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Ideas para cuentos – Asociaciones de ideas y creatividad

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Foto de Sarah Lee (Freeimages.com)

En la primera clase del curso que mencioné en la entrada del blog anterior leímos un par de cuentos cortos. Estos dos relatos fueron un minicuento, “El dinosaurio”, de Arturo Monterroso (“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Ese es el minicuento, siete palabras) y un cuento de Gabriel García Márquez, “Un día de estos”.

En un cuento tan corto como el del dinosaurio, los lectores pueden tener diversas interpretaciones sobre él mismo, y eso en efecto fue lo que se reflejó en los comentarios de la clase. ¿Qué pensarías tú del cuento? Al leerlo, yo pensé en una alusión a una historia de ciencia ficción, pues me gustan ese tipo de textos y he escrito y publicado cuentos de ese género. Pero otras personas dieron otras muy diferentes.

Al leer “Un día de estos”, se nos preguntó qué nos llamaba la atención. También hubo muchas respuestas diferentes. A mí me llamó la atención el contraste entre el ritmo lento del comienzo y la tensión posterior. Pero hubo comentarios sobre la situación política, las relaciones de poder, la construcción del relato, la relación con otros cuentos de la colección, etcétera.

Un análisis teórico de un cuento busca identificar una gran cantidad de elementos de un relato. De hecho, lo que se puede decir de un cuento, por la misma multiplicad de visiones posibles sobre el mismo, puede ser infinito. Por ello lo importante para este blog no es cuál es el análisis de tal o cual texto, sino para qué nos sirve en relación con la práctica de la escritura.

Esta misma diversidad de análisis, opiniones o perspectivas sobre un cuento nos permite apreciar la infinidad de las asociaciones posibles del pensamiento que suscita una historia en los lectores. A cada persona le llama la atención algo distinto y se forma distintas ideas sobre una historia.

Por otra parte. el proceso de análisis tiende a ser más racional, en la medida en que busca identificar toda una serie de elementos de forma “objetiva”. Sin embargo, los análisis también están influenciados en mayor o menor medida por el gusto, las preferencias de los temas, las creencias, etcétera. En el proceso de escritura creo que ocurre un  poco al contrario. Se basa más en lo que nos gusta, a pesar de que también tenga elementos analíticos. Se dice “escribe sobre lo que conoces”, pero ante todo creo que debe ser “escribe sobre lo que te gusta”. Si te gusta, quizás lo conoces, y si no lo conoces lo investigas con gusto porque quieres conocer.

Cuando buscamos ideas para cuentos o novelas, hay situaciones, ideas, elementos, que nos llaman la atención y sobre los cuales nosotros podemos crear asociaciones propias de ideas para a partir de allí escribir una historia. Y sobre un mismo elemento inicial cada persona podrá tener ideas muy distintas.

Por ejemplo, los concursos de cuentos donde se da una frase, un párrafo o una imagen para que a partir de allí cada concursante elabore un relato, reciben tantos cuentos diferentes como participantes.

Esto sirve para que nos demos cuenta que es fácil encontrar ideas, algo que puede parecernos difícil si no tenemos práctica. (ver también: cómo encontrar buenas ideas y encontrar ideas y desarrollarlas).

Una forma de buscar ideas es estar atentos y buscar un tema que nos llame la atención, una noticia, una situación, un libro, un pasaje y luego darle rienda suelta a nuestra creatividad para a partir de allí crear una historia. Cualquier situación, imagen, lectura que nos llame la atención pueden llevarnos a crear una historia derivada a partir de ella gracias a nuestras propias asociaciones de ideas.

Por ejemplo, una vez vi una persona en la calle, con un vestido que me pareció raro. Eso bastó para a partir de ahí crear una historia, que sería muy distinta para cada persona a la que se le dijera escribe un cuento sobre esa persona.

En otra ocasión leía un cuento de ciencia ficción sobre teletransportación. Pero no me gustó la forma en que el autor manejaba esta idea. Pensé entonces en escribir una historia que me gustara sobre ese mismo tema. De allí surgió el cuento “Teletransportación” publicado en el libro “El vidente y otros cuentos”. Si dijera ya mismo escribe un cuento sobre teletransportación o creemos un concurso de cuento con el tema teletransportación, saldrían miles de historias diferentes. Pero como a lo mejor ese tema no sea de tus favoritos, puedes buscar otros que te llamen la atención y de allí de será mucho más fácil y placentero encontrar una historia que contar.

Hace unos días estaba haciendo deporte y decidí aprovechar ese momento para buscar una idea para el cuento que va a completar mi siguiente libro de cuentos. Como me gustan los deportes y estaba haciendo deporte, me dije “voy a buscar una idea sobre ese tema”. Pensé primero en alguien trotando, que ocurriera algo con otra persona, algo así, pero no encontré nada por ahí. Luego pensé en el boxeo y tras pensar un par de minutos pensando en el tema se me ocurrió una historia que aún no he escrito, pero que pronto lo haré.

Generalmente partimos de una situación básica y de allí hay que pensar en algo que le añada algún tipo de conflicto, tensión, incertidumbre, emoción, etcétera, pues parafraseando una cita cuyo autor no recuerdo: “No hay historia en las situaciones felices”. Por algo existe la famosa frase con la que se cierran o cerraban algunos cuentos infantiles “fueron felices y comieron perdices”. Ahí acaba el cuento porque ya no hay más historia. Si todo está muy bien y nada raro ocurre no hay una historia interesante. (ver: las historias que contamos).

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Foto de clashed (Stockxchng)

Por ejemplo, pensemos una situación muy sencilla. Una pareja está comiendo en su casa. Supongamos que no pasa nada, terminen de comer y se van a acostar. No habría historia. Ahora imaginemos cosas que podría ocurrir que generarían una historia interesante:

1) –No te había contado. José llega mañana –dice ella.

2) Él se pone a llorar de repente y dice: –No me los vas a perdonar, no…

3) –Tengo que contarte algo muy importante –dice ella–, algo que pasó hace diez años.

4) Él saca una pistola.

5) ­–No vas a creer lo que me pasó hoy –dice ella.

6) -Esto se terminó, Margarita, mañana me voy –dice él.

Etcétera. Podríamos seguir buscando situaciones a partir de las cuales saldrían historias. No solo eso. De cada una de estas situaciones imaginarias, se desprenden sucesivamente una infinidad de ramificaciones. Por ejemplo, tomemos el punto 1). De allí podemos derivar muchas historias: ¿Quién es José y por qué llega?: a) un hijo de la pareja que busca ayuda por tal o cual razón; b) el exmarido de la mujer; c) un amigo al que le deben mucho dinero; d) un primo condenado por narcotráfico que vuelve deportado de Europa; e) el hermano de alguien que ellos atropellaron en un accidente hace muchos años y de quien se hicieron amigos después; etcétera. Lo mismo con cualquier otro punto. Ensayemos con el de la pistola: a) –mi vida termina aquí –dice él; b) –lo siento pero tengo que matarte–dice él; c) –Por fin la compré –dice él–, ya no tenemos excusa para no hacerlo; d) –Jamás pensé que lo haría, fueron dos tiros. Atrás está el cadáver –dice él; e) –Voy a venderla, no quiero verla más en esta casa –dice él. Etcétera.

Estos ejemplos y lo mencionado antes debe servirnos para darnos cuenta de que es fácil encontrar ideas para relatos. Es cuestión de insistir y practicar y las encontraremos cada vez con mayor facilidad.

 

 

 

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Dos saltos de fe: encontrar ideas y desarrollarlas

Foto de Scott Robinson (Flickr)

Foto de Scott Robinson (Flickr)

Encontrar ideas para cuentos y novelas

Encontrar ideas para cuentos y novelas es un “salto de fe”, porque es un acto creativo en el que donde antes no existía nada generamos una idea, una semilla para lo que será toda una historia, un universo.

Quienes hemos buscado ideas para cuentos o novelas, las hayamos encontrado o no, sabemos que no es algo evidente y que al comienzo puede ser muy difícil. Pero no debería serlo. Al fin y al cabo, una idea para una historia no es más que un conjunto de ideas más simples asociadas de forma novedosa y todos tenemos un gran número de ideas y pensamientos a lo largo del día.

¿Entonces por qué la dificultad?

Porque por lo general las ideas y pensamientos que discurren por nuestra mente se relacionan con asuntos de la vida práctica, del trabajo, del estudio, de nuestras relaciones, pero no con ideas nuevas para historias. No son ideas creativas, sino ideas funcionales: tengo que hacer esto, me acordé de aquello, qué será la vida de Zutano, etc.

¿Y de dónde salen las ideas creativas? De la parte de nuestra mente que relaciona las ideas entre sí de forma más espontánea, diferente, rara, creativa, en una palabra, del inconsciente, de la parte más profunda de la mente, la que menos se restringe por la racionalidad, la mente que sueña e imagina.

En una entrada anterior del blog ya me había referido en parte a este tema: “¿de dónde viene la inspiración para combinar las ideas de una forma diferente? Algunos diríamos que viene de un ámbito espiritual y/o en todo caso de lo más profundo de la mente, del inconsciente, pues allí es donde están los deseos, los miedos, las inquietudes, el pasado, tanto de cada persona, como de la sociedad y en general de nuestra condición humana.”

¿Qué quiere decir esto con más detalle?

En la literatura de entretenimiento, una idea básica para una historia es colocar a un personaje ante obstáculos o problemas que debe enfrentar para conseguir lo que quiere. Todos en cierta forma tenemos deseos similares por el hecho de ser humanos. Queremos cosas, salud, seguridad, pareja, familia, bienestar propio, de la comunidad, del país, del mundo, creencias seguras, etcétera. En nuestro inconsciente están esos deseos así como los miedos y posibles obstáculos que los amenazan. Y también están los deseos y miedos particulares a cada  sociedad. Por ejemplo, en el caso de Colombia, el deseo de lograr la paz o de evitar problemas relacionados con los grupos armados ilegales (aunque los deseos y miedos particulares a cada individuo o sociedad son una expresión de los mismos deseos o miedos más profundos comunes a todos, que en otras sociedades se manifiestan de otro modo). Entonces, al entrar en contacto con esos deseos y miedos del ser humano y las sociedades humanas en general, encontramos muchas situaciones conflictivas que sirven para contar historias, muchos deseos de personajes y obstáculos que se los dificultan.

¿Cómo nos conectamos más con ese inconsciente, con esa parte creativa?

Hay varias formas de acercarnos a ese inconsciente para encontrar ideas. Como decía en la entrada de blog citada, una forma de encontrar ideas es “simplemente proponiéndonoslo, pensando en eso”, diciéndole a nuestra mente inconsciente que necesitamos ideas para historias. Por su naturaleza, nuestra mente genera y asocia ideas para facilitar nuestros objetivos y de esta forma “generará ideas que aparecerán en algún momento del día, quizás en un momento impensado o de relajación”. Por esta razón encontrar ideas también es un “salto de fe”, porque muchas veces basta con quererlo para que ocurra. No sabemos exactamente el detalle de cómo o por qué sucede, pero sí que sucede si lo queremos.

Otra forma de conectarnos más con nuestra mente inconsciente consiste en meditar un par de veces al día durante determinado tiempo. De este modo estaremos menos ansiosos y los pensamientos urgentes, de afán, funcionales, se calmarán para dejarle espacio a los pensamientos creativos.

Otra manera consiste, como dije en la primera entrada de este blog, en “escribir sin parar” todos los días. Cuando escribimos sin parar, sobre cualquier cosa, lo primero que se nos ocurra, nos conectamos forzosamente con la parte de nuestra mente que genera ideas sin cesar.

Finalmente, cuando nos conectemos con mayor facilidad con nuestro inconsciente, cualquier cosa nos servirá para generar asociaciones de ideas para historias. Por ejemplo, al entrar en contacto (leer, ver,…) con noticias, lecturas, personas en la calle, recuerdos, otras ideas, etcétera, buscaremos ideas relacionadas para una historia y nos fluirán con mayor facilidad, dado que ya estamos más conectados con nuestra capacidad creativa. Entonces, asociaremos una frase llamativa de un texto con una situación que pueda ocurrir en un relato, relacionaremos una persona curiosa que veamos en la calle con un personaje y una situación para una historia.

¿Cómo sabremos que hemos encontrado una idea para una narración? Será una idea que nos parezca llamativa, que por las lecturas que hayamos hecho en el género que nos interesa escribir pensemos o sintamos que sirven para una historia. Pero, ojo, una idea de estas no será necesariamente un destello enceguecedor. Será simplemente una idea sobre una situación curiosa o llamativa cuya historia amerita contarse. Tampoco será una idea sobre todo el cuento o novela, sino una idea sobre una situación básica que luego habrá que desarrollar con más ideas sobre el resto del relato.

Vale le pena decir que conviene anotar las ideas que se nos vayan ocurriendo, de lo contrario existe el riesgo de olvidarlas. Además, al anotar las ideas despejamos nuestra mente para que se nos ocurran más ideas.

En conclusión, las ideas están ahí, al alcance de quien las quiera encontrar. Quien las busque las encontrará.

Foto de Paul Bica (Flickr)

Foto de Paul Bica (Flickr)

De cualquier idea saldrá una buena historia

Seguramente todos hemos tenido en algún momento ideas para cuentos o novelas. A lo mejor incluso las hemos anotado y están por ahí, en algún lugar, pero no las hemos desarrollado. O a lo mejor se nos ocurrieron, no las utilizamos y luego se nos olvidaron.

¿Y por qué no las hemos desarrollado? Por una parte, puede ser que no tengamos los conocimientos prácticos para hacerlo, conocimientos que se tratan de ofrecer en este blog y en textos o cursos de su misma índole. Pero también es posible que no las hayamos desarrollado porque no hayamos creído que de esas ideas pudiera salir toda una historia. Quizás creímos que no eran ideas muy buenas, que en realidad no servían para una historia, que de ellas no alcanzaba a salir todo un relato. O de pronto al desarrollarlas se nos trancaron en algún punto y pensamos que no había solución.

Pero, y este es el segundo “salto de fe”, resulta que de cualquier idea puede salir una buena historia. Sí, suena extraño, pero así es: de cualquier idea puede salir una buena historia, sea cuento, sea novela.

Es más fácil darse cuenta de esto cuando uno ha escrito varias historias, claro. Pero si aún no las hemos escrito, que esta afirmación sirva para llevarnos a persistir en esas ideas que tenemos, porque es posible desarrollarlas, así a primera vista nos parezcan insuficientes o no tan buenas.

¿Por qué de cualquier idea puede salir una historia? Porque una vez tenemos la idea de una situación inicial, se trata básicamente de añadirle complicaciones. Y complicar algo mediante dificultades imaginarias no es difícil. Se trata de ponerle obstáculos al personaje o personajes. Y al añadir complicaciones por definición la narración se vuelve más interesante.

Ahora bien, si llegamos a un punto de la historia en el que nos trabamos, porque no podemos solucionar los problemas que hemos creado para los personajes o porque hemos creado situaciones que no encajan entre sí, no debemos desanimarnos. Desarrollar una novela, un cuento, puede presentar obstáculos. Pero si para la vida es cierto, como se dice, que “todos los problemas tienen solución” o que “todo en la vida tiene solución”, entonces está claro que esto es aún más cierto en el mundo de la escritura de ficción, donde las posibilidades de cambiar el curso de las acciones de los personajes son ilimitadas. Esta es otra razón por la que desarrollar una trama, una historia, a partir de una idea es un “salto de fe”: hay que confiar en que resolveremos los problemas que  la historia nos presente.

Una forma de superar esos problemas o de generar ideas para destrabar una historia es la técnica basada en la meditación que se describió en una entrada anterior. Y otra es ponerse un límite de tiempo (unos días o una o dos semanas para un cuento, según la disponibilidad) para escribir un primer borrador, pase lo que pase.

Finalmente, aunque de toda idea puede salir una buena historia, hay ideas mejores que otras. ¿Cuáles son las mejores? Las ideas de situaciones poco comunes y conflictivas, pero posibles. Como se dice, hay historia donde hay conflicto. Un personaje que enfrenta muchos problemas es más interesante que uno que no los tiene. Si no pasa nada es más difícil desarrollar una historia, aunque es posible, como dijimos arriba.

Un logro facilita los demás

Para encontrar ideas hay que buscarlas, hay que creer que es posible encontrarlas. Y después hay que creer que es posible desarrollarlas hasta que se conviertan en historias. Creer que algo es posible nos impulsa a trabajar en ello y a solucionar los problemas particulares que se nos presentan.

Cada vez que encontremos una idea ganaremos confianza para hallar otras ideas que desarrollen esa historia o nuevas ideas para otros relatos.

Y cada vez que escribamos un cuento con una de esas ideas sabremos que las ideas que encontramos son útiles y por lo tanto nos animaremos a buscar más y a desarrollar otras.

Lo que antes parecía difícil ya no lo será tanto.

Características de la literatura de entretenimiento

Foto de Wolfgang Staudt (Flickr)

Foto de Wolfgang Staudt (Flickr)

Una de los propósitos de la literatura es entretener. Y la rama de la literatura que más se ocupa de ese propósito es la que se conoce como literatura comercial o, llamémosla mejor, literatura de entretenimiento. Hacen parte de ella una multitud de géneros y subgéneros entre los que encontramos los relatos policíacos, el thriller, el romance, la ciencia ficción, la fantasía, el terror, etcétera.

Por supuesto, la literatura general o clásica también entretiene, pero no es su objetivo más importante ni está diseñada para ello. Su propósito principal es retratar artísticamente la condición humana e indagar acercar de ella, en sus diferentes tiempos y espacios. Muchas veces sacrifica el entretenimiento en aras de explorar aspectos profundos del ser humano y de exponer una visión determinada del mismo y su sociedad, dando un placer más artístico e intelectual a sus lectores.

Ahora bien, tampoco se puede decir que la literatura de entretenimiento no indague sobre la condición humana ni la retrate artísticamente. Al tratar sobre seres humanos inevitablemente lo hace (incluso si narra historias sobre seres de otra especie, como en la fantasía o la ciencia ficción, pues los antropomorfiza o si no, por oposición, nos hace ver a los seres humanos desde otra perspectiva), pero en un grado mucho menor, sacrificando ese aspecto para darle más énfasis al entretenimiento.

Por supuesto, dentro de esta clasificación unos libros tienden más hacia los extremos y otros más hacia el medio.

Pero, en cualquier caso, cuando vayamos a escribir obras policíacas, thrillers, ciencia ficción, romance, etcétera, debemos tener presente constantemente que nuestro propósito es entretener al lector.

Diferencias concretas entre la literatura de entretenimiento (o comercial) y la general

Las diferencias que voy a mencionar a continuación también son de grado. Es decir, una determinada característica no es exclusiva de la literatura de entretenimiento, sino que por lo general es más importante para ella, aunque también puede estar presente en la literatura general.

La literatura comercial procura generar ciertos estados mentales y emociones específicos en el lector, tales como el suspenso, la ansiedad, el miedo, el misterio, el romance, la intriga, la curiosidad sobre lo nuevo o lo extraño, entre otros, con el fin de darle al lector una experiencia emocionante. Al escribir debemos crear situaciones que creen este tipo de estados mentales o emociones. (Más sobre esto en una próxima entrada del blog).

La literatura de entretenimiento prefiere una trama bien definida, con un comienzo, un medio y un final claros. De este modo el lector no se preocupa tanto por descifrar el orden de la historia o de entender de qué se trata, y así está más dispuesto a experimentar las emociones que se narran. Ahora bien, cuando se omiten partes del comienzo, se invierte el orden de las partes de la historia o se ocultan elementos de la trama, se debe hacer para generar intriga, que es una de los estados mentales que queremos crear.

La literatura de entretenimiento, en general, tiene una moralidad más definida. Hay “buenos” y “malos”, hay un héroe y un antagonista. Esto nos permite experimentar más emociones, pues al  identificarnos con un bando (¡ojalá el de los “buenos”!) todas nuestras emociones se mueven en esa dirección, sin preguntarnos constantemente si algo es moralmente aceptable o no. La literatura general tiene más zonas grises pues trata de explorar o retratar la dualidad moral de los seres humanos.

En relación con lo anterior, la literatura de entretenimiento por lo general le da un objetivo claro al protagonista (por ejemplo, hallar al responsable de un crimen) y se espera que al final lo consiga. El protagonista sufre calamidades pero las supera, lo que nos genera satisfacción. Y aunque sospechemos que el protagonista va a salir airoso de los retos y la prueba final, esto no le resta emoción al relato, pues al identificarnos con él queremos que triunfe y sufrimos con los peligros que enfrenta. Además, la intriga de saber qué pasará con su destino se remplaza con la intriga de saber cómo logrará vencer: ¿cómo va a derrotar al antagonista si parece indestructible?, ¿cómo va a descifrar el misterio si parece indescifrable?, ¿cómo va a entrar a la fortaleza si parece inexpugnable?

Por esto mismo, en la literatura comercial se busca que “pasen cosas”, que la historia avance hacia la consecución del objetivo por parte del protagonista. Los nuevos acontecimientos crean intriga y suspenso o resuelven los que se generaron antes. Por ello, la descripción, la reflexión sobre temas ajenos a la trama y la introspección no son tan importantes en este tipo de literatura, pues nos alejan de las emociones que queremos crear a través de los acontecimientos de la historia. En cambio, para la literatura general sí son importantes, pues le permiten cumplir su propósito de crear un retrato artístico e indagar sobre la condición humana.

Algunos de los diferentes géneros de la literatura de entretenimiento

La siguiente clasificación es más para darnos ideas sobre qué escribir o leer, al buscar libros parecidos a los que nos han gustado. Formas de clasificar hay muchas y ninguna puede ser del todo clara o exhaustiva, así que esta es una más. Los invito a explorarla y a buscar otras más sobre los géneros que les interese, pues en cada uno de los géneros mencionados hay muchísimos subgéneros más que aquí no aparecen.

Blog 9 Policía Nacional de Colombia (Flickr)

Grupo operativo contra blancos de alto valor, GOAV. DIPOL, Policía Nacional de Colombia (Flickr).

Géneros según el objetivo de la obra

– Resolver un crimen (perteneciente al conocido género policíaco).

Subgéneros:

El investigador “de sillón” (El investigador o detective resuelve todo mediante el razonamiento). Por ejemplo, las historias de Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle.

El detective moderno (el detective sale a las calles y se vale de diferentes estrategias para resolver el crimen o misterio). Comienza, entre otros, con El halcón maltés de Dashiell Hammett, El sueño eterno de Raymond Chandler. (Algunos situarán estas obras dentro de la novela negra­).

– Detener un crimen o una amenaza (género policíaco): Thriller, suspenso. Ejemplos: El código Da Vinci, de Dan Brown.

– Cometer un crimen: historias de criminales (caper story). Serie de Dortmunder, de Donald E. Westlake (por ejemplo, The Hot Rock).

– Unir a dos personas: romance, novela romántica.

– Llegar a un destino enfrentando obstáculos: relato de aventuras. Sandokán de Emilio Salgari.

En cada uno de estos géneros hay elementos de los demás. Por ejemplo, en los thrillers (suspenso-acción) por lo general hay un elemento romántico: el protagonista comienza una relación mientras transcurre la historia principal. Esto le añade más emociones  la narración. De igual modo, en las novelas románticas puede haber elementos de las historias sobre crímenes.

También, dos géneros se pueden mezclar del todo. Por ejemplo, en una historia en la que el protagonista busca a un asesino en serie, no solo debe resolver los asesinatos anteriores sino detener los siguientes.

Los géneros mencionados arriba por lo general se combinan con escenarios o mundos específicos para crear los que se mencionan a continuación.

Géneros según lugar/tiempo o “reglas” del mundo

– Terror. Admite la existencia de lo sobrenatural. Carrie de Stephen King, El exorcista de William Peter Blatty.

– Fantasía: mundos paralelos en los que existe la magia y seres inteligentes de otras especies conviven con los humanos. Ejemplo: El señor de los anillos de J.R.R. Tolkien, Harry Potter y la piedra filosofal de J. K. Rowling.

– Ciencia ficción: exploración del futuro de la humanidad y de otros mundos posibles del universo. Fundación de Isaac Asimov (y la serie), Hyperion y La caída de Hyperion de Dan Simmons (y la serie).

– Vampiros. Drácula de Bram Stoker.

Entonces, es posible combinar el propósito de detener una amenaza con un escenario de ciencia ficción, como hacen muchas obras del género.

O, al combinar las historias románticas con un mundo en el que existen los vampiros se obtienen libros como Eclipse de Stephanie Meyer.

Buscar, leer y escribir

Si queremos escribir es importante identificar el tipo de libros que nos gusta leer, leer más como esos, conocer más sobre el género y finalmente escribir historias con nuestro toque personal.

Cómo encontrar buenas ideas

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Foto de Andreas Sandberg (Flickr)

A todos nos ha ocurrido que en algún momento un pensamiento llama nuestra atención y nos hace preguntar:

– ¿Cómo fue que terminé pensando en esto?

Nos asombramos, porque estábamos ocupados en un asunto diferente o reflexionando sobre otro tema. Seguramente, alguna vez hemos procedido a desandar el camino de las ideas que nos llevaron a ese pensamiento. Por ejemplo:

Se me acaba de ocurrir que quiero ir a caminar al parque, porque me acordé de la vez que fui al parque con Viviana. Y recordé la ida al parque con Viviana, porque fue la última vez que la vi. Y me acordé de la última vez que la vi, porque se me vino a la mente un texto escrito con el estilo de ella. Y pensé en ese texto porque buscaba ideas para escribir un artículo.

No es más que un ejemplo de la forma como fluyen nuestros pensamientos a lo largo del día. Cuando no estamos concentrados en algo específico nuestra mente navega sin cesar de un pensamiento a otro. Incluso cuando estamos concentrados en algo, nuestro cerebro  busca la menor excusa para salirse de ese estado y comenzar con sus ensoñaciones.

Pero, ¿cómo pasa nuestra mente de una idea a otra? ¿Son saltos que se realizan al azar? No. Los pensamientos que se suceden se parecen entre sí en algún aspecto. En nuestro ejemplo, la idea “caminar en el parque” se parece a la idea “la última vez que fui al parque con Viviana”, en que ambas ocurren en el parque. Y el pensamiento “la última vez que vi a Viviana” tiene en común con “un texto con el estilo de Viviana” a la persona en cuestión, Viviana.

Las ideas se conectan por algo en común que tienen entre sí. Puede ser su ubicación, su relación con un tercer elemento o persona, una cualidad compartida, en fin.

Por otra parte, una misma idea no nos llevará siempre a pensar en lo mismo. Una vez se conectará con una idea y, a la siguiente, con otra muy diferente.

La creatividad

Ahora bien, la creatividad consiste en gran medida en asociar ideas de forma novedosa, de una manera en que nadie lo había hecho. Un invento, un idea de negocios, una idea para una historia, un nuevo plato de cocina, una publicidad nueva, una canción, no son cosas absolutamente nuevas sino formas nuevas de combinar ideas o elementos.

¿Y de dónde viene la inspiración para combinar las ideas de una forma diferente? Algunos diríamos que viene de un ámbito espiritual y/o en todo caso de lo más profundo de la mente, del inconsciente, pues allí es donde están los deseos, los miedos, las inquietudes, el pasado, tanto de cada persona, como de la sociedad y en general de nuestra condición humana.

¿Y cómo podemos acceder a esta cualidad de la mente para crear algo o, en el caso específico de la escritura, para escribir una historia?

En muchos casos accedemos simplemente proponiéndonoslo. Pensando en eso. Así, nuestra mente generará ideas que aparecerán en algún momento del día, quizás en un momento impensado o de relajación. En el caso de la escritura, estoy seguro de que todos hemos tenido ideas para historias, ideas sobre una situación curiosa, llamativa o problemática que podría dar lugar a una historia. Por eso es es importante estar listo para reconocerlas y anotarlas.

Pero después, muchas veces no se nos ocurre nada más para que esa idea llegue a ser una historia o llegamos a un punto del relato en el que nos atascamos. Por ejemplo, tenemos la historia de alguien atrapado en una mina pero no se nos ocurre cómo hacer para que salga en poco tiempo de allí de una manera creíble. O se nos ocurrió la idea de una historia sobre unos tipos que secuestran un bus, pero no se nos ocurre qué más sucede a partir de ahí.

Foto de Frank Leon Family MWR U.S. Army (Flickr)

Foto de Frank Leon Family MWR U.S. Army (Flickr)

Una técnica basada en la meditación

Para salir de ese atasco podemos emplear una técnica basada en la meditación que figura en el libro de Dorothea Blande, Becoming a Writer.

La meditación busca aquietar la mente del flujo incesante de pensamientos que mencionamos anteriormente para acceder a una paz o a un estado espiritual mejor.

Eso no es fácil de lograr. Si nos concentramos en una idea específica durante un lapso de tiempo prolongado y somos conscientes de lo que pensamos, veremos que más temprano que tarde nuestra mente comienza a saltar a otras ideas diferentes.

Después de practicar un poco con esta forma de concentración, podemos aplicar esta técnica al problema específico de avanzar en la creación de una historia (seguramente funcionará para otro tipo de creaciones).

Para ello, en un estado de relajación mental, nos concentramos en el punto específico de la historia que nos está dando problemas.

El personaje en el socavón o los tipos que secuestran el bus o cualquier otra idea. .

De este modo, nuestra mente, por la característica que mencionamos más arriba, comenzará a generar ideas por asociación. Apenas se aleje demasiado, volveremos a concentrarnos en la idea original. Pero debemos fijarnos en cuáles son las ideas que se crean cada vez que nos alejemos de la idea primera.

Eso es todo. Seguiremos ese mismo proceso hasta que lleguemos a una idea que nos satisfaga para solucionar nuestro problema o continuar nuestra historia.

Es posible que al comienzo nos cueste trabajo. Y también es posible que a medida que seamos más creativos, que estemos más conectados con nuestra capacidad de generar ideas, las encontremos con más facilidad y no necesitemos usar tanto esta técnica. Pero siempre será una valiosa herramienta a la cual recurrir.

Veámoslo en palabras de Dorothea Brande, en una variación de este método:

“trata de mantener la idea de una historia, o un personaje, en tu mente y deja que la calma se centre en ella. Comenzarás a ver resultados increíbles. Ideas que veía como académicas y poco convincentes tomarán forma y color; un personaje que parecía ser una marioneta se moverá y respirará. Consciente o inconscientemente todo escritor exitoso utiliza esta facultad para darle vida a sus creaciones” (Dorothea Brande, 1981 [1934] Becoming a Writer, NY, Penguin Putnam, p. 166).