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Ideas para cuentos – Asociaciones de ideas y creatividad

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Foto de Sarah Lee (Freeimages.com)

En la primera clase del curso que mencioné en la entrada del blog anterior leímos un par de cuentos cortos. Estos dos relatos fueron un minicuento, “El dinosaurio”, de Arturo Monterroso (“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Ese es el minicuento, siete palabras) y un cuento de Gabriel García Márquez, “Un día de estos”.

En un cuento tan corto como el del dinosaurio, los lectores pueden tener diversas interpretaciones sobre él mismo, y eso en efecto fue lo que se reflejó en los comentarios de la clase. ¿Qué pensarías tú del cuento? Al leerlo, yo pensé en una alusión a una historia de ciencia ficción, pues me gustan ese tipo de textos y he escrito y publicado cuentos de ese género. Pero otras personas dieron otras muy diferentes.

Al leer “Un día de estos”, se nos preguntó qué nos llamaba la atención. También hubo muchas respuestas diferentes. A mí me llamó la atención el contraste entre el ritmo lento del comienzo y la tensión posterior. Pero hubo comentarios sobre la situación política, las relaciones de poder, la construcción del relato, la relación con otros cuentos de la colección, etcétera.

Un análisis teórico de un cuento busca identificar una gran cantidad de elementos de un relato. De hecho, lo que se puede decir de un cuento, por la misma multiplicad de visiones posibles sobre el mismo, puede ser infinito. Por ello lo importante para este blog no es cuál es el análisis de tal o cual texto, sino para qué nos sirve en relación con la práctica de la escritura.

Esta misma diversidad de análisis, opiniones o perspectivas sobre un cuento nos permite apreciar la infinidad de las asociaciones posibles del pensamiento que suscita una historia en los lectores. A cada persona le llama la atención algo distinto y se forma distintas ideas sobre una historia.

Por otra parte. el proceso de análisis tiende a ser más racional, en la medida en que busca identificar toda una serie de elementos de forma “objetiva”. Sin embargo, los análisis también están influenciados en mayor o menor medida por el gusto, las preferencias de los temas, las creencias, etcétera. En el proceso de escritura creo que ocurre un  poco al contrario. Se basa más en lo que nos gusta, a pesar de que también tenga elementos analíticos. Se dice “escribe sobre lo que conoces”, pero ante todo creo que debe ser “escribe sobre lo que te gusta”. Si te gusta, quizás lo conoces, y si no lo conoces lo investigas con gusto porque quieres conocer.

Cuando buscamos ideas para cuentos o novelas, hay situaciones, ideas, elementos, que nos llaman la atención y sobre los cuales nosotros podemos crear asociaciones propias de ideas para a partir de allí escribir una historia. Y sobre un mismo elemento inicial cada persona podrá tener ideas muy distintas.

Por ejemplo, los concursos de cuentos donde se da una frase, un párrafo o una imagen para que a partir de allí cada concursante elabore un relato, reciben tantos cuentos diferentes como participantes.

Esto sirve para que nos demos cuenta que es fácil encontrar ideas, algo que puede parecernos difícil si no tenemos práctica. (ver también: cómo encontrar buenas ideas y encontrar ideas y desarrollarlas).

Una forma de buscar ideas es estar atentos y buscar un tema que nos llame la atención, una noticia, una situación, un libro, un pasaje y luego darle rienda suelta a nuestra creatividad para a partir de allí crear una historia. Cualquier situación, imagen, lectura que nos llame la atención pueden llevarnos a crear una historia derivada a partir de ella gracias a nuestras propias asociaciones de ideas.

Por ejemplo, una vez vi una persona en la calle, con un vestido que me pareció raro. Eso bastó para a partir de ahí crear una historia, que sería muy distinta para cada persona a la que se le dijera escribe un cuento sobre esa persona.

En otra ocasión leía un cuento de ciencia ficción sobre teletransportación. Pero no me gustó la forma en que el autor manejaba esta idea. Pensé entonces en escribir una historia que me gustara sobre ese mismo tema. De allí surgió el cuento “Teletransportación” publicado en el libro “El vidente y otros cuentos”. Si dijera ya mismo escribe un cuento sobre teletransportación o creemos un concurso de cuento con el tema teletransportación, saldrían miles de historias diferentes. Pero como a lo mejor ese tema no sea de tus favoritos, puedes buscar otros que te llamen la atención y de allí de será mucho más fácil y placentero encontrar una historia que contar.

Hace unos días estaba haciendo deporte y decidí aprovechar ese momento para buscar una idea para el cuento que va a completar mi siguiente libro de cuentos. Como me gustan los deportes y estaba haciendo deporte, me dije “voy a buscar una idea sobre ese tema”. Pensé primero en alguien trotando, que ocurriera algo con otra persona, algo así, pero no encontré nada por ahí. Luego pensé en el boxeo y tras pensar un par de minutos pensando en el tema se me ocurrió una historia que aún no he escrito, pero que pronto lo haré.

Generalmente partimos de una situación básica y de allí hay que pensar en algo que le añada algún tipo de conflicto, tensión, incertidumbre, emoción, etcétera, pues parafraseando una cita cuyo autor no recuerdo: “No hay historia en las situaciones felices”. Por algo existe la famosa frase con la que se cierran o cerraban algunos cuentos infantiles “fueron felices y comieron perdices”. Ahí acaba el cuento porque ya no hay más historia. Si todo está muy bien y nada raro ocurre no hay una historia interesante. (ver: las historias que contamos).

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Foto de clashed (Stockxchng)

Por ejemplo, pensemos una situación muy sencilla. Una pareja está comiendo en su casa. Supongamos que no pasa nada, terminen de comer y se van a acostar. No habría historia. Ahora imaginemos cosas que podría ocurrir que generarían una historia interesante:

1) –No te había contado. José llega mañana –dice ella.

2) Él se pone a llorar de repente y dice: –No me los vas a perdonar, no…

3) –Tengo que contarte algo muy importante –dice ella–, algo que pasó hace diez años.

4) Él saca una pistola.

5) ­–No vas a creer lo que me pasó hoy –dice ella.

6) -Esto se terminó, Margarita, mañana me voy –dice él.

Etcétera. Podríamos seguir buscando situaciones a partir de las cuales saldrían historias. No solo eso. De cada una de estas situaciones imaginarias, se desprenden sucesivamente una infinidad de ramificaciones. Por ejemplo, tomemos el punto 1). De allí podemos derivar muchas historias: ¿Quién es José y por qué llega?: a) un hijo de la pareja que busca ayuda por tal o cual razón; b) el exmarido de la mujer; c) un amigo al que le deben mucho dinero; d) un primo condenado por narcotráfico que vuelve deportado de Europa; e) el hermano de alguien que ellos atropellaron en un accidente hace muchos años y de quien se hicieron amigos después; etcétera. Lo mismo con cualquier otro punto. Ensayemos con el de la pistola: a) –mi vida termina aquí –dice él; b) –lo siento pero tengo que matarte–dice él; c) –Por fin la compré –dice él–, ya no tenemos excusa para no hacerlo; d) –Jamás pensé que lo haría, fueron dos tiros. Atrás está el cadáver –dice él; e) –Voy a venderla, no quiero verla más en esta casa –dice él. Etcétera.

Estos ejemplos y lo mencionado antes debe servirnos para darnos cuenta de que es fácil encontrar ideas para relatos. Es cuestión de insistir y practicar y las encontraremos cada vez con mayor facilidad.

 

 

 

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Mejorando el comienzo de un cuento

Foto de Ted McGrath Flickr.com

Plaza Santo Domingo, Cartagena, Colombia – Foto de Ted McGrath Flickr.com

Para mi segunda colección de cuentos (El vidente y otros cuentos), retomé uno de los primeros relatos que escribí hace unos años y estoy en proceso de reescribirlo y mejorarlo.

Quisiera compartir acá los cambios que ha sufrido hasta ahora el primer apartado de este cuento, para ver algunos de las herramientas que podemos utilizar para mejorar un escrito. Varias de ellas se han discutido en otras entradas de este blog.

Esto no quiere decir que la versión actual de este cuento sea la mejor posible o que no se pueda mejorar. Siempre es posible mejorar. Por eso mismo creo que la versión actual es mejor que la primera versión y que algunas de las cosas que me han servido para mejorar este escrito pueden serle de utilidad a otras personas que también quieran avanzar en el proceso de escritura.

1. Primera versión:

Noche

La Plaza Santo Domingo, en Cartagena, estaba iluminada por la luz amarilla que caía de las farolas y de las bombillas de las construcciones coloniales de su alrededor. Además, para darle un toque intimidad a la fiesta que se celebraba allí esa noche, se habían instalado algunos grandes candelabros en varios puntos de la plaza. En una esquina, un conjunto de arpa, guitarras y violines tocaba una música alegre. Los invitados, que incluían al presidente y a la alta sociedad de Cartagena y Bogotá, charlaban animádamente mientras tomaban whisky o cócteles. La plaza estaba completamente llena y el ambiente era de distensión y fiesta. Pero en medio de ese ambiente festivo había alguien allí que tenía previsto dispararle a quemarropa al presidente.

2. Versión actual:

Noche

Una corriente de nervios recorre la espalda de “la Sombra” mientras camina por la plaza Santo Domingo, alerta a cualquier mirada sospechosa o movimiento extraño. Teme que alguien descubra su propósito.

Sin embargo, a su alrededor todo es calma y festejo. Los invitados beben sus cocteles y charlan entre risas, bajo las luces amarillas de las lámparas y al ritmo de la brisa fresca de la noche y la música clásica que toca un cuarteto frente a la iglesia. Por su parte, el personal de seguridad parece haberse contagiado de la tranquilidad reinante, quizás confiado porque la plaza, pequeña, casi del todo cerrada por las fachadas de las construcciones coloniales y con vías de acceso estrechas, parece ideal para evitar cualquier atentado.

Los músculos de “la Sombra” se relajan y se permite una leve sonrisa. Dos disparos, piensa, solamente dos disparos y todo habrá terminado.

***

Foto de Juan Camilo Trujillo - Flickr.com

Foto de Juan Camilo Trujillo – Flickr.com

Punto de vista

La primera versión comienza con una descripción de la plaza que no transmite emoción ni plantea una situación inquietante. En parte esto se debe a que la historia está narrada desde el punto de vista de un narrador omnisciente y a que este enfoca su relato en la plaza. En la primera versión, el personaje de esta escena solamente aparece en la última frase: “Pero en medio de ese ambiente festivo había alguien allí que tenía previsto dispararle a quemarropa al presidente.” En la versión actual, la historia se narra desde el punto de vista de un personaje que figura desde la primera frase y con una emoción asociada: “Una corriente de nervios recorre la espalda de “la Sombra” mientras camina por la plaza Santo Domingo…”. Vemos lo que él/ella ve, sentimos lo que él/ella siente. El lector comparte la experiencia del personaje, la vive de cerca. Este aspecto lo tratamos en el punto de vista de la narración.

Descripción del lugar

En la primera versión, la plaza Santo Domingo se describe de forma neutra, sin una emoción o expectativa relacionada. En la última versión también se describe la plaza, pero se hace en el contexto de la emoción del personaje, del temor, pues este observa a su alrededor para saber si alguien va a descubrir sus intenciones. No se describe el lugar porque sí, sino debido a que hace parte de la preocupación de “la Sombra” en ese momento.

 Intriga

La última versión tiene más suspenso e intriga que la primera. La primera comienza, como dijimos, con una descripción: “La Plaza Santo Domingo, en Cartagena, estaba iluminada por la luz amarilla que caía de las farolas y de las bombillas de las construcciones coloniales de su alrededor.” En la última versión, desde la primera frase se genera suspenso e intriga: “Una corriente de nervios recorre la espalda de “la Sombra” mientras camina por la plaza Santo Domingo, alerta a cualquier mirada sospechosa o movimiento extraño.” ¿Qué quiere hacer esta persona? ¿Por qué se llama “la Sombra”? ¿Es el alias de un delincuente? ¿Por qué teme que lo/la descubran? Para escribir este comienzo me basé en cierta forma en lo que planteamos en la entrada del blog cuentos y novelas con buenos comienzos.

En las dos versiones, la última frase genera suspenso. Sin embargo, me parece que en la versión más reciente se genera más intriga. (Ver suspenso, misterio e intriga). En la primera versión, se menciona explícitamente el propósito del delincuente: “Pero en medio de ese ambiente festivo había alguien allí que tenía previsto dispararle a quemarropa al presidente.” En la segunda, se dice que el personaje le va a disparar a alguien, pero aún no sabemos a quién. “Los músculos de ‘la Sombra’ se relajan y se permite una leve sonrisa. Dos disparos, piensa, solamente dos disparos y todo habrá terminado”.Creo que en ese momento aún no es necesario revelar más información. De este modo el lector se pregunta: ¿a quién le quiere disparar? ¿Cuál es su plan exactamente? Se sabe que su objetivo es alguien importante, porque se habla de un esquema de seguridad, de un atentado, pero no se especifica de quién se trata.

Menos verbos y palabras abstractas, más imaginación y sensaciones

Algunas palabras no evocan imágenes o sensaciones. Son fáciles de usar pero podrían remplazarse por estructuras o palabras más activas o sugerentes.

Por ejemplo, los verbos “ser” y “haber”, que aparecen como “estaba” y “había” en la primera versión, son muy útiles y por eso mismo tendemos a abusar de ellos.

En la primera versión: “La Plaza Santo Domingo, en Cartagena, estaba…”, que equivale a “La plaza estaba…”, no es muy atractivo ni dinámico.

En la segunda versión estas palabras se utilizan menos, en parte porque se hace más énfasis en la acción de un personaje y en parte porque busqué otra forma de decir las cosas.

Veamos un ejemplo del final, a partir una frase sacada de una de las versiones intermedias entre la primera y la última: “La Sombra” sonríe. Una situación ideal para su cometido. Solamente necesitará unos segundos para hacer un par de disparos y todo habrá terminado.

Las palabras “situación” e “ideal” no dicen mucho por sí mismas, así como “solamente”, “necesitará” y “hacer”. De nuevo, no es malo utilizarlas, pero tampoco es bueno excederse en su uso. En la nueva versión también utilizo este tipo de palabras, pero son menos: Los músculos de “La Sombra” se relajan y se permite una leve sonrisa. Dos disparos, piensa, solamente dos disparos y todo habrá terminado.

Por otra parte, si bien algunas frases quedarían mejor escritas de otro modo, hay que tener en cuenta que en la literatura de entretenimiento se le da prioridad a las emociones y a la acción, sobre el estilo. En este cuento, en vez de ahondar en una emoción, quise que sucedieran cosas rápido. Por ejemplo, podría describir más el temor de “La Sombra”, mostrar cómo lo vivía o lo afectaba, pero decidí pasar pronto a otras cosas. El relato transcurre en un solo día, pero en tres tiempos distintos y en un orden no lineal, y no quería que hubiera mucho espacio narrativo entre los distintos fragmentos.

 

Estructura motivación-mundo exterior-reacción

Hasta el momento de escribir esta entrada del blog no me había dado cuenta de que la última versión de la escena se guía por la estructura que discutimos en la entrada la interacción de los personajes con el entorno.

Se parte de la motivación interna del personaje (angustia y propósito), se contrasta con el mundo exterior (ambiente festivo), frente al cual el personaje reacciona (se permite una leve sonrisa y anticipa el momento en que cumplirá su propósito).

Lo bueno de la estructura discutida en esa entrada del blog es que a la vez que nos lleva a centrarnos en las emociones del personaje para transmitírselas al lector, lo hace dinámicamente en su relación con el mundo exterior, que por lo tanto también se impregna de dichas emociones.

 ***

El ejemplo discutido en esta entrada de blog nos muestra algunas herramientas para mejorar como escritores y nos da un ejemplo práctico de cómo cambia una historia cuando se le aplican. Algunas las hemos discutido anteriormente en este blog. Independientemente de nuestro nivel como escritores, todos podemos seguir aprendiendo y mejorando. Esto se logra, además de escribiendo, leyendo y corrigiendo, una y otra vez, y conociendo las distintas técnicas de escritura.

 ***

 A continuación el comienzo del cuento como va hasta este momento, antes de publicarlo:

 

Un día en Cartagena

Noche

Una corriente de nervios recorre la espalda de “la Sombra” mientras camina por la plaza Santo Domingo, alerta a cualquier mirada sospechosa o movimiento extraño. Teme que alguien descubra su propósito.

Sin embargo, a su alrededor todo es calma y festejo. Los invitados beben sus cocteles y charlan entre risas, bajo las luces amarillas de las lámparas y al ritmo de la brisa fresca de la noche y la música clásica que toca un cuarteto frente a la iglesia. El personal de seguridad parece haberse contagiado de la tranquilidad reinante, quizás confiado porque la plaza, pequeña, casi del todo cerrada por las fachadas de las construcciones coloniales y con vías de acceso estrechas, parece ideal para evitar cualquier atentado.

Los músculos de “la Sombra” se relajan y se permite una leve sonrisa. Dos disparos, piensa, solamente dos disparos y todo habrá terminado.

Foto de Manuel Castro - Flickr.com

Foto de Manuel Castro – Flickr.com

Tarde

Carlos se ajustó el auricular y se concentró en las palabras del hombre y la mujer que charlaban en otra mesa de la terraza del café, a pocos metros de la suya. Pedro, sentado frente a él, fingía leer una revista, pero también escuchaba la conversación.

–¿Por qué el afán de concretar hoy la transacción? –dijo la mujer y sonrió–. Así de afán no te puedo pagar todo lo que quieres, tendría que ser menos…

Al parecer, ella representaba a un distribuidor de narcóticos que se movía en la alta sociedad. A decir verdad, la habían escogido bien para el trabajo. Tanto a policías como a hampones les resultaría difícil sospechar de una mujer tan bonita. Cualidad que, como si fuera poco, ahora le servía para buscar una rebaja.

Lástima que una mujer así de linda anduviera en malos pasos, pensó Carlos y se reacomodó en el asiento, desconcertado al sentirse atraído por ella.

–Lo que te ofrezco es calidá’ y pureza –dijo “Nuche”, reacio a bajar el precio–. Esto no lo consigues en cualquier lado. Ya tú verás si quieres comprar o no, esas son las condiciones. ¿Tienes con qué pagar? Pa’vé.

La mujer abrió una cartera roja que cargaba terciada sobre su ligero vestido habano y escarbó en ella. Tomó un objeto pequeño con los dedos pulgar e índice y lo puso con cuidado al lado del vaso de cerveza de “Nuche”. El tipo se inclinó sobre la mesa y dio vueltas al objeto con los dedos, tratando de exhibirlo lo menos posible.

Pero Carlos alcanzó a ver el color: verde esmeralda.

Mañana

Carlos contestó el teléfono en el cuarto del hotel donde se alojaba. Dejó la taza de café oscuro sobre la mesa y miró por la ventana hacia el mar que clareaba con las primeras luces del día.

–Esta tarde no vas a ir al aeropuerto –dijo el coronel Martínez, su jefe, después de un breve saludo–. Quiero que Pedro y tú vigilen el encuentro de una pareja en un café de Bocagrande.

–¿Una pareja? –dijo Carlos extrañado por la orden–. ¿Quiénes son?

–Él es Wellington Rentería, alias “Nuche”, un tipo que se mueve en el bajo mundo del hampa, más un intermediario que un delincuente con una actividad concreta. Sobre la mujer no sabemos nada. Lo raro es que la cita se pactó de afán e involucra una suma importante de dinero. Hay que averiguar exactamente de qué se trata, van a contar con micrófonos para escuchar la conversación.

–¿Pero, mi coronel, nosotros qué tenemos que ver con eso? –dijo Carlos desconcertado–, ¿no deberíamos estar en el aeropuerto colaborando con la seguridad del presidente?

–Justamente de eso se trata. Recibimos información sobre un posible atentado.

Noche

“La Sombra” contempla la plaza desde el costado sur. Tiene una visión clara del presidente, que charla desprevenido con un grupo de invitados.

Una tensión nerviosa electrifica sus manos, que quieren sentir ya la inminencia del frío metal de la pistola automática.

Tranquilízate, piensa, falta poco.

En unos minutos lanzarán los fuegos artificiales. Entonces, todo dependerá de sus movimientos: un par de pasos hacia la oscuridad, levantar el arma y disparar con precisión.

***

Carlos recorre la plaza examinando a cada uno de los invitados en busca de cualquier gesto que no encaje, una mirada torcida, una actitud reservada.

Pero solo encuentra risas, miradas coquetas y manos que alzan vasos y copas. Nada que indique un riesgo para el presidente. Además, el esquema de seguridad ha sido diseñado con precisión.

Respira más despacio. Seguramente la información sobre el atentado fue errada.

Pero su deber es seguir alerta, atento a cualquier señal de peligro.

Se detiene frente a la puerta de la iglesia. Un flash de recuerdos viene a su mente. Revive lo sucedido por la tarde en el café.

Sacude la cabeza de un lado a otro. ¿Cómo manejaron tan mal ese incidente? Se mira las manos y los antebrazos. Los tiene rojos y aún le arden por el rasponazo.

En fin… de cualquier manera no se trataría más que de un negocio de la delincuencia sin relevancia para su labor.

Tarde

–Vamos, vamos. Hubo una transacción –dijo Pedro electrizado y se puso de pie empujando el asiento hacia atrás.

Carlos, sorprendido, hizo lo mismo. “Nuche” se percató del movimiento de ambos y se levantó como un resorte. La mujer lo imitó.

–¡Quietos, policía! –gritó Pedro y se llevó la mano al cinto.

Carlos también desenfundó su arma.

El café estalló en gritos de pánico. Algunas personas se tiraron al suelo y otras arrancaron a correr hacia la salida. “Nuche” y la mujer ignoraron la advertencia. Se giraron y saltaron la baranda de vidrios que separaba la terraza del andén.

La mujer corrió hacia la derecha y “Nuche” hacia la izquierda.

–¡Sigue a la mujer! –gritó Pedro y se abalanzó hacia la salida.

La adrenalina invadió la sangre de Carlos, que se propulsó hacia adelante. Esquivó una mujer que gritaba y alzaba los brazos, pero al hacerlo chocó con un mesero que retrocedía protegiendo una bandeja con su cuerpo. El hombre se tambaleó y los platos con pescado y patacón volaron por los aires.

La mujer se le escapaba.

Al ver tanto gentío en la salida, Carlos cambió su rumbo, corrió hasta el borde del restaurante contiguo y saltó la baranda divisoria.

La mujer corría a toda velocidad por el andén. Si cruzaba la calle hacia la playa, Carlos buscaría la salida principal del local.

Pero la mujer dobló a la derecha, rodeando el restaurante.

Carlos apuró su carrera y calculó su trayectoria para interceptarla. Voló sobre los últimos metros que lo separaban del extremo del local, apoyó su pie en un asiento y saltó con los brazos extendidos sobre la baranda, para atrapar a la mujer en la caída. La tenía…

La mujer se agazapó como gato amenazado.

Carlos pasó de largo y cayó sobre el asfalto raspándose las manos y los antebrazos. Mil punzadas de dolor se los estrujaron.

Ignoró la sensación y se apoyó en los puños para levantarse.

A diez metros la mujer se subió a una moto con un conductor que la esperaba.

Las llantas del vehículo chirriaron quemando el pavimento.

Carlos se puso en pie y giró su cabeza alrededor en busca de otra moto, un taxi, cualquier vehículo para seguirlos…

No encontró nada.

En pocos segundos la moto se perdió en la distancia.

–¡Maldita sea! –gritó Carlos frustrado, con las manos ardiéndole de dolor.

Sacó su teléfono del bolsillo de su pantalón y llamó a Pedro.

“Nuche” también se le había escapado.

Mañana

–Mi coronel, si este encuentro está relacionado con un atentado, ¿no necesitaríamos más gente para vigilar a la pareja? –dijo Carlos arrugando las cejas, con el teléfono pegado a la oreja–. Dos personas no son suficientes.

–No estamos seguros de que esté relacionado, es solo una pista –dijo el coronel Martínez–. ¿Sabes cuántas pistas tenemos?

Carlos conocía la respuesta: decenas, cientos. Informantes, ciudadanos, delincuentes, todos quieren colaborar… sobre todo cuando es posible que reciban una recompensa monetaria.

–Todos tenemos labores asignadas y falta personal –siguió el coronel–, es decir, lo de siempre… solamente que al parecer hoy la amenaza es real. En algún sitio de esta ciudad hay hampones planeando el atentado y necesitamos encontrarlos.

–Una transacción entre dos delincuentes del bajo mundo en un café…  –dijo Carlos pensativo–. Debe ser algo relacionado con narcóticos. ¿No es una pista muy débil? Con todo el respeto, mi coronel, ¿este es el castigo que nos debía?

Noche

Carlos detiene su caminar en el costado norte de la plaza. Una mujer llama su atención… Está sola, de pie en un rincón, con una copa de vino en la mano. No la alcanza a ver bien, pero su perfil le resulta familiar.

Se acerca un poco más. Cree reconocerla.

Carlos se aproxima con sigilo, por un lado, para evitar que lo vea.

La mujer viste de blanco, como todos los invitados, y carga una cartera donde fácilmente cabría un arma. Mueve su rostro un poco más hacia la izquierda y…

Carlos confirma su sospecha.

Sus músculos se tensionan. Es la mujer que se le escapó por la tarde en el café.

Entiende entonces la conexión. Una mujer tan bonita es la persona ideal para cometer un atentado en un evento como este. Nadie sospecharía de ella.

Carlos contiene la respiración y evita mirarla. No quiere que perciba sus movimientos. Sigue acercándose despacio.

Llega a su lado, saca su arma y la presiona contra sus costillas.

–No se mueva, está arrestada. Policía –dice Carlos en voz baja, para que solamente ella lo oiga.

–¿Arrestada? –La mujer gira su rostro despacio y lo mira de pies a cabeza–. Ah, pero si es el policía escandaloso de por la tarde. Parece que ya aprendió algo. Mucho gusto, Andrea González, Inteligencia Militar.

–¿Inteligencia Militar? –balbucea Carlos desconcertado, no solo por lo que oye, sino por la tranquilidad de la mujer–. ¿Cómo…?

–Saque usted mismo mi identificación de la cartera… está con mi arma de dotación.

Carlos así lo hace y examina con cuidado el documento y el arma. La mujer dice la verdad, es agente de Inteligencia Militar.

No es la primera vez, ni será la última, que dos agencias de inteligencia del Estado choquen en misiones por naturaleza secretas.

–¿Pero… qué hacía esta tarde negociando con “Nuche”? ¿Por qué…? –Carlos no termina la frase, aún atónito.

–Queríamos entregarle una esmeralda con un rastreador electrónico. Pero usted y su amiguito dañaron la operación. ¿Por qué no esperaron al menos a que culminara la transacción antes de armar semejante alboroto?

–Claro que esperamos… –comienza Carlos seguro, pero su voz se diluye en medio de la duda.

Tarde

Nuche volaba sobre el andén.

Pedro lo seguía a todo lo que le daban las piernas, recortándole terreno. Miró hacia atrás buscando a Carlos, pero no lo vio. Perseguiría a la mujer, tal como le había indicado.

Cuando doblaron la siguiente esquina, Pedro gritó:

–¡Nuche, Nuche! ¡Espera!

Nuche giró su cabeza, reconoció a Pedro y bajó la velocidad hasta caminar.

Pedro lo alcanzó e igualó su paso. Dio un nuevo vistazo hacia atrás. Nada sospechoso.

–Ajá, “Sombrita”, qué susto me diste –dijo Nuche llevándose una mano al pecho–. ¿Qué carajos querías hacer? ¿Arrestarme?

–No seas bruto –Pedro escupió las palabras–. ¿Qué carajos querías hacer tú? Esa mujer es de Inteligencia Militar.

–¿De verdáaa? No jodaaaaaa. No parecía… El patrón fue el que me dio el contacto. Como está urgido por conseguir las piedras pa’pagarte. Lo que pasa e’que no ha sido fácil.

–Que no sea fácil no quiere decir que se tiren todo por el afán –dijo Pedro molesto–. Si no consiguen las piedras, entonces que sea en efectivo, con un recargo del 30 por ciento. Si no, no hay trato.

Mañana                                          

–¿El castigo que les debía? –respondió el coronel Martínez, desconcertado–. No, claro que no. Ahora no es momento de castigos, eso lo resolveremos cuando el presidente se vaya. Yo les iba a asignar parte de la vigilancia del aeropuerto, pero anoche Pedro me sugirió el cambio. Él ha trabajado con gente que se mueve en esos círculos y a lo mejor le queda más fácil reconocer al contacto del tal “Nuche”.

–Bueno, una pista es una pista –dijo Carlos resignado–. Y a lo mejor algo resulta de todo eso… aunque no creo.

–De todas formas, esta noche ustedes dos van a integrar el anillo interior de seguridad en la plaza. Así que atento, Carlos, no quiero errores.

Noche

–Es Pedro –dijo Carlos con la mirada perdida en el aire.

–¿Cómo? –Andrea arrugó las cejas.

–Pedro, mi compañero –dijo Carlos con firmeza y la miró–. Él es el que le va a atentar contra el presidente. Pidió la vigilancia del café y armó el escándalo justamente para que la transacción no se realizara.

–¿Qué? ¿Por…?

Carlos dejó de escuchar a la mujer y giró su cabeza para buscar a Pedro. Su compañero se turnaba con otro agente la vigilancia de la puerta de una de las casas del costado sur de la plaza.

Avanzó en esa dirección con pasos largos. Si corría lo alertaría.

A su espalda, un silbido cortó el ruido de las voces de los invitados. Se volteó rápido. Una estela dorada atravesaba la noche. Estalló en el aire y desparramó chispas azules.

Fuegos artificiales. La distracción que Pedro necesitaba.

Aceleró su paso.

Un nuevo silbido sonó detrás de él.

A unos quince metros de la puerta de la casa que Pedro vigilaba, Carlos buscó su figura donde debería estar. No lo vio.

Varias detonaciones estremecieron el cielo y un destello verde y rosado iluminó la plaza y el interior de la casa.

Pedro levantaba una pistola hacia donde Carlos había visto al presidente por última vez.

Sin perder un segundo, Carlos desenfundó su arma con rapidez, apuntó y disparó una… dos… tres veces.

Las detonaciones se mezclaron con las de los fuegos artificiales y se ahogaron en medio de los gritos de asombro y júbilo de la multitud que miraba al cielo.

Pedro se llevó las manos al pecho y un par de segundos después se desplomó hacia adelante.

Su cuerpo quedó tendido en el suelo, iluminado por las luces multicolores de la pólvora que tronaba sin cesar.

Al día siguiente

Al pie de la Torre del Reloj, Carlos se encontró con Andrea en medio de turistas, vendedores y un grupo de niños que corría tras un balón.

Carlos la había vuelto a ver durante la de investigación posterior al atentado y decidió invitarla a salir, aprovechando los dos días libres que se había ganado por su labor (habría sido uno más de no ser por el castigo pendiente que el coronel le había cobrado).

–No debería salir con usted –dijo Andrea apenas se saludaron.

–¿Ah, no? ¿Y eso por qué? –dijo Carlos desconcertado.

–Una amiga me dijo que estaba loca por salir con alguien así –Andrea le sonrió.

–¿Cómo así?

–Sí. Le conté que iba a salir con alguien y me preguntó: “¿Cómo lo conociste?”. Le dije la verdad: “Me vio en una terraza, me persiguió y casi me tumba. Lo dejé tirado en la calle. Cuando lo volví a ver me apuntó con una pistola para arrestarme. Al día siguiente me invitó a salir”.

Carlos rio con ganas.

–Bueno, entonces debo reivindicarme. ¿Qué tal un café para comenzar?

–Me parece –dijo Andrea.

Se giraron y a paso lento se adentraron en los vericuetos de la ciudad amurallada.

*** FIN ***

© 2014 Santiago Restrepo. Todos los derechos reservados. Publicado originalmente en “El vidente y otros cuentos de suspenso, intriga y humor”.

Dos saltos de fe: encontrar ideas y desarrollarlas

Foto de Scott Robinson (Flickr)

Foto de Scott Robinson (Flickr)

Encontrar ideas para cuentos y novelas

Encontrar ideas para cuentos y novelas es un “salto de fe”, porque es un acto creativo en el que donde antes no existía nada generamos una idea, una semilla para lo que será toda una historia, un universo.

Quienes hemos buscado ideas para cuentos o novelas, las hayamos encontrado o no, sabemos que no es algo evidente y que al comienzo puede ser muy difícil. Pero no debería serlo. Al fin y al cabo, una idea para una historia no es más que un conjunto de ideas más simples asociadas de forma novedosa y todos tenemos un gran número de ideas y pensamientos a lo largo del día.

¿Entonces por qué la dificultad?

Porque por lo general las ideas y pensamientos que discurren por nuestra mente se relacionan con asuntos de la vida práctica, del trabajo, del estudio, de nuestras relaciones, pero no con ideas nuevas para historias. No son ideas creativas, sino ideas funcionales: tengo que hacer esto, me acordé de aquello, qué será la vida de Zutano, etc.

¿Y de dónde salen las ideas creativas? De la parte de nuestra mente que relaciona las ideas entre sí de forma más espontánea, diferente, rara, creativa, en una palabra, del inconsciente, de la parte más profunda de la mente, la que menos se restringe por la racionalidad, la mente que sueña e imagina.

En una entrada anterior del blog ya me había referido en parte a este tema: “¿de dónde viene la inspiración para combinar las ideas de una forma diferente? Algunos diríamos que viene de un ámbito espiritual y/o en todo caso de lo más profundo de la mente, del inconsciente, pues allí es donde están los deseos, los miedos, las inquietudes, el pasado, tanto de cada persona, como de la sociedad y en general de nuestra condición humana.”

¿Qué quiere decir esto con más detalle?

En la literatura de entretenimiento, una idea básica para una historia es colocar a un personaje ante obstáculos o problemas que debe enfrentar para conseguir lo que quiere. Todos en cierta forma tenemos deseos similares por el hecho de ser humanos. Queremos cosas, salud, seguridad, pareja, familia, bienestar propio, de la comunidad, del país, del mundo, creencias seguras, etcétera. En nuestro inconsciente están esos deseos así como los miedos y posibles obstáculos que los amenazan. Y también están los deseos y miedos particulares a cada  sociedad. Por ejemplo, en el caso de Colombia, el deseo de lograr la paz o de evitar problemas relacionados con los grupos armados ilegales (aunque los deseos y miedos particulares a cada individuo o sociedad son una expresión de los mismos deseos o miedos más profundos comunes a todos, que en otras sociedades se manifiestan de otro modo). Entonces, al entrar en contacto con esos deseos y miedos del ser humano y las sociedades humanas en general, encontramos muchas situaciones conflictivas que sirven para contar historias, muchos deseos de personajes y obstáculos que se los dificultan.

¿Cómo nos conectamos más con ese inconsciente, con esa parte creativa?

Hay varias formas de acercarnos a ese inconsciente para encontrar ideas. Como decía en la entrada de blog citada, una forma de encontrar ideas es “simplemente proponiéndonoslo, pensando en eso”, diciéndole a nuestra mente inconsciente que necesitamos ideas para historias. Por su naturaleza, nuestra mente genera y asocia ideas para facilitar nuestros objetivos y de esta forma “generará ideas que aparecerán en algún momento del día, quizás en un momento impensado o de relajación”. Por esta razón encontrar ideas también es un “salto de fe”, porque muchas veces basta con quererlo para que ocurra. No sabemos exactamente el detalle de cómo o por qué sucede, pero sí que sucede si lo queremos.

Otra forma de conectarnos más con nuestra mente inconsciente consiste en meditar un par de veces al día durante determinado tiempo. De este modo estaremos menos ansiosos y los pensamientos urgentes, de afán, funcionales, se calmarán para dejarle espacio a los pensamientos creativos.

Otra manera consiste, como dije en la primera entrada de este blog, en “escribir sin parar” todos los días. Cuando escribimos sin parar, sobre cualquier cosa, lo primero que se nos ocurra, nos conectamos forzosamente con la parte de nuestra mente que genera ideas sin cesar.

Finalmente, cuando nos conectemos con mayor facilidad con nuestro inconsciente, cualquier cosa nos servirá para generar asociaciones de ideas para historias. Por ejemplo, al entrar en contacto (leer, ver,…) con noticias, lecturas, personas en la calle, recuerdos, otras ideas, etcétera, buscaremos ideas relacionadas para una historia y nos fluirán con mayor facilidad, dado que ya estamos más conectados con nuestra capacidad creativa. Entonces, asociaremos una frase llamativa de un texto con una situación que pueda ocurrir en un relato, relacionaremos una persona curiosa que veamos en la calle con un personaje y una situación para una historia.

¿Cómo sabremos que hemos encontrado una idea para una narración? Será una idea que nos parezca llamativa, que por las lecturas que hayamos hecho en el género que nos interesa escribir pensemos o sintamos que sirven para una historia. Pero, ojo, una idea de estas no será necesariamente un destello enceguecedor. Será simplemente una idea sobre una situación curiosa o llamativa cuya historia amerita contarse. Tampoco será una idea sobre todo el cuento o novela, sino una idea sobre una situación básica que luego habrá que desarrollar con más ideas sobre el resto del relato.

Vale le pena decir que conviene anotar las ideas que se nos vayan ocurriendo, de lo contrario existe el riesgo de olvidarlas. Además, al anotar las ideas despejamos nuestra mente para que se nos ocurran más ideas.

En conclusión, las ideas están ahí, al alcance de quien las quiera encontrar. Quien las busque las encontrará.

Foto de Paul Bica (Flickr)

Foto de Paul Bica (Flickr)

De cualquier idea saldrá una buena historia

Seguramente todos hemos tenido en algún momento ideas para cuentos o novelas. A lo mejor incluso las hemos anotado y están por ahí, en algún lugar, pero no las hemos desarrollado. O a lo mejor se nos ocurrieron, no las utilizamos y luego se nos olvidaron.

¿Y por qué no las hemos desarrollado? Por una parte, puede ser que no tengamos los conocimientos prácticos para hacerlo, conocimientos que se tratan de ofrecer en este blog y en textos o cursos de su misma índole. Pero también es posible que no las hayamos desarrollado porque no hayamos creído que de esas ideas pudiera salir toda una historia. Quizás creímos que no eran ideas muy buenas, que en realidad no servían para una historia, que de ellas no alcanzaba a salir todo un relato. O de pronto al desarrollarlas se nos trancaron en algún punto y pensamos que no había solución.

Pero, y este es el segundo “salto de fe”, resulta que de cualquier idea puede salir una buena historia. Sí, suena extraño, pero así es: de cualquier idea puede salir una buena historia, sea cuento, sea novela.

Es más fácil darse cuenta de esto cuando uno ha escrito varias historias, claro. Pero si aún no las hemos escrito, que esta afirmación sirva para llevarnos a persistir en esas ideas que tenemos, porque es posible desarrollarlas, así a primera vista nos parezcan insuficientes o no tan buenas.

¿Por qué de cualquier idea puede salir una historia? Porque una vez tenemos la idea de una situación inicial, se trata básicamente de añadirle complicaciones. Y complicar algo mediante dificultades imaginarias no es difícil. Se trata de ponerle obstáculos al personaje o personajes. Y al añadir complicaciones por definición la narración se vuelve más interesante.

Ahora bien, si llegamos a un punto de la historia en el que nos trabamos, porque no podemos solucionar los problemas que hemos creado para los personajes o porque hemos creado situaciones que no encajan entre sí, no debemos desanimarnos. Desarrollar una novela, un cuento, puede presentar obstáculos. Pero si para la vida es cierto, como se dice, que “todos los problemas tienen solución” o que “todo en la vida tiene solución”, entonces está claro que esto es aún más cierto en el mundo de la escritura de ficción, donde las posibilidades de cambiar el curso de las acciones de los personajes son ilimitadas. Esta es otra razón por la que desarrollar una trama, una historia, a partir de una idea es un “salto de fe”: hay que confiar en que resolveremos los problemas que  la historia nos presente.

Una forma de superar esos problemas o de generar ideas para destrabar una historia es la técnica basada en la meditación que se describió en una entrada anterior. Y otra es ponerse un límite de tiempo (unos días o una o dos semanas para un cuento, según la disponibilidad) para escribir un primer borrador, pase lo que pase.

Finalmente, aunque de toda idea puede salir una buena historia, hay ideas mejores que otras. ¿Cuáles son las mejores? Las ideas de situaciones poco comunes y conflictivas, pero posibles. Como se dice, hay historia donde hay conflicto. Un personaje que enfrenta muchos problemas es más interesante que uno que no los tiene. Si no pasa nada es más difícil desarrollar una historia, aunque es posible, como dijimos arriba.

Un logro facilita los demás

Para encontrar ideas hay que buscarlas, hay que creer que es posible encontrarlas. Y después hay que creer que es posible desarrollarlas hasta que se conviertan en historias. Creer que algo es posible nos impulsa a trabajar en ello y a solucionar los problemas particulares que se nos presentan.

Cada vez que encontremos una idea ganaremos confianza para hallar otras ideas que desarrollen esa historia o nuevas ideas para otros relatos.

Y cada vez que escribamos un cuento con una de esas ideas sabremos que las ideas que encontramos son útiles y por lo tanto nos animaremos a buscar más y a desarrollar otras.

Lo que antes parecía difícil ya no lo será tanto.

Cómo encontrar buenas ideas

Andreas Sandberg Flickr Blog 6 foto

Foto de Andreas Sandberg (Flickr)

A todos nos ha ocurrido que en algún momento un pensamiento llama nuestra atención y nos hace preguntar:

– ¿Cómo fue que terminé pensando en esto?

Nos asombramos, porque estábamos ocupados en un asunto diferente o reflexionando sobre otro tema. Seguramente, alguna vez hemos procedido a desandar el camino de las ideas que nos llevaron a ese pensamiento. Por ejemplo:

Se me acaba de ocurrir que quiero ir a caminar al parque, porque me acordé de la vez que fui al parque con Viviana. Y recordé la ida al parque con Viviana, porque fue la última vez que la vi. Y me acordé de la última vez que la vi, porque se me vino a la mente un texto escrito con el estilo de ella. Y pensé en ese texto porque buscaba ideas para escribir un artículo.

No es más que un ejemplo de la forma como fluyen nuestros pensamientos a lo largo del día. Cuando no estamos concentrados en algo específico nuestra mente navega sin cesar de un pensamiento a otro. Incluso cuando estamos concentrados en algo, nuestro cerebro  busca la menor excusa para salirse de ese estado y comenzar con sus ensoñaciones.

Pero, ¿cómo pasa nuestra mente de una idea a otra? ¿Son saltos que se realizan al azar? No. Los pensamientos que se suceden se parecen entre sí en algún aspecto. En nuestro ejemplo, la idea “caminar en el parque” se parece a la idea “la última vez que fui al parque con Viviana”, en que ambas ocurren en el parque. Y el pensamiento “la última vez que vi a Viviana” tiene en común con “un texto con el estilo de Viviana” a la persona en cuestión, Viviana.

Las ideas se conectan por algo en común que tienen entre sí. Puede ser su ubicación, su relación con un tercer elemento o persona, una cualidad compartida, en fin.

Por otra parte, una misma idea no nos llevará siempre a pensar en lo mismo. Una vez se conectará con una idea y, a la siguiente, con otra muy diferente.

La creatividad

Ahora bien, la creatividad consiste en gran medida en asociar ideas de forma novedosa, de una manera en que nadie lo había hecho. Un invento, un idea de negocios, una idea para una historia, un nuevo plato de cocina, una publicidad nueva, una canción, no son cosas absolutamente nuevas sino formas nuevas de combinar ideas o elementos.

¿Y de dónde viene la inspiración para combinar las ideas de una forma diferente? Algunos diríamos que viene de un ámbito espiritual y/o en todo caso de lo más profundo de la mente, del inconsciente, pues allí es donde están los deseos, los miedos, las inquietudes, el pasado, tanto de cada persona, como de la sociedad y en general de nuestra condición humana.

¿Y cómo podemos acceder a esta cualidad de la mente para crear algo o, en el caso específico de la escritura, para escribir una historia?

En muchos casos accedemos simplemente proponiéndonoslo. Pensando en eso. Así, nuestra mente generará ideas que aparecerán en algún momento del día, quizás en un momento impensado o de relajación. En el caso de la escritura, estoy seguro de que todos hemos tenido ideas para historias, ideas sobre una situación curiosa, llamativa o problemática que podría dar lugar a una historia. Por eso es es importante estar listo para reconocerlas y anotarlas.

Pero después, muchas veces no se nos ocurre nada más para que esa idea llegue a ser una historia o llegamos a un punto del relato en el que nos atascamos. Por ejemplo, tenemos la historia de alguien atrapado en una mina pero no se nos ocurre cómo hacer para que salga en poco tiempo de allí de una manera creíble. O se nos ocurrió la idea de una historia sobre unos tipos que secuestran un bus, pero no se nos ocurre qué más sucede a partir de ahí.

Foto de Frank Leon Family MWR U.S. Army (Flickr)

Foto de Frank Leon Family MWR U.S. Army (Flickr)

Una técnica basada en la meditación

Para salir de ese atasco podemos emplear una técnica basada en la meditación que figura en el libro de Dorothea Blande, Becoming a Writer.

La meditación busca aquietar la mente del flujo incesante de pensamientos que mencionamos anteriormente para acceder a una paz o a un estado espiritual mejor.

Eso no es fácil de lograr. Si nos concentramos en una idea específica durante un lapso de tiempo prolongado y somos conscientes de lo que pensamos, veremos que más temprano que tarde nuestra mente comienza a saltar a otras ideas diferentes.

Después de practicar un poco con esta forma de concentración, podemos aplicar esta técnica al problema específico de avanzar en la creación de una historia (seguramente funcionará para otro tipo de creaciones).

Para ello, en un estado de relajación mental, nos concentramos en el punto específico de la historia que nos está dando problemas.

El personaje en el socavón o los tipos que secuestran el bus o cualquier otra idea. .

De este modo, nuestra mente, por la característica que mencionamos más arriba, comenzará a generar ideas por asociación. Apenas se aleje demasiado, volveremos a concentrarnos en la idea original. Pero debemos fijarnos en cuáles son las ideas que se crean cada vez que nos alejemos de la idea primera.

Eso es todo. Seguiremos ese mismo proceso hasta que lleguemos a una idea que nos satisfaga para solucionar nuestro problema o continuar nuestra historia.

Es posible que al comienzo nos cueste trabajo. Y también es posible que a medida que seamos más creativos, que estemos más conectados con nuestra capacidad de generar ideas, las encontremos con más facilidad y no necesitemos usar tanto esta técnica. Pero siempre será una valiosa herramienta a la cual recurrir.

Veámoslo en palabras de Dorothea Brande, en una variación de este método:

“trata de mantener la idea de una historia, o un personaje, en tu mente y deja que la calma se centre en ella. Comenzarás a ver resultados increíbles. Ideas que veía como académicas y poco convincentes tomarán forma y color; un personaje que parecía ser una marioneta se moverá y respirará. Consciente o inconscientemente todo escritor exitoso utiliza esta facultad para darle vida a sus creaciones” (Dorothea Brande, 1981 [1934] Becoming a Writer, NY, Penguin Putnam, p. 166).