golpearan y le dijeran que debe pagar o atenerse a las consecuencias. Ante esto, Pedro podría llamar a la Policía, pero a lo mejor llega un agente corrupto que trabaja para el jefe mafioso. O Pedro podría comprar un arma para defenderse si lo atacan de nuevo. Quizás lo emboscan una noche y él hiere a uno de los asaltantes. O mejor, en el cruce de disparos muere un pasajero…que resulta ser el hijo del jefe mafioso.

– Veamos un posible desarrollo de la historia en la que Pedro encuentra una llanta pinchada en la mañana de su primer día de trabajo. Digamos que resuelve esta dificultad sencilla despinchando la llanta y saliendo a trabajar. Pero al día siguiente las cuatro llantas amanecen pinchadas. Pregunta a los vecinos si alguien vio algo, al vigilante de la cuadra, pero nadie sabe nada. Considera guardar el taxi en un garaje por las noches, pero le saldría muy costoso. Decide pasar la noche en vela para vigilar el vehículo y duerme en la sala al lado de la ventana. Pero por el cansancio de trabajar todo el día con su taxi se duerme. Más tarde, un ruido lo despierta y sale corriendo medio dormido. Alguien lo golpea y cae inconsciente. La noche del tercer día repite su intento de vigilancia, esta vez con un gran termo de café al lado. Escucha de nuevo un ruido, sale corriendo y descubre a la persona que le dañaba el carro… (continuará).

– El caso de la historia del trauma de infancia sería un drama, pero podemos ensayar a desarrollarlo. (Quizás puede ser un drama con trazos de suspenso, por mi sesgo hacia ese género). Pedro cree que sabe manejar, pero se sienta al volante y se bloquea. Suda. No logra arrancar. Pasa uno o dos días en la casa sin hacer nada. Vuelve a intentarlo y le da una crisis de nervios. Comienza a recordar su pasado. Un camión en su infancia en el que viajaba con su padre y madre por todo el país. Recuerda que su padre y madre delinquían, robaban y él debía cuidar el camión e incluso manejarlo en momentos de apuro cuando ellos escapaban de un robo. Su gusto por manejar viene de esa época, pero surgió de una actividad delictiva.  El protagonista debe enfrentar las tensiones que vivió en esos robos, el recuerdo de sus padres delinquiendo y conciliar todo eso con su deseo de ganarse la vida honestamente manejando. Ahora, supóngase que sus padres se enteran de que él compró un taxi y acuden a él para que les ayude a robar un banco… (continuará)

Cada una de estas historias puede variar en cada momento dependiendo del obstáculo que coloquemos y de la forma en que el protagonista lo enfrente. Hay infinitas complicaciones posibles. Pero tampoco debemos abrumarnos porque a medida que desarrollamos la historia encontraremos obstáculos o retos que se nos antojan naturales pues llevan la historia en una misma dirección, continúan el tono de la misma o relacionan de forma interesante varios de sus elementos.

Veamos una variación sencilla. Supongamos que la persona que le pide al taxista 4 millones en representación de un jefe mafioso es en realidad alguien pagado por el que le vendió el taxi al protagonista. El vendedor quiere recomprar el vehículo a un precio más bajo cuando Pedro no logre ponerlo a producir.

O, en la historia del trauma de infancia, el evento traumático podría ser un accidente que Pedro vivió en su niñez. En este caso, el protagonista debe enfrentar sus miedos mientras maneja. Quizás encuentra un accidente en una calle y se paraliza…. pero debe reponerse para transportar una de las víctimas al hospital y así de paso sanar su trauma.

En cualquier caso, las complicaciones o dificultades aumentan y el protagonista debe enfrentarlas hasta llegar a la resolución final.

 El final

En la ficción comercial (suspenso, thrillers, ciencia ficción, romance, fantasía, etcétera) el protagonista en general logra lo que quiere, aunque pase por penurias o experimente pérdidas durante el camino.

Pero no basta simplemente con eso para tener un buen final. En una próxima entrada del blog escribiré sobre algunos elementos para un final satisfactorio, que incluyen, entre otros, una sorpresa o una relaboración de un elemento prefigurado en el cuento o narración.

Por ejemplo, en la historia en la que todas las noches le sabotean el taxi a Pedro, al final él descubre que la persona que lo saboteaba era… su esposa. Porque no quería que su marido, que antes trabajaba en la casa, saliera durante largas horas a la calle. Por supuesto, en este caso tocaría mencionar a la esposa durante el desarrollo del cuento, quizás de manera opuesta para crear sorpresa: es decir, la esposa lo alentaba en su proyecto, pero en realidad no quería que su marido se alejara. Quizás ahora ella termine acompañándolo en el taxi durante parte de su día de trabajo.

En el caso del taxista con el trauma causado por la profesión de ladrones de sus padres, supongamos que ellos vuelven atraídos por el carro que compró su hijo. Le piden un favorcito, llevarlos a atracar un banco, la primera carrera de su primer día de trabajo. El taxista lo hace, muerto de los nervios, pero al salir del banco lleva el taxi directo a una estación de la Policía… en este caso un final dramático para una historia dramática.

Entonces, ¡a darle complicaciones a nuestro protagonista para que las enfrente y resuelva!

Las historias que contamos

Foto de Martin Garnham (PhotoXpress)

Historias extraordinarias

Cuando le contamos un relato a un familiar o amigo por lo general trata de eventos que se salen de lo acostumbrado: extra-ordinarios. Sucesos que vale la pena rescatar de días que en general transcurren con cierta rutina.

No contamos todo lo que hacemos en un día, en primer lugar, porque sería imposible: narrar un día exacto tal y como lo vivimos nos tomaría por lo menos un día (di un paso, luego otro, después otro más). En segundo lugar, también resultaría aburrido. Todos sabemos cómo es viajar en bus durante media una hora y no sería un gran placer escuchar a alguien contándonos eso.

Entonces, no relatamos todo un día de trabajo, pero sí una reunión en la que nuestro jefe nos planteó la posibilidad de un ascenso. Tampoco contamos toda la espera en la fila de un banco, pero sí que entraron unos tipos encapuchados a robarlo. Finalmente, no contamos que vimos varias mujeres bonitas en la universidad, sino que hablamos con una en especial que conocimos.

 Historias que afectan los deseos o expectativas de las personas y su bienestar

Pero estas historias son llamativas no solamente por ser extraordinarias, sino también porque chocan o cumplen deseos o expectativas específicas de las personas, afectando su bienestar.

Por ejemplo, en el caso de la posibilidad de un ascenso laboral, la historia es más llamativa si el trabajador anhelaba esa oportunidad desde hace mucho tiempo. Y captaría más nuestra atención si el trabajador dependiera  de ese ascenso para salvar su casa, pues está colgado con las cuotas de la hipoteca. En este caso su bienestar económico estaría en riesgo.

En el caso del robo en el banco, la historia sería más llamativa si la persona que está haciendo fila es un policía. En este caso, no solo se altera su expectativa de ir al banco con normalidad, sino que además está de por medio su propósito de cumplir su deber profesional (impedir un robo). Además, su bienestar, su vida misma, estaría en riesgo.

Y, tercero, en el ejemplo romántico, supongamos que la mujer especial con la que el personaje habla es una mujer de la que estuvo perdidamente enamorado hace diez años, el amor de su vida, y que solo hasta hoy vuelve a ver. Su bienestar emocional está en juego.

Historias con estructura y dificultades

Una estructura mínima de las historias que contamos, que observamos también en nuestra vida, consiste en que queremos algo, luchamos por eso y lo conseguimos o no lo conseguimos.

Antes de volver a nuestras historias, veámoslo en asuntos corrientes: queremos un traje especial, trabajamos para conseguir la plata, lo buscamos en varias tiendas, lo encontramos y lo compramos. Queremos resolver un problema de matemáticas, buscamos la solución por un lado y otro, la encontramos. Queremos aprobar un curso, estudiamos mucho, hacemos trabajos y exámenes, lo aprobamos. Queremos hacer una fiesta, invitamos gente, buscamos música, disponemos el lugar, la realizamos.

En el caso de las historias que contamos, resultan más interesantes cuando las personas pasan por dificultades para alcanzar sus objetivos. Nos identificamos con esas luchas porque como seres humanos sabemos que no siempre es fácil conseguir lo que se quiere.

Veámoslo:

En el caso del banco, supongamos que los tipos encapuchados amarran al vigilante, pero llega la Policía y rodea el lugar. Los asaltantes toman a los clientes de rehenes, descubren al policía, le quitan el arma y lo amarran. Lo amenazan con matarlo si la Policía intenta entrar al banco. Le va a quedar más difícil evitar el robo, pero digamos que en nuestra historia no será imposible.

En el caso del empleado al que le ofrecen el ascenso, supongamos que hay otro candidato y que el ascenso solo se lo van a dar a uno de los dos. El rival le juega sucio al empleado y hace el jefe encuentre unos documentos robados en su escritorio. Además el rival le dice al jefe que el empleado no hace bien su trabajo.

Y en el caso de la mujer que el personaje no veía hace diez años, supongamos que ella le cuenta que siempre estuvo enamorada de él, pero que su esposo la amenazó con matarla para que se casara con él. De hecho, la muerte supuestamente accidental de uno de los hermanos de ella fue en realidad un asesinato de advertencia.

Foto de Piotr Bizior (stock.xchng)

Las historias que contamos

De las historias que contamos a amigos o familiares no es largo el camino que hay hasta las historias que contamos para entretener a los demás en cuentos, novelas cortas o novelas.

Esta clase de historias que hemos construido es la clase de historias que se cuentan en la literatura comercial: suspenso, acción, thrillers, policíacas, ciencia ficción, romance, fantasía. Historias no tanto contemplativas, sino historias extraordinarias de gente que lucha contra las dificultades para conseguir lo que quiere y donde su bienestar está en juego.

Para crearlas es bueno conocer sus partes y comenzar a experimentar con las ideas. Después se agregarán nuevos elementos y se complejizarán las historias, pero es un comienzo.

Podemos hacer el ejercicio básico de crear un personaje, que quiere algo pero encuentra dificultades para conseguirlo. Lucha contra la adversidad y eventualmente alcanza su propósito.

Veámoslo de nuevo en un ejemplo crudo que escribo sobre la marcha, en el que lo único que importa es dar un vistazo a esos elementos:

“Pedro siempre quiso trabajar como taxista. Después de cinco años de arduo trabajo y de pedir un crédito se compró un taxi pequeño pero nuevo que le permitiría realizar su sueño. El primer día en que iba a sacar el carro a trabajar un hombre lo interceptó antes de subirse a su vehículo en un barrio de la periferia de la ciudad.

– Pedro García -dijo con fuerza una voz a su lado.

A Pedro se le cortó la respiración y se giró.

– ¿Quién es usted? –dijo Pedro consternado ante el aspecto amenazante del hombre-. ¿Cómo sabe mi nombre?

– Nosotros sabemos todo lo que ocurre aquí. Y usted debe saber que para circular con un taxi tiene que pagarle 4 millones al Jefe.

– ¿Cómo? ¿De qué me habla? Lo acabo de comprar.”

Etcétera…

Posdata

¿Qué pasaría si uniéramos las tres historias de los ejemplos que se desarrollaron arriba?

¿Si el policía que está en el banco está buscando un ascenso? ¿Si el rival que lo quiere sabotear está con los policías que rodean el banco dándole quejas a su jefe? ¿Si el rival le dice al jefe dice que el policía es un cómplice de los atracadores y fabrica alguna prueba? ¿Y si en el mismo banco el policía encontró a la mujer que no veía hace diez años, al amor de su vida? ¿Si el esposo de la mujer es uno de los atracadores del banco que también la amenazó para que trabajara en eso?

Tendríamos una historia con varias sub-historias, pero eso ya es tema para otra entrada del blog.